Especial conferencia de la ATA
>> Sergio Viaggio, Susan Murphy y Blanca Rodríguez
Entrevista a una traductora novel
>> M. Barbero
¿Y si viene comida de casa?
>> Juan José Arevalillo
Regionalismos, dialectos y ganas de entenderse
>> Miguel Turrión
La abogada del diablo
>> Isabel Hoyos
¿Pero qué demonios dice aquí?
>> Elena Ron
Más sobre la enseñanza de la Traducción e Interpretación en España
>> Susana Cruces
Dos notas sobre la traducción poética
>> Sergio Viaggio
Editorial
Historia de la traducción
>> Alberto Ballestero
De buen rollo
>> Álex Kramer 
Herramientas para traductores
>> Sergi Álvarez y Ramón Ordax
Reseñas
>> Fer Vidal
Sección bibliográfica
>> Fer Vidal y Pilar Saslow
Escríbenos
Suscripciones
Colaboradores

 

Página albergada gratuítamente por


RED ESPAÑOLA DE I+D

 


TRADUCCIÓN EN ESPAÑA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

     REVISTA DE TRADUCCIÓN
Número 4 - Diciembre 2002 - ISSN 1579-5314     
   
              Más sobre la enseñanza de la Traducción e Interpretación en España                
                                                          >> Susana Cruces Colado
                                                                     Universidad de Vigo

 

En el número 2 de La linterna del traductor salía publicado un extenso artículo de Manuel Mata Pastor, “cuando no hay pan”, en el que se analiza la situación de la enseñanza de traducción e interpretación en España diez años después de que se implantase la licenciatura. Este periodo parece lo suficientemente amplio como para mirar hacia atrás con una cierta perspectiva, comprobar a dónde hemos llegado desde el punto de partida. Así, aún constatando cambios cuantitativos, no siempre podemos comprobar que se correspondan con saltos cualitativos.

Por ello, estas consideraciones surgidas hechas al hilo de la lectura de aquel artículo pretenden contribuir a la reflexión y debate necesarios para la mejora de la formación de traductores en España. Efectivamente, aún queda mucho camino por hacer.

La multiplicación de las licenciaturas en Traducción e Interpretación (que todavía no se ha estancado, y responde a criterios escasamente académicos en la mayoría de los casos) no ha venido acompañada de su necesaria dotación de medios humanos y materiales. No se ha realizado un verdadero esfuerzo presupuestario; por el contrario, casi siempre ha sido repartir lo mismo para muchos más. De hecho, desde las instancias decisorias de las universidades y del Ministerio de Educación, T & I sigue siendo percibida como una carrera de letras atractiva que ha servido para reciclar a las filologías, al considerar que el coste de su implantación será nulo o escaso, puesto que los medios humanos y materiales con los que se pretende contar son los ya existentes. Ni falta hace decir además que el perfil del profesorado en traducción e interpretación es muy distinto al de las filologías.

Buena parte del actual alumnado sólo tiene interés en aprender dos lenguas

Perfil del alumnado

Mucho me temo que una buena parte del actual alumnado que viene a nuestras facultades lo hace movido por el simple interés de aprender dos lenguas, o simplemente porque «el inglés se le da muy bien» (lo que ya no siempre se le da tan bien es su propia lengua materna). Si se tiene en cuenta que la enseñanza de la primera lengua extranjera (en realidad habría que decir del inglés) en bachillerato es deficiente y la de una segunda lengua pura ficción1, podemos entender lo que sucede. Existe demanda para el aprendizaje de lenguas extranjeras, pero desvinculadas de los aspectos aparentemente menos “atractivos” o “prácticos” como su literatura, historia, etc. que sí incluyen las filologías. Este alumnado “prestado” piensa que le será fácil conseguir trabajo al terminar sus estudios, y de hecho muchos de ellos se encuentran en puestos que poca relación tiene con la traducción e interpretación, pero sí con las lenguas. Las encuestas que realizo desde hace varios años a los alumnos de primer curso así lo confirman, pues muestran un enorme desconocimiento de la finalidad de la titulación y de sus principales salidas profesionales.

