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TRADUCCIÓN EN ESPAÑA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

     REVISTA DE TRADUCCIÓN
Número 9 - Agosto del 2004 - ISSN 1579-5314     
   
Aeróbicos de escritorio
                                          >> Olga Lucía Mutis de Serna

La Era de Acuario ha traído consigo un afán por las cosas desconocidas, gran cantidad de información esotérica y la necesidad de escoger entre toda esa información lo que mejor se acomode a nuestro estilo de vida. Continuamente nos ofrecen panaceas para nuestros problemas, con nombres que no nos resultan familiares: radiestesia, feng shui, etc. Nuestra curiosidad se despierta, pero también nuestro escepticismo. Y la verdad, detrás de todos esos nombres hay muchas técnicas que bien aplicadas y sin caer en fanatismo nos pueden ayudar muchísimo en nuestra vida cotidiana. Y por supuesto en el trabajo. Si aprendemos a controlar el estrés, funcionamos mejor y producimos más. Continuamente estamos tratando de correr contra el tiempo para terminar un trabajo y vivimos extenuados, al borde de la crisis. ¿Qué podemos hacer para resolver esto? Muchas cosas.

Un poco de filosofía oriental para descontracturarse

Empecemos por el sitio de trabajo. Dediquemos unos minutos a examinarlo. La mayoría de nosotros trabaja en casa y yo tengo la firme convicción de que es el sitio ideal para trabajar. Pero muchos no le dedicamos tiempo a mejorar nuestro sitio de trabajo y bien mirado, es el lugar donde pasamos más tiempo. ¿Está bien ventilado? ¿Tiene buena luz? Estas son las dos primeras preguntas importantes que debemos hacernos a la hora de instalar nuestra oficina. Existen sin embargo otras cosas que no vemos y son igualmente prioritarias. El computador produce una cantidad de ondas nocivas que se pueden contrarrestar. Basta tener una planta cerca, sobre todo si se trata de un cactus. El calor de la pantalla y de las fuentes de luz utilizadas deshidratan, así que bien podemos tener un vaso de agua cerca para corregir el nivel de humedad del ambiente. Y no está de más dedicarle un poco de tiempo a elegir colores agradables para las paredes, así como cuadros que nos proporcionen paz. Todo eso sumado a una silla ergonómica y una buena distribución del espacio deberían ser suficientes. Cuando hablo de buena distribución del espacio, me refiero a tener los diccionarios al alcance de la mano, así como la impresora, el fax, el teléfono. Si estamos todo el día como saltimbanquis tratando de alcanzar una de esas cosas, al final del día estaremos extenuados y lo único que habremos logrado es sumarle agotamiento físico al cansancio mental.

Ahora que tenemos el sitio de trabajo adecuado, pensemos en nosotros mismos. Somos lo que comemos. Muchos de ustedes estarán pensando en el cigarrillo y café indispensables para empezar la jornada. Perfecto. Si eso es lo que necesitan, pero también necesitamos proteínas, vitaminas, carbohidratos. Así que después de los estimulantes, consintamos un poquito el organismo brindándole los nutrientes necesarios representados por un buen desayuno. Y ahora sí a trabajar. Pero antes, mi norma es resolver todos los problemas cotidianos antes de concentrarme en el trabajo. He descubierto que rindo más y me concentro mejor si antes de empezar a trabajar miro el correo, hago las llamadas telefónicas pendientes, pago facturas y apago incendios. Después todo es coser y cantar. Les recomendaría ahora un poco de ejercicio, pero eso depende de cada cual. Por mi parte he descubierto que el ejercicio me sirve más durante el trabajo. Y para que nos entendamos. No soy de las que necesita sudar para producir endorfinas y desestresarse. Me basta con hacer ejercicios sencillos. Lo que yo llamo aeróbicos de computador. Mientras aprovecho para guardar un documento, subo y bajo los ojos, los llevo a un lado y a otro. Sacudo las manos. Subo y bajo los hombros. Respiro profundamente, reviso mi postura. Me aseguro de tener la espalda recta, para que la columna esté perfectamente vertical, mantengo las piernas descruzadas y vuelvo a respirar profundamente. Pero eso sí, por favor, no se una a las hordas de los que hacen ejercicio de fin de semana, esos son los que consiguen lesiones musculares e infartos en forma gratuita. Es mejor no hacer nada que hacer ejercicio sólo ocasionalmente.

            ¡Deja los vicios y vitamínate, hombre!

Y ahora cuénteme ¿qué tanto pan, papas fritas y gaseosas come al almuerzo? No le pienso dedicar una mirada reprobadora, pero mañana haga el ensayo de comer una ensalada, una proteína, una verdura caliente y fruta a la hora del almuerzo y después hablamos. Si tanto le gusta el pan, si no puede vivir sin las papas fritas, si da la vida por un vaso de vino o una gaseosa, déjelos para la comida. Pero eso sí, permítale a su organismo terminar la digestión de todos esos “manjares” antes de ir a dormir, pues no me hago responsable de sus pesadillas.

En fin, después de un almuerzo ligero, durante el cual pondremos especial atención para no hablar de trabajo, volvemos a nuestras traducciones. La tarde transcurrirá plácidamente. No olvide tomar mucho líquido, ojalá agua. Si puede pasar sin café por la tarde, mejor. Pruebe a cambio el té, hay tantas variedades ahora, de frutas, de flores, con cafeína, sin cafeína... pero eso sí, póngase una hora para terminar el trabajo. La clave es aprender a desconectarse. Me parece que la mayoría de nosotros no sabe decir basta. Hay que aprender a hacerlo. También es importante aprender a decir no. Los traductores no sabemos usar esa palabra y por eso casi siempre tenemos la soga al cuello y el látigo del cliente sobre nuestras espaldas. A mí también me pasaba, pero un día desperté y dije: no más. Ahora digo no con frecuencia. Pongo mis plazos de entrega, consiento al cliente, pero soy firme y realista a la hora de aceptar un trabajo. Si me va a exigir trabajar los fines de semana ni lo tengo en cuenta. No importa qué tan interesante sea el trabajo, mi familia y mi salud mental son más importantes. Total, casi siempre el cliente que nos amenazó con el chicote se toma después siglos para revisar y publicar el trabajo que tanto sudor y lágrimas nos costó. No vale la pena.

Y para terminar, si a pesar de todas mis recomendaciones sufre de insomnio o no se logra relajar cuando se acuesta, ensaye a contar ovejas. Si eso no le sirve, repítase una y otra vez: voy a mantenerme despierto, necesito mantenerme despierto. Nuestro inconsciente hace exactamente lo contrario. Así que no me extrañaría que después de leer esto usted hiciera lo mismo.


Olga Lucía Mutis de Serna es colombiana, bacterióloga, traductora biomédica, estudiante y practicante de distintos métodos de sanación.


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