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     REVISTA DE TRADUCCIÓN
Número 4 - Diciembre 2002 - ISSN 1579-5314     
   
Entrevista a una traductora novel        
      >> M. Barbero

 

En serio: Hacía ya años que deseaba sentarme ante un novicio de la traducción para hacerle unas cuantas preguntas. ¿Cómo ve las cosas un colega que empieza, que hace poco que ha empezado? ¿Cómo es posible que a alguien se le ocurra irse a la facultad para que le enseñen a traducir? ¿Qué espera profesionalmente alguien que se ha preparado para ejercer como autónomo en una época tan competitiva como ésta? ¿Cómo son los traductores más jóvenes, esos que nos jubilarán cuando la modernidad llegue con nuevas corrientes a los que los traductores más callositos ya no sepamos adaptarnos?

Me apetecía irme a tomar un café con un colega novel y asaetearlo a preguntas, en serio. Y aquí estamos. No nos hemos podido sentar en el Novelty, como habría sido de rigor, pero nos conformamos con el café con leche virtual que nos permite Internet. Hablo con Luisa Calatayud, traductora salida de la facultad hace año y pico.

Una vez formuladas las preguntas, y antes de leer las respuestas de mi entrevistada, me ha parecido interesante hacerle las mismas preguntas que le he hecho a Luisa a un traductor no tan novel. A falta de otro en ese momento, no me ha quedado más remedio que entrevistar a mi otro yo.

 

LUISA CALATAYUD
PREGUNTA
M. BARBERO
Que soy licenciada en traducción e interpretación. Luisa, rompo el hielo rápidamente: ¿qué dice tu título? Licenciado en Filología Alemana.
Terminé la carrera en 2001 y tardé 5 años. ¿Desde hace cuánto lo tienes? ¿Cuántos años tuviste que estudiar para conseguirlo? Terminé la carrera en el 85. Estudié cinco años de licenciatura. Los cursos de doctorado los hice bastante después.
En realidad empecé a estudiar Derecho, pero no era lo mío. Como decidí dejarlo en agosto, no tenía plaza para estudiar psicología, que es lo que quería hacer (bueno, lo que creía que quería hacer). Para no perder el año del todo, me fui a Francia, y fue allí donde me di cuenta de que el contacto con las lenguas es lo que más me gustaba. Por eso decidí estudiar traducción, para seguir en contacto con el francés y el inglés. ¿Y por qué estudiaste precisamente Traducción? ¿Había algo especial en la carrera que te hacía tilín? No estudié Traducción porque cuando me fui a la universidad (1980) no existían esos estudios. Había diplomaturas que no me interesaban porque eran carreras de grado medio, de sólo tres años. Y había una escuela superior para licenciados, con dos años de especialidad tras los cinco de licenciatura. En algún momento pensé que una especialización en traducción cuando terminara Filología no sería mala idea si no encontraba trabajo enseguida. Pero como encontré trabajo inmediatamente tras terminar la carrera, ya no se me volvió a ocurrir.
Pito pito gorgorito lo hice más bien con derecho. Lo de estudiar traducción, no era algo que había sabido siempre, pero fue una decisión muy meditada y, además, acertada. ¿Cuánto tiempo llevabas pensando en estudiar Traducción antes de empezar? ¿Era un sueño de la infancia, de la adolescencia, o hiciste “pito, pito, gorgorito” tras aprobar la selectividad? Mi elección de carrera fue cuestión de kilometraje. Empecé a estudiar alemán porque quería a toda costa era marcharme lejos de mi distrito universitario. Si para hacerlo hubiera tenido que estudiar Medicina, en Medicina me habría matriculado.
Hombre, otras salidas siempre hay ya que muchos trabajos tienen muy en cuenta el conocimiento de idiomas, pero la verdad es que yo nunca pensé en trabajar en otra cosa que no fuese la traducción, hasta que terminé la carrera... Cuando se estudia traducción, supongo que se está predestinado a trabajar como traductor. ¿Tienen los estudios alguna otra salida? ¿Te planteaste en algún momento, durante la carrera, hacer con tu título alguna cosa que no fuera traducir? Durante los años de facultad no pensé nunca seriamente en dedicarme a la traducción. Cuando salí de la facultad estaba orientada a la enseñanza del español, y me fui a Alemania para dar clases de español en un instituto.
Pues, en parte depende de la ciudad. Por ejemplo, en Valencia, trabajar como traductor en plantilla es casi imposible. En Madrid o Barcelona hay más posibilidades. En mi caso comencé como autónoma y luego estuve una temporada trabajando en plantilla en una empresa. Terminas la carrera y tienes unas ganas de trabajar impresionantes, para seguir formándote e ir introduciéndote en el mundo laboral y, la verdad es que a veces es desmoralizante ver lo complicado que es que le den un trabajo decente a un recién licenciado. Y con el título en la mano y la vocación fresca, ¿es difícil conseguir el primer trabajo? ¿Qué hace un recién licenciado para empezar a ganar dinero traduciendo? Llegué a la traducción como la Virgen María al niño, como dicen los alemanes. Me presenté a una convocatoria de traductores en una gran empresa química alemana pensando en ganar más dinero. Llevaban más de tres meses buscando un traductor de español para textos jurídicos y técnicos especializados. Estaban francamente hartos: Yo era el postulante número cincuenta y todos los anteriores habían sido rechazados. Nunca había hecho una traducción, pero el examen de prueba que me hicieron les gustó. Empecé a trabajar con ellos, y a aprender. A los seis meses me hicieron fija en plantilla.
En general no demasiado bien, pero no sólo el de la traducción. Como he dicho antes, creo que depende un poco de las ciudades. Por la poca experiencia que tengo, me parece que las únicas ciudades en las que se puede encontrar empresas de traducción de un tamaño decente son Madrid y Barcelona. En el resto, hay trabajo como autónomo, pero conseguir uno en plantilla creo que es más complicado. ¿Cómo ves el mercado? Competitivo, activo, variado... Me parece que es fundamental especializarse en campos concretos y hacerse con una buena cartera de clientes. Hay que demostrar que se vale y que se tiene capacidad de trabajo.
El ambiente que yo he vivido hasta ahora me parece muy bueno. No sé si he tenido suerte o siempre es así pero la inmensa mayoría de los traductores que se han cruzado en mi camino me han parecido personas muy agradables. Siempre dispuestos a ayudar al que les necesite. El hombre es un lobo para el hombre y el traductor es un lobo para el traductor. ¿Cómo van tus relaciones con los colegas? En general, ¿cómo caracterizarías el ambiente entre traductores?