Hay por lo tanto un nicho de formación (algo semejante a lenguas aplicadas) que está cubriendo la licenciatura de T&I. El resultado es que parte del alumnado no está ni mínimamente interesado en ejercer alguna vez la profesión de mediador lingüístico, y sí en presentarse a oposiciones de enseñanzas medias. Nada que objetar. Pero como esta formación no responde a sus expectativas, se acaban por generar en el alumnado sentimientos de frustración que se traducen en abandono precoz de los estudios, desmotivación y fracaso escolar.

Para evitar estas situaciones, la solución más obvia pasa por proporcionar información completa y veraz a los estudiantes de bachillerato. Por desgracia, mi experiencia muestra que esta información, ya sea dada de forma directa o indirecta a dichos estudiantes, es insuficiente. Pesan más los lugares comunes y a priori sobre lo que es un traductor que la simple realidad circundante. Es preferible desengañar al alumnado desde el primer momento, que mantenerlo desmotivado durante varios años.

Libros es lo único que parece creer la administración que necesitan los estudiantes de humanidades.

Considero además que el acceso a segundo ciclo está totalmente desaprovechado por parte de las facultades. Este alumnado suele tener mayor madurez personal, lo que incide positivamente en su trabajo y rendimiento académico. Si a ello se sumase el que procediesen de ámbito diferente al de las lenguas, como el jurídico o técnico, se facilitaría la formación en las distintas especializaciones. El hecho es que la mayoría proceden de estudios de letras “clásicos”, por lo que se debe hacer un esfuerzo informativo y de propaganda para captar este alumnado.

Insuficiencia crónica de medios

Los medios materiales y humanos con los que cuenta la universidad pública, aunque hayan aumentado y mejorado, siguen siendo insuficientes. A veces da la sensación de que hay que insistir una y otra vez en que hoy en día nadie traduce a lápiz y papel.

Creo que tampoco está de más recordar que según el último informe de la OCDE, España gasta 40% menos que el resto la Europa Comunitaria en enseñanza universitaria. El resultado:

- Las clases prácticas, especialmente las de materias de traducción suelen ser demasiado numerosas, lo que redunda en un insuficiente seguimiento del alumnado, cuyo aprendizaje no es de tipo nocional, sino instrumental o de un savoir faire. Aunque desde hace pocos años se constata una disminución del número de alumnos, esto se percibe desde las administraciones no como una ventaja competitiva de la universidad, sino todo lo contrario, como un desaprovechamiento de recursos. Parece que aún impera el modelo de universidad de clases masificadas en los años 70 y 80. La rentabilidad del profesorado no se debe medir según el número de alumnos de los que se ocupa, sino según lo individualizado de su atención.

- La introducción de las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación en las aulas está todavía por debajo de lo deseable. Esto es debido a lo reducido de las dotaciones económicas para estudios que se consideran de humanidades y a los que les bastan los libros como herramienta de aprendizaje. Aunque el número de alumnos por ordenador en España se encuentra ligeramente por encima de la media de la UE, seguimos a la cola en el número de ordenadores que se dedican en cada centro a usos educativos (Fuente: www.eurydice.org). Además en la mayoría de las facultades de T&I no existe personal especializado en su mantenimiento, por lo que el profesorado suple con buena voluntad la carencia de dichos técnicos a quienes en realidad no puede ni debe remplazar.

La formación de formadores y la formación permanente del profesorado no se encuentra suficientemente atendida. Las razones no hay que buscarlas en la supuesta tradicional desidia del profesorado universitario, y no digamos ya si es funcionario. Su origen se encuentra en la propia concepción de la carrera docente.

