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     REVISTA DE TRADUCCIÓN
Número 4 - Diciembre 2002 - ISSN 1579-5314     
   
Especial conferencia de la ATA                
      >> Sergio Viaggio, Susan Murphy y Blanca Rodríguez

La Conferencia Anual de la ATA, este año celebrada en Atlanta, Georgia, es sin duda uno de los acontecimientos del año en el mundo de la traducción, especialmente para quienes residen o trabajan en los Estados Unidos. Este año, La linterna del traductor envió a tres intrépidas corresponsales a tan esperada cita y cada una de ellas nos ha traído su propia opinión. Lean y saquen sus propias conclusiones.

Nuestras esforzadas corresponsales y el sufrido marido de una de ellas dan buena cuenta de unas margaritas en un mexicano cercano al hotel de la conferencia.

 

 

Esta año, como siempre, objetivo cumplido

Por quinto año consecutivo asistí a la Conferencia Anual de la ATA, que se celebraba en Atlanta. Para mí, lo más importante de este tipo de congresos es reunirse con los demás asistentes, colegas de todo el mundo y es desde esa perspectiva desde la que escribo este artículo. Este año asistieron traductores de todo el mundo. Me reuní con amigos y colegas de España, Argentina, Israel, Colombia, Venezuela y de todas partes de los Estados Unidos. Fue un gran placer pasar tiempo con todos ellos.

Aunque en mi opinión la selección de presentaciones y talleres y la cantidad de conferencias para la combinación inglés/español fue más pobre que en años anteriores, por suerte para mí muchas (diría que la gran mayoría) trataban mis áreas de particular de interés: lo jurídico, financiero y negocios internacionales; específicamente: traducción jurídica, telecomunicaciones, declaraciones financieras para sociedades españolas, diferencias culturales relacionadas con la ética de los contratos entre el traductor y su cliente, etc. Además, debo decir que los ponentes eran en su mayoría personas muy capaces en su área.

Asistí a varias charlas, entre ellas: Elementos conceptuales y terminológicos de los textos jurídicos en español, Enseñanza de traducción jurídica, (ambas sobre las diferencias en los sistemas jurídicos -common law y derecho romano- y los problemas derivados de ellas), La traducción de declaraciones financieras (e informes anuales) de compañías españolas, que consistió en una discusión bastante amplia sobre la traducción de informes financieros de compañías españolas, por lo que fue muy específica. Esta charla estuvo a cargo de John Rynne, Director de Versalia Traducción, en Aranjuez.

Hubo otra charla muy interesante que por el nombre, Diferencias culturales en asuntos éticos con respecto a contratos y códigos de conducta, parecía tener que ver con lo jurídico. Se hablaba del contrato entre el traductor y su cliente y de algunas cláusulas que en los EE.UU. son habituales y que en un país hispanohablante resultan atípicas y hasta ofensivas.

Una charla fuera de mis áreas de trabajo fue la de Ury Vainsencher, que me resultó muy interesante. El tema era la traducción de documentos en la industria de las telecomunicaciones, que en este momento pasa por una mala racha, pero que cuando se recupere producirá una gran demanda de traducciones al español. Se habló de fuentes, de la importancia de conocer al destinatario, de los distintos aspectos culturales y políticos que hay que tomar en cuenta y sobre qué hacer con una palabra nueva: traducir, inventar o adoptar.

Para mí, la oportunidad de reunirme con traductores conocidos y no conocidos es el principal atractivo de los congresos. Me encuentro con personas a las que conozco y con quienes a veces estoy en contacto todos los días: da gusto poder poner cara a la personalidad. Mi objetivo suele ser encontrarme con otros traductores y pasarlo bien. Así que este año fue un éxito.

En mi opinión, este año la Conferencia de la ATA se vio muy afectada por la mala situación económica de los EE.UU. Desde un poco antes del 11 de septiembre la economía ha ido empeorando y yo lo noté en la conferencia en aspectos que no puedo expresar exactamente pero que empañaron la atmósfera general.

>> Por Susan Murphy      

A pesar de todas las quejas...

Al igual que el año pasado, la llegada de noviembre significó uno de los momentos más esperados del año: la ATA Conference, que este año se realizó en Atlanta, Georgia.

Para quienes no saben, la ATA (American Translators Association) es la "mother of all translators associations", aunque sólo sea porque es la asociación de EE.UU. y, nos guste o no, allí se encuentra la flor y nata de los clientes potenciales para todos los que trabajamos con inglés.

Ergo, volví a romper el chanchito, hacer las maletas, y para Atlanta me fui. Mis expectativas eran enormes. En particular porque el año pasado, en Los Angeles, dada la cercanía con los atentados del 11 de septiembre, muchos asistentes, conferencistas y agencias (sobre todo locales) habían anulado su participación a último momento.

Esta vez se suponía que iba a disfrutar una conferencia en todo su esplendor.

¡Craso error! Hubo menos asistentes que el año pasado. Y lo peor del caso: la cantidad y calidad de las ponencias fue menor. Como ejemplo basta un botón: una compañera decidió asistir a una charla sobre marketing. Al ser más nuevita en la profesión, daba por sentado que aprendería muchísimo. No fue así. Como ejemplo, he aquí el primer consejo: para conseguir clientes hay que mandar CV. ¡Nunca se me hubiera ocurrido!

