Esta
año, como siempre, objetivo cumplido
Por quinto año consecutivo asistí a la Conferencia
Anual de la ATA, que se celebraba en Atlanta. Para mí,
lo más importante de este tipo de congresos es reunirse
con los demás asistentes, colegas de todo el mundo
y es desde esa perspectiva desde la que escribo este artículo.
Este año asistieron traductores de todo el mundo.
Me reuní con amigos y colegas de España, Argentina,
Israel, Colombia, Venezuela y de todas partes de los Estados
Unidos. Fue un gran placer pasar tiempo con todos ellos.
Aunque en mi opinión la selección de presentaciones
y talleres y la cantidad de conferencias para la combinación
inglés/español fue más pobre que en
años anteriores, por suerte para mí muchas
(diría que la gran mayoría) trataban mis áreas
de particular de interés: lo jurídico, financiero
y negocios internacionales; específicamente: traducción
jurídica, telecomunicaciones, declaraciones financieras
para sociedades españolas, diferencias culturales
relacionadas con la ética de los contratos entre
el traductor y su cliente, etc. Además, debo decir
que los ponentes eran en su mayoría personas muy
capaces en su área.
Asistí a varias charlas, entre ellas: Elementos
conceptuales y terminológicos de los textos jurídicos
en español, Enseñanza de traducción
jurídica, (ambas sobre las diferencias en los
sistemas jurídicos -common law y derecho romano-
y los problemas derivados de ellas), La traducción
de declaraciones financieras (e informes anuales) de compañías
españolas, que consistió en una discusión
bastante amplia sobre la traducción de informes financieros
de compañías españolas, por lo que
fue muy específica. Esta charla estuvo a cargo de
John Rynne, Director de Versalia Traducción, en Aranjuez.
Hubo otra charla muy interesante que por el nombre, Diferencias
culturales en asuntos éticos con respecto a contratos
y códigos de conducta, parecía tener
que ver con lo jurídico. Se hablaba del contrato
entre el traductor y su cliente y de algunas cláusulas
que en los EE.UU. son habituales y que en un país
hispanohablante resultan atípicas y hasta ofensivas.
Una charla fuera de mis áreas de trabajo fue la
de Ury Vainsencher, que me resultó muy interesante.
El tema era la traducción de documentos en la industria
de las telecomunicaciones, que en este momento pasa por
una mala racha, pero que cuando se recupere producirá
una gran demanda de traducciones al español. Se habló
de fuentes, de la importancia de conocer al destinatario,
de los distintos aspectos culturales y políticos
que hay que tomar en cuenta y sobre qué hacer con
una palabra nueva: traducir, inventar o adoptar.
Para mí, la oportunidad de reunirme con traductores
conocidos y no conocidos es el principal atractivo de los
congresos. Me encuentro con personas a las que conozco y
con quienes a veces estoy en contacto todos los días:
da gusto poder poner cara a la personalidad. Mi objetivo
suele ser encontrarme con otros traductores y pasarlo bien.
Así que este año fue un éxito.
En mi opinión, este año la Conferencia de
la ATA se vio muy afectada por la mala situación
económica de los EE.UU. Desde un poco antes del 11
de septiembre la economía ha ido empeorando y yo
lo noté en la conferencia en aspectos que no puedo
expresar exactamente pero que empañaron la atmósfera
general.
>> Por
Susan Murphy
|
A
pesar de todas las quejas...
Al igual que el año pasado, la llegada de noviembre
significó uno de los momentos más esperados
del año: la ATA Conference, que este año se
realizó en Atlanta, Georgia.
Para quienes no saben, la ATA (American Translators Association)
es la "mother of all translators associations",
aunque sólo sea porque es la asociación de
EE.UU. y, nos guste o no, allí se encuentra la flor
y nata de los clientes potenciales para todos los que trabajamos
con inglés.
Ergo, volví a romper el chanchito, hacer las maletas,
y para Atlanta me fui. Mis expectativas eran enormes. En
particular porque el año pasado, en Los Angeles,
dada la cercanía con los atentados del 11 de septiembre,
muchos asistentes, conferencistas y agencias (sobre todo
locales) habían anulado su participación a
último momento.
Esta vez se suponía que iba a disfrutar una conferencia
en todo su esplendor.
¡Craso error! Hubo menos asistentes que el año
pasado. Y lo peor del caso: la cantidad y calidad de las
ponencias fue menor. Como ejemplo basta un botón:
una compañera decidió asistir a una charla
sobre marketing. Al ser más nuevita en la profesión,
daba por sentado que aprendería muchísimo.
No fue así. Como ejemplo, he aquí el primer
consejo: para conseguir clientes hay que mandar CV. ¡Nunca
se me hubiera ocurrido!
Pero no quiero exagerar. Hubo algunas cosas que valieron
la pena. Como la conferencia de Ury Vainsencher, sobre traducción
al español en telecomunicaciones y la ponencia de
carácter jurídico que dio John Rynne. Personalmente
no pude ir a ninguna de las dos, pero los comentarios generales
fueron muy buenos en ambos casos.