Supongo que habrá de todo. Hay grupos de colegas que se lo pasan muy bien, en listas de Internet y en encuentros periódicos. Imagino que el ambiente es equiparable al de cualquier otra profesión liberal.

Personalmente creo que es una ayuda. El traductor que tiene experiencia puede ayudar mucho al principiante. ¿Qué le pediría a un traductor con experiencia? Pues supongo que que tenga paciencia con los principiantes. El traductor especializado y con experiencia, ¿es una ayuda, o más bien un coco para los traductores que empiezan? ¿Qué le pedirías como traductor principiante a un traductor con experiencia? Creo que el traductor que empieza debería buscar a un colega y pedirle ayuda, revisión y colaboración. Así de fácil. Ninguno nace aprendido, y en esta profesión ayuda mucho contar con la soltura y la profesionalidad de otra persona que supervise. Claro que es preciso que el traductor novato tenga ciertas cosas muy claras y sepa traducir. Un traductor con experiencia puede ofrecer su apoyo y sus sugerencias a uno que empieza, pero no puede hacer la traducción por él; no puede perder el tiempo en corregir obviedades ni faltas de ortografía.
¿Mejor? Supongo que eso depende del gusto de cada uno. A mi me parece que, para empezar, lo mejor es estar en una empresa con sueldo fijo pues es la mejor manera de seguir formándose y aprender. Como autónomo también se aprende, pero creo que no tanto, al menos no al principio. ¿Qué es mejor para un traductor, trabajar como autónomo o colocarse empleado en una empresa con sueldo y horario fijo? Creo que trabajar en una empresa, con colegas, asesoramiento, sueldo y horario fijo tiene muchas ventajas para el traductor que empieza, ya que lo ayuda a desarrollar un método de trabajo, sin la sensación desagradable de “tener el culo al aire” sin ingresos fijos. Con experiencia, con un método de trabajo y una especialización a cuestas tal vez resulte más rentable trabajar como autónomo. Hay mayor libertad de movimientos y una gestión del tiempo más flexible, pero a veces hay que trabajar mucho más que cuando se está a sueldo.
Lo ideal sería que ejerciesen la traducción sólo los traductores, igual que ejercen la abogacía los licenciados en derecho, pero considero que, actualmente, las universidades no han enfocado bien la carrera, no han encontrado la manera “ideal” de formar a los alumnos por tanto, creo que se debe permitir que personas que estén formadas para traducir, aunque no tengan el título, lo hagan. Los tiempos están revueltos y se habla mucho de competencia desleal, de traductores que tiran los precios por los suelos, de colegas que en realidad no son colegas, ya que no tienen título y ejercen de traductores... ¿Hay que regular la situación de la traducción en España? ¿Hay que impedir que ejerzan de traductores personas que no tengan el título de traductor?

Probablemente haya que regular la situación de los traductores (y de todos los autónomos) y ofrecer cobertura social, jurídica y seguros a su actividad profesional. No sé cómo se puede lograr esto. Pero sí estimo que la actividad de traductor no ha de estar necesariamente ligada a la posesión del título universitario de Licenciado en Traducción. Porque la experiencia me ha demostrado que no es preciso tener un título universitario para ejercer la profesión de traductor con profesionalidad y calidad.