Pero no quiero exagerar. Hubo algunas cosas que valieron la pena. Como la conferencia de Ury Vainsencher, sobre traducción al español en telecomunicaciones y la ponencia de carácter jurídico que dio John Rynne. Personalmente no pude ir a ninguna de las dos, pero los comentarios generales fueron muy buenos en ambos casos.

La parte de agencias daba lástima. Después de todo, no nos engañemos: a la hora de decidir si vale la pena viajar o no, una de las razones más importantes es la posibilidad de contactar con las mejores agencias. Para eso existen el "Job exchange", donde cada combinación dispone de una mesa donde poner currículos y tarjetas (y como siempre, el espacio dedicado a inglés>español, la combinación con mayor número de afiliados, era una vergüenza, tanto que el viernes todos los CV estaban apilados por falta de lugar); el "Networking", un café-reunión de trabajo donde traductores y agencias se reúnen por especialidades; y el piso dedicado a los stands de las agencias.

Bueno. La desorganización general fue tan grande que el Networking pasó desapercibido y muchos nos enteramos cuando ya había pasado.Y en cuanto a las agencias, con la excepción de Transperfect, LanguageWorks, Omni y Richard Gray, el resto brilló por su ausencia.

En mi área particular, la medicina y farmacéutica, prácticamente no hubo nada. Es decir, lo poco que hubo estaba más dirigido a aquellos que eventualmente hacen medicina o a intérpretes médicos, un campo muy importante en los EE.UU., que a profesionales de la traducción médica (médicos, bioquímicos, etc.). Lo único que merece destacarse fue la ponencia de Olga Mutis de la Serna, bioquímica colombiana que dio una excelente conferencia sobre "La transformación del lenguaje de la química a través de los años". Eso sí, para oírla había que pagar otros USD 50.

Lo que sí valió la pena (y por lo que vale la pena tanto viaje) es reencontrar a todos los amigos con quienes nos comunicamos virtualmente cada día. Además, es una oportunidad excelente para conocer gente realmente "macanuda" con quienes se puede compartir un almuerzo o simplemente un café. Y claro, aprovechar la excusa y pasarse unos días en Nueva York. Pero ésto bien se merece otro artículo.

Y ahora los dejo porque tengo que trabajar. Ya empece a juntar los dolarillos para la próxima conferencia, esta vez en Phoenix, Arizona, en noviembre del 2003. Porque, a pesar de todas las quejas, la conclusión es una sola: en noviembre, a la ATA.

>> Por Ester Cabral    

¿Quién dijo que la primera vez es la mejor?

¿Qué se espera la primera vez que se asiste a una conferencia anual de la ATA? Pues la verdad, el oro y el moro. Al menos eso me pasó a mí. Era el asalto al gran mercado estadounidense, cuatro días de campaña intensiva para hacer el mayor número posible de contactos, impresionar a agencias y clientes con mi buen hacer, entregar currículos y tarjetas, estrechar manos y codearme con lo más granado de la profesión.

He de admitir que las charlas, talleres y ponencias no eran precisamente mi principal motivación para acudir a la conferencia: no se cruza una el charco para asistir a una charla, por muy interesante que sea. Y lo cierto es que, a priori, había unas cuantas que me interesaban... aunque con tan mala fortuna que la mayoría de ellas habían sido programadas a la misma hora, posiblemente por tratar del mismo tema: cómo promocionarse y obtener nuevos clientes. Y la verdad, creo que elegí mal: la primera a la que asistí no me aportó grandes ideas y de la segunda me marché vencida por el aburrimiento mortal.

También tengo que admitir que tuve mala suerte, pues la temática dominante era jurídica y económica, precisamente los dos temas que yo jamás toco. Y eso, quieras que no, le resta bastante interés al asunto: es como estar en una enorme pastelería donde sólo les quedan bollitos de leche pasados. Vamos, que no sabe una donde elegir...

Así que, visto el panorama, me dediqué más bien a las relaciones públicas y eso sí que resultó una decepción. Yo, ilusa de mí, esperaba poder entrar en contacto con decenas de las mejores agencias y hacerme de una vez con el goloso mercado estadounidense, pero nada más lejos de la realidad: había pocos puestos de agencias y muchos de editoriales y casas de software de traducción asistida que promocionaban sus productos. Metí en mi equipaje más de 100 currículos y 200 tarjetas de visita, pensando que apenas me iban a sobrar y resultó que volví a casa con casi tantos como traje. Y al fin, la impresión que me quedó fue la de un “mercado saturado” donde muchos éramos los que vendíamos y muy pocos los interesados en comprar.

Pero no todo son lágrimas en este valle de ídems y ya que, como ya he dicho, no era mi intención obtener océanos de conocimiento, me centré en el otro principal atractivo que la oportunidad ofrecía: reunirme con todas aquellas personas a las que una no conoce todavía, pero que al fin y al cabo conoce tan bien.

Y ahí sí que no tuve la más mínima queja. Disfruté de maravillosas cenas, paseos, veladas literarias, desayunos con arepas y café colombiano “de contrabando”, cánticos de autobús que me devolvieron a mis años de secundaria, almuerzos bajo el frío sol invernal de Atlanta y, lo más importante, disfrutar del calor de la amistad y el cariño de tantos compañeros que siempre están tan lejos y tan cerca. Sólo por eso ya casi vale la pena volar 8 horas en turista.

>> Por Blanca Rodríguez