Así, la universidad española premia la investigación y deja en un plano muy secundario la labor docente, carente de reconocimiento económico, y casi diríamos que académico. Se da por hecho que quien sabe investigar está capacitado para la docencia. Por ejemplo, el profesorado en formación lo es porque se encuentra en la fase de aprendizaje de investigación mientras elabora su tesis doctoral, y deja de estarlo cuando la defiende. Por otra parte, los profesionales de la traducción -que aportan su experiencia y son el necesario puente entre el mundo universitario y profesional- por el hecho de serlo, no están necesariamente mejor capacitados para la docencia. En resumidas cuentas, la universidad no ofrece formación específica a quien está en formación o a quien se incorpora a la docencia. Es el profesorado quien motu proprio busca cursos, seminarios y formación adecuada a sus necesidades, la mayoría de las veces a expensas de su propio bolsillo. Faltan medios, tiempo e incentivos.

Por otra parte, los modelos actuales de contratación se revelan excesivamente rígidos, privilegiando en la mayoría de los casos la valía académica e investigadora, la docencia incluso no universitaria, pero no tanto la experiencia profesional (incluso aunque se trate de profesores asociados). De ahí la dificultad para encontrar profesorado que reúna todos estos requisitos.

Reconocimiento social de la traducción

Este es el aspecto en el que menos se ha avanzado y tal vez donde las facultades de T&I deberían hacer más trabajo de promoción de sus licenciados y futuros licenciados. Aunque esta sea una de las profesiones más antiguas, sigue careciendo del justo reconocimiento y prestigio social. Pesan todavía lugares comunes sobre esta actividad, influidos sin la menor duda por el derecho que cualquier hablante se arroga para opinar sobre algo que usa, la lengua, pero de lo que no es ni mucho menos especialista. Por ejemplo, ¿se discutirían conocimientos, experiencia y honorarios a profesionales del campo de la mecánica del automóvil o de la abogacía? Esto no sería probablemente así si se tratase si se tratase de materias de ciencias, absolutamente mitificadas en estos tiempos de tecnopapanatismo.

Creo que ha llegado también el momento de hacer un esfuerzo por la regulación de la profesión. Los actuales licenciados y traductores veteranos deberían asumir esta responsabilidad, puesto que existe ya una “masa crítica” considerable con capacidad de movilización, y son ellos los primeros interesados. Si hay tarta a repartir, más vale hacerlo en beneficio de todos, y no sólo pensando en cuánto más nos va a tocar. Quisiera recordar además que en virtud del Tratado de Maastricht y del Acta única Europea se consagra el mercado único y la libre circulación en la UE de bienes, personas y capitales, motivo por el cual no se pueden imponer ni pactar tarifas, aunque sean mínimas. Ello no quita que estas se puedan recomendar, al igual que sucede en otros colegios profesionales, como garantía de prestaciones lingüísticas de calidad y para evitar la competencia desleal. Si cuando se consumen ciertos productos todo el mundo está de acuerdo en que lo bueno hay que pagarlo, ¿por qué no sucede igual cuando se trata de la traducción y la interpretación?

Acercamiento del mercado a los estudios de traducción

Entiendo que profesionalizar una formación como la nuestra implica que la enseñanza de la T&I tiene que reproducir en la medida de lo posible las condiciones reales de trabajo de los futuros licenciados. Para ello se deberían traducir/interpretar encargos reales, se deberían utilizar las herramientas electrónicas de documentación, edición, transmisión de datos, etc. Y de hecho esto es lo que sucede ya en la mayoría de las Facultades de T&I, incluso en las más jóvenes como la mía. Pero ello no puede significar que estos encargos se entreguen sin más al alumnado. Todo aprendizaje es lento en los comienzos, y precisa de unos objetivos, y una progresión de tareas si pretende ser eficaz.