A mi me parece buena la idea de crear un colegio de traductores. Como principiante, daría mucha seguridad. Cuando terminas la carrera, estás perdido y un colegio podría servir, en parte, para orientar un poco a los recién licenciados. ¿Eres partidaria de la creación de colegios profesionales con colegiación obligatoria, para que sólo pueda ejercer de traductor aquél que acredite serlo y que trabaje dentro de los márgenes de precio y calidad que imponga el colegio? No. Estoy a favor de la creación de colegios profesionales de traducción que apoyen a sus afiliados, que impulsen el ejercicio cualitativo de la profesión y que protejan a sus colegiados a través de mutualidades, asesoramiento jurídico y control de calidad, pero no estoy de acuerdo con la exigencia de colegiación obligatoria, puesto que entiendo que hay que permitir el libre ejercicio de la profesión al que desee ejercerla sin aprovechar los beneficios que pueda aportarle el colegio y sin incurrir en los gastos que indudablemente le causará.
Lo aprendí en la facultad. ¿Quién te ha enseñado a traducir? ¿Lo aprendiste en la facultad, has tenido algún mentor especial, o lo tuyo es habilidad innata? Creo que para saber traducir hay que saber expresarse muy bien en la lengua de llegada. Y eso, modestia aparte, es algo que aprendí en mi infancia escolar. De hecho, creo que si un traductor cojea de ahí, poco puede hacer la facultad para enseñarle.

Aparte de esa habilidad o predisposición para manejar el propio idioma sin martirizarlo, es evidente que hay que dominar la lengua de partida. Y además, ser capaz de aplicar una serie de técnicas de trabajo que supongo que se aprenderán ahora en la facultad. Yo las aprendí con la experiencia y con la ayuda de mis colegas (y las sigo aprendiendo).

La historia del colega que más me ha enseñado la dejo para otra ocasión.

Ufff, que pregunta más difícil. A mí me encanta traducir. Creo que es mi vocación. Lo peor que tiene, supongo que encontrarte con un párrafo endiablado que no hay por donde coger. ¿Qué es lo mejor de ser traductor? ¿Y lo peor? Lo mejor, el que se me permita prestar una modesta contribución al cultivo del idioma. El tener la oportunidad de escribir y tener un público al que le resulte útil nuestro trabajo. Y el dinerito: suficiente, si uno se vende bien, a cambio de un trabajo cómodo y agradable.
Lo peor para mí, sin duda, es el trato obligado con traductores de pacotilla que maltratan el idioma, que hacen traducciones malas, que dan en el mercado la impresión de que cualquier semianalfabeto puede traducir. Y que, encima, son insensibles a su propia incapacidad.
Me parece mal que un traductor traduzca a lenguas que no son la suya, pero no intolerable. Me refiero, evidentemente, a personas que no sean bilingües, pero bilingües de verdad. Pero no me parece intolerable. Y creo que es injusto que, simplemente por tener la licenciatura de traducción, te den el título de intérprete jurado cuando las personas que lo sacan por examen tiene que realizar unas pruebas que son duras. Creo que la licenciatura, en todo caso, debería dar puntos para obtener el título o algo así, pero no dártelo directamente. ¿Qué consideras intolerable en el mundo de la traducción? La falta de calidad aceptada entre profesionales. El que se admitan traducciones que “apestan” a traducción y que siempre haya alguien que salga a defenderlas con el “Bueno, es muy literal, pero se entiende”.
Desde luego, si son alumnos de primer curso, que se tomen la carrera en serio, que no piensen que, sólo porque saben idiomas pueden traducir y que vayan a clase porque eso hace mucho (aunque probablemente, el que no tenga intención de ir no me haría caso). A lo que estén acabando, que no se asusten por lo que les viene a continuación. Que al principio cuesta pero que acabarán saliendo cosas. Sólo hay que tener un poco de paciencia y muchas ganas de traducir y de seguir aprendiendo. Y ahora, el consejito para los traductores más jóvenes que tú (que los hay): Te piden que des una charla en la misma universidad donde estudiaste. Tu público está compuesto por futuros licenciados en traducción. ¿Qué les dices? Me pondría a hacerles preguntas. Que si están seguros de por qué están estudiando, que si realmente les gusta mucho esto de traducir cualquier cosa que les den...
Es que, sinceramente, me parece raro que alguien tenga vocación universitaria de traductor. Creo que puede haber vocación de médico, de monja o de artesano, pero sentirse inclinado a traducir lo que sea, dicho por quien sea, a cambio de pago... Tal vez se deba a la forma en que yo llegué a la traducción, pero sólo entiendo que se le coja el gusto a esto una vez se ha probado el oficio.
Por supuesto. ¡No me lo pensaría dos veces! Pero eso sí, iría mucho más a clase. Si volvieras a empezar, ¿te harías traductora? No, claro que no. Me haría ingeniero agrónomo y me dedicaría a montar una explotación agrícola ecológica. Tiene mucho futuro, se trabaja en contacto con la naturaleza y se le pone a uno la tez morenita de verdad, no color pantalla de ordenador.

Y ahí quedan los testimonios. Tal vez no sean opiniones extensibles a todos los traductores noveles y a los traductores con experiencia, pero sirvan de botón de muestra de lo que algunos pensamos.