Especial conferencia de la ATA
>> Sergio Viaggio, Susan Murphy y Blanca Rodríguez
Entrevista a una traductora novel
>> M. Barbero
¿Y si viene comida de casa?
>> Juan José Arevalillo
Regionalismos, dialectos y ganas de entenderse
>> Miguel Turrión
La abogada del diablo
>> Isabel Hoyos
¿Pero qué demonios dice aquí?
>> Elena Ron
Más sobre la enseñanza de la Traducción e Interpretación en España
>> Susana Cruces
Dos notas sobre la traducción poética
>> Sergio Viaggio
Editorial
Historia de la traducción
>> Alberto Ballestero
De buen rollo
>> Álex Kramer 
Herramientas para traductores
>> Sergi Álvarez y Ramón Ordax
Reseñas
>> Fer Vidal
Sección bibliográfica
>> Fer Vidal y Pilar Saslow
Escríbenos
Suscripciones
Colaboradores

 

Página albergada gratuítamente por


RED ESPAÑOLA DE I+D

 


TRADUCCIÓN EN ESPAÑA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

     REVISTA DE TRADUCCIÓN
Número 4 - Diciembre 2002 - ISSN 1579-5314     
   
¿Y si viene comida de casa?                
>> Juan José Arevalilo                 


En mi ya largo recorrido por nuestro querido mundo de la traducción, me ha tocado ver un poco de todo. Pero hará unos dos años tuvimos en nuestra empresa un «encuentro en la tercera fase» con uno de esos clientes potenciales... Estoy seguro de que a muchos os recordará situaciones rocambolescas parecidas que hayáis podido experimentar. Por otro lado, es una muestra muy significativa de lo que piensan muchos clientes de nuestra profesión: que es algo que puede hacer cualquiera y que no requiere ninguna cualificación especial.

Para situarnos en el contexto y para que cada lector pueda escenificar mentalmente todo el proceso, imaginad una llamada, en apariencia inocente, de un posible cliente que desea solicitar un servicio, aunque no tenga muy claro cuál... No voy a mencionar la provincia desde la que llamaba para no herir susceptibilidades; su acento era muy artificial, con la voz muy engolada y con unas eses sibilantes en extremo y muy arrastradas. En la llamada intervinimos dos personas: en mi recreación aparecerá «Hermes» de modo genérico, porque parte de la conversación se repitió durante ambas intervenciones, por lo que he refundido todo en un solo flujo de conversación. Por desgracia, no recuerdo el nombre de la empresa ni de la persona de contacto en cuestión; si bien tengo fresco en la memoria todo el proceso. Más o menos, el siguiente:

Hermes: ¡Hermes Traducciones! ¡Dígame!

Cliente: ¡Buenos días! Los llamo porque necesito unos servicios de traducción. Es algo que normalmente hago yo sin problemas, pero ando muy liado y no voy a poder.

Hermes: Sí, por supuesto. Dígame cuáles son sus necesidades y le facilitaremos toda la información que precise. En primer lugar, ¿podría decirme en qué idioma está el texto original y a cuál hay que traducirlo?

Cliente: No, no se trata de ningún papel. Necesitamos a alguien que vaya a unas instalaciones de fabricación para traducir todo lo que diga un francés que nos va a visitar al español. Nada complicado.

Hermes: Entonces, creo que lo que precisan no es un traductor, sino un intérprete.

Cliente: Bueno, es lo mismo, ¿no?

Hermes: No exactamente. Por traducción, nos referimos a textos escritos...

Cliente: Me da igual. ¿Pueden enviarnos al traductor?

Hermes: ¿Cuántos días lo necesitarían y cuántas horas cada día?

Cliente: Sería para la semana que viene, aunque no sabemos el día. De todos modos, eso no creo que importe mucho. Y las horas, pues... a ratos.

Hermes: Bueno... necesitamos saber el día para reservar al intérprete y no asignarle ningún otro servicio. Por eso, les agradeceríamos que nos hicieran saber el día con la mayor brevedad posible para una mejor planificación y para que no hubiera ningún problema. En cuanto a lo de «a ratos», ¿se refiere a media jornada o a jornada completa?

Cliente: No, no. A ratos. Pues que a lo mejor tiene que hablar una hora, estar otra sin hacer nada, volver a hablar, y así... Es que, verá, los empleados de la fábrica no saben francés, y el traductor sólo tendrá que traducir cosas como –gritando– «Manolo, dame el destornillador».

Hermes: Ya, pero, en cualquier caso, debe pagar su permanencia allí, independientemente de que interprete o no. Tenga en cuenta que el mero hecho de desplazar allí a una persona de nuestra plantilla supone que deje de hacer otras tareas que, en otro caso, desarrollaría en nuestras oficinas.