Profesionalizar significa también enseñar a gestionar la profesión. Lo que es lo mismo: inserción profesional, autoempleo, fiscalidad, elaboración de CV, tarifas y presupuestos, etc. En la mayoría de las facultades de T&I están ausentes de los planes de estudio esta clase de materias específicas, si bien son suplidas en parte por la buena voluntad de algún profesorado, bien mediante tutorías, incluyéndolas como parte de sus clases en el último año, u organizando conferencias, cursos, mesas redondas, que por desgracia no son gratuitas: el tiempo de los profesionales hay que pagarlo, aunque lo hagan muchas veces gratis. Las asociaciones de antiguos licenciados podrían contribuir al acercamiento entre profesión y alumnado con un pie ya en el mercado laboral, y a menudo desorientado sobre “por donde y cómo conseguir su primer encargo”.

Sin embargo profesionalizar no significa formar licenciados a la medida exacta de cada una y todas las empresas en función de modas, o últimos avances tecnológicos. En primer lugar por la gran variedad de microperfiles según la emergencia de nuevos campos de conocimiento o de aplicación de la ciencia. En segundo lugar, porque la universidad no puede trabajar con necesidades de mercado a corto plazo. Cualquier empresa sabe perfectamente que sería suicida limitarse a trabajar para un solo cliente o un único mercado hiperespecializado, por lo tanto no parece lógico que se le pida a la universidad que haga precisamente esto. Más aún si se tiene en cuenta el escaso margen de maniobra que para introducir nuevas materias en los planes de estudios ya de por sí sobrecargados de horas. Dicho de otro modo, la formación universitaria no puede someterse exclusivamente al vaivén de los mercados. De hecho, no existe ninguna licenciatura que consiga la especialización que demandan las empresas, puesto que en realidad es la propia evolución de las actividades humanas y los años de experiencia los que especializan a los traductores. Además la empresa no puede ignorar su responsabilidad en la contribución a la formación de los que trabajan para ella. (Y. Gambier. 2000. http://europa.eu.int/comm/translation/theory/seminars_en.htm).

La función de la universidad, además de la de formar, es reflexionar sobre las evoluciones futuras del mundo en que vivimos, y en el caso concreto de la formación de traductores e intérpretes, sobre las mutaciones de los papeles de traductor, revisor, editor, webmaster, coordinador de proyectos etc. En resumidas cuentas, necesitamos enseñar a aprender, y conseguir traductores e intérpretes capaces de mantenerse en aprendizaje permanente.

Para terminar me gustaría incidir en la necesidad de sensibilizar a las empresas sobre la posibilidad de obtener prestaciones de calidad si acuden a profesionales, así como el que sepan transmitir con claridad cual son sus necesidades comunicativas y sus expectativas del trabajo de dichos profesionales. Eso ahorraría malentendidos sobre plazos imposibles de cumplir, tarifas ridículas, ausencia de información sobre función y destinatarios, de la traducción, o comentarios no sobre el propio proceso traductor. Por desgracia, las inversiones de las empresas en servicios lingüísticos son las menores, las que se revisan a la baja o las que antes desaparecen en caso de crisis, como si una comunicación eficaz fuese un asunto totalmente secundario. Las facultades de T&I junto con asociaciones profesionales, existentes o en vías de creación, deberían aunar sus esfuerzos para llevar a cabo campañas que informasen sobre las ventajas de contratar a quien realmente posee la formación adecuada a sus necesidades, lo mismo que hace en otros campos.

1La segunda lengua extranjera sólo es obligatoria en 1º y 2º de ESO. En 3º y 4º se puede elegir como optativa si el centro la ofrece.


Susana Cruces Colado (scruces@uvigo.es) es licenciada en Filología Románica y en Filología Hispánica, y doctora en Filología Románica por la Univeridad de Santiago de Compostela. Tras unos cuantos avatares vitales, recala en la Universidade de Vigo, en donde ejerce actualmente como docente de la licenciatura de Traducción e Interpretación. Además, se ha dedicado activamente a la investigación en traducción, y a la promoción de la licenciatura y sus futuros profesionales como vicedecana de la FFT de 998 a 2002. Es fundadora de la ONG Traductores sen Fronteiras (de la misma universidad), para la que ha revisado infinitas paginas.