La parte de agencias daba lástima. Después
de todo, no nos engañemos: a la hora de decidir si
vale la pena viajar o no, una de las razones más
importantes es la posibilidad de contactar con las mejores
agencias. Para eso existen el "Job exchange",
donde cada combinación dispone de una mesa donde
poner currículos y tarjetas (y como siempre, el espacio
dedicado a inglés>español, la combinación
con mayor número de afiliados, era una vergüenza,
tanto que el viernes todos los CV estaban apilados por falta
de lugar); el "Networking", un café-reunión
de trabajo donde traductores y agencias se reúnen
por especialidades; y el piso dedicado a los stands de las
agencias.
Bueno. La desorganización general fue tan grande
que el Networking pasó desapercibido y muchos nos
enteramos cuando ya había pasado.Y en cuanto a las
agencias, con la excepción de Transperfect, LanguageWorks,
Omni y Richard Gray, el resto brilló por su ausencia.
En mi área particular, la medicina y farmacéutica,
prácticamente no hubo nada. Es decir, lo poco que
hubo estaba más dirigido a aquellos que eventualmente
hacen medicina o a intérpretes médicos, un
campo muy importante en los EE.UU., que a profesionales
de la traducción médica (médicos, bioquímicos,
etc.). Lo único que merece destacarse fue la ponencia
de Olga Mutis de la Serna, bioquímica colombiana
que dio una excelente conferencia sobre "La transformación
del lenguaje de la química a través de los
años". Eso sí, para oírla había
que pagar otros USD 50.
Lo que sí valió la pena (y por lo que vale
la pena tanto viaje) es reencontrar a todos los amigos con
quienes nos comunicamos virtualmente cada día. Además,
es una oportunidad excelente para conocer gente realmente
"macanuda" con quienes se puede compartir un almuerzo
o simplemente un café. Y claro, aprovechar la excusa
y pasarse unos días en Nueva York. Pero ésto
bien se merece otro artículo.
Y ahora los dejo porque tengo que trabajar. Ya empece a
juntar los dolarillos para la próxima conferencia,
esta vez en Phoenix, Arizona, en noviembre del 2003. Porque,
a pesar de todas las quejas, la conclusión es una
sola: en noviembre, a la ATA.
>> Por
Ester Cabral
|
¿Quién
dijo que la primera vez es la mejor?
¿Qué se espera la primera vez que se asiste
a una conferencia anual de la ATA? Pues la verdad, el oro
y el moro. Al menos eso me pasó a mí. Era
el asalto al gran mercado estadounidense, cuatro días
de campaña intensiva para hacer el mayor número
posible de contactos, impresionar a agencias y clientes
con mi buen hacer, entregar currículos y tarjetas,
estrechar manos y codearme con lo más granado de
la profesión.
He de admitir que las charlas, talleres y ponencias no
eran precisamente mi principal motivación para acudir
a la conferencia: no se cruza una el charco para asistir
a una charla, por muy interesante que sea. Y lo cierto es
que, a priori, había unas cuantas que me interesaban...
aunque con tan mala fortuna que la mayoría de ellas
habían sido programadas a la misma hora, posiblemente
por tratar del mismo tema: cómo promocionarse y obtener
nuevos clientes. Y la verdad, creo que elegí mal:
la primera a la que asistí no me aportó grandes
ideas y de la segunda me marché vencida por el aburrimiento
mortal.
También tengo que admitir que tuve mala suerte,
pues la temática dominante era jurídica y
económica, precisamente los dos temas que yo jamás
toco. Y eso, quieras que no, le resta bastante interés
al asunto: es como estar en una enorme pastelería
donde sólo les quedan bollitos de leche pasados.
Vamos, que no sabe una donde elegir...
Así que, visto el panorama, me dediqué más
bien a las relaciones públicas y eso sí que
resultó una decepción. Yo, ilusa de mí,
esperaba poder entrar en contacto con decenas de las mejores
agencias y hacerme de una vez con el goloso mercado estadounidense,
pero nada más lejos de la realidad: había
pocos puestos de agencias y muchos de editoriales y casas
de software de traducción asistida que promocionaban
sus productos. Metí en mi equipaje más de
100 currículos y 200 tarjetas de visita, pensando
que apenas me iban a sobrar y resultó que volví
a casa con casi tantos como traje. Y al fin, la impresión
que me quedó fue la de un “mercado saturado”
donde muchos éramos los que vendíamos y muy
pocos los interesados en comprar.
Pero no todo son lágrimas en este valle de ídems
y ya que, como ya he dicho, no era mi intención obtener
océanos de conocimiento, me centré en el otro
principal atractivo que la oportunidad ofrecía: reunirme
con todas aquellas personas a las que una no conoce todavía,
pero que al fin y al cabo conoce tan bien.
Y ahí sí que no tuve la más mínima
queja. Disfruté de maravillosas cenas, paseos, veladas
literarias, desayunos con arepas y café colombiano
“de contrabando”, cánticos de autobús
que me devolvieron a mis años de secundaria, almuerzos
bajo el frío sol invernal de Atlanta y, lo más
importante, disfrutar del calor de la amistad y el cariño
de tantos compañeros que siempre están tan
lejos y tan cerca. Sólo por eso ya casi vale la pena
volar 8 horas en turista.
>> Por
Blanca Rodríguez
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