Cliente: Pero no veo por qué voy a tener que pagar por el tiempo en que no haga nada. Es más, puede llevarse lectura, y así todo solucionado.

Hermes: No entiendo –aunque en realidad sí lo entendía–.

Cliente: Está claro. Mientras no trabaja, puede leer, y así no pierde el tiempo.

Hermes: En cualquier caso, deberá pagar toda la permanencia del intérprete allí, bien como media jornada o como jornada completa. Es más, en circunstancias normales deberían ser dos intérpretes si el servicio fuese continuado para respetar sus turnos de interpretación. Y, obviamente, hay que pagar a los dos.

Cliente: ¿Qué me dice usted? ¿Y cuál es el precio por día?

Hermes: El precio por media jornada es de XXXXX pesetas; y por jornada completa, XXXXX pesetas.

Cliente: Eso es una barbaridad. Están locos.

Hermes: Puede solicitar más presupuestos y comprobará que es un precio absolutamente dentro del mercado. De hecho, no le vamos a enviar a la primera persona que encontremos, sino a una licenciada en Traducción e Interpretación de nuestra plantilla, que ha dedicado cuatro años de su vida a prepararse para tales casos y que domina a la perfección la combinación de idiomas que precisa.

Cliente: ¡Anda, si hay una carrera y todo!

Hermes: Le reitero que es una carrera de cuatro años y una profesión que no puede desempeñar el primero que llega, aunque sí es verdad que hay muchos advenedizos que falsean nuestro mercado y que actúan con plena irresponsabilidad.

Cliente: Pero, vamos a ver, yo he estudiado en el Liceo Francés y domino perfectamente el francés, y es una cosa que podría hacer yo mismo sin problemas. Vamos, que no me hace falta ninguna carrera de esas.

Hermes (intentando cambiar de tercio): Y no lo dudamos; pero el precio de nuestros servicios es el que le he mencionado y no lo vamos a cambiar. Es más, habrá que añadir los desplazamientos, las comidas y el alojamiento, si fuera preciso.

Cliente: ¿Y si la traductora viene comida de casa?

Hermes: Supongo que está bromeando...

A partir de aquí, el posible cliente empieza a vociferar, aunque los interlocutores de Hermes no pierden la compostura... todavía (aunque la procesión va por dentro), y probablemente eso le molesta, ya que parece tener ganas de bronca.

Cliente: Hablo absolutamente en serio. Puede venir después de comer y así nos lo ahorramos.

Hermes: Las cosas son como son, y las condiciones ya las conoce. Por cierto, comentaba que el intérprete podría llevarse algo de lectura. ¿Le parece bien Mortadelo y Filemón? Aunque como se trata del idioma francés, quedaría mejor llevar algo de Astérix, ¿no cree? O a lo mejor podemos llevar algo más culto: Kirkegaard o, mejor, Sartre, por ejemplo.

Cliente: Oiga les estoy hablando muy en serio.

Hermes: No lo dudo; y nosotros también. Sencillamente queremos que vea que tenemos en cuenta sus sugerencias...

Cliente: Me están dando pie a que llame a otra agencia.

Hermes: El mercado es libre. Pero si llama a una empresa medianamente seria, es más que probable que le digan lo mismo, y quizás con menos paciencia...

Cliente: Además, no sé ni por qué los he llamado. Ya les he dicho que hablo perfectamente francés y que podría hacerlo yo mismo, sin ayuda de nadie y...

Hermes: Fíjese, eso mismo estábamos pensando. Si lo habla tan bien, ¿por qué nos llama a nosotros o nos amenaza con probar con otros? A lo mejor es que realmente necesita ayuda.

Cliente: Para nada. No la necesito para nada.

Hermes: Pues, ánimo y a interpretar...

Acto seguido, cuelgo el teléfono con ganas. Fue la primera vez en mi vida en que le colgué el teléfono a alguien y no tuve ni atisbos de remordimiento; todo lo contrario, dormí como nunca con la satisfacción del deber cumplido. Supongo que ese posible cliente pensaría que había dado con la empresa de traducciones más borde de España. Ni me preocupó ni me preocupa un ápice. Con toda probabilidad el sentimiento era mutuo. Además, a saber lo que le dijeron en otros lados... A lo mejor se lo dijeron en francés... y lo entendió.

 


Juan José Arevalillo (Juanjo.arevalillo@hermestrans.com) lleva 20 años en el mundo de la traducción. Es licenciado en Filología Inglesa por la UCM y máster en Traducción Superior Especializada por el Instituto de Lenguas Modernas y Traductores de la UCM. Actualmenete dirige Hermes Traducciones y Servicios Lingüísticos, S.L. y es integrante del comité español para la elaboración de la norma europea de calidad para servicios de traducción. Además, es miembro de LISA, GALA, ATT y ACT y profesor en cursos de posgrado sobre tradumática y localización.