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TRADUCCIÓN EN ESPAÑA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

     REVISTA DE TRADUCCIÓN
Número 4 - Diciembre 2002 - ISSN 1579-5314     
   
              Regionalismos, dialectos y ganas de entenderse                
                                                          >> Miguel Turrión                

“When I use a word,” Humpty Dumpty said, in a rather scornful tone, “it means just what I choose it to mean—neither more nor less.”
“The question is,” said Alice, “whether you can make words mean so many different things.”
“The question is,” said Humpty Dumpty, “which is to be master—that’s all.”
Lewis Carroll, “Through the Looking-Glass and What Alice Found There”

Recientemente me escribió el director de una agencia de traducción cantándome las alabanzas de sus traductores de español y, casi de pasada, me obsequió con el siguiente comentario: «por más que digamos a nuestros clientes que nuestro punto fuerte es el español y sus 20 dialectos, siempre hay quien pregunta si trabajamos con algún otro idioma».

Humpty Dumpty: un hablante libre

Le contesté que lo del «español y sus 20 dialectos» es una estrategia comercial que puede dar sus frutos, a la vez que rinde un flaco servicio a la lengua española. También le conté que, cuando me presenté al examen para venir como traductor a la Organización Panamericana de la Salud (OPS), en la descripción de mi puesto se decía que «la versión española deberá ser exacta, clara, fluida, fiel a la intención del texto original y deberá usar un vocabulario generalmente comprendido en todos los países de habla hispana».

En su respuesta me explicaba que hay empresas que desean recurrir al español estándar (culturally neutral) para sus campañas nacionales (se refería a los Estados Unidos), pero a un registro específico (culturally focused) para sus campañas comerciales en cada país. Otros de sus clientes prefieren elegir el dialecto en el que quieren su traducción, en vez de disponer sencillamente del español genérico. Añadía que, para escribir ese español generalmente comprendido en la mayor parte de (!) los países de habla hispana, es preciso ser consciente de las palabras que no están claras en todos los países hispanohablantes, y tener en cuenta las significativas diferencias.

Este diálogo vino a recordarme que, en efecto, las empresas esperan aumentar sus beneficios «conectando» con sus posibles clientes por la vía emocional, y que una de las maneras de lograrlo es recurrir al habla local.

Para empezar a elucubrar sobre la palabra «dialecto» acudí al DRAE, que va abriendo sus puertas cada vez más al español de América, como testimonia su preámbulo: «Es de justicia destacar en este caso la colaboración de las Academias hermanas de Hispanoamérica y de la Norteamericana y Filipina de la Lengua Española, tanto en el trabajo general como en el específico de la revisión o incorporación de voces y acepciones propias de cada país. La Comisión Permanente de la Asociación de Academias revisó y homogeneizó después los trabajos particulares».

El DRAE da las siguientes acepciones:
dialecto. (Del lat. dialectus, y este del gr. dialektos).
1. m. Ling. Sistema lingüístico considerado con relación al grupo de los varios derivados de un tronco común. El español es uno de los dialectos nacidos del latín.
2. m. Ling. Sistema lingüístico derivado de otro, normalmente con una concreta limitación geográfica, pero sin diferenciación suficiente frente a otros de origen común.
3. m. Ling. Estructura lingüística, simultánea a otra, que no alcanza la categoría social de lengua.

La diferenciación que propugna la agencia de traducción en cuestión puede conducir, a la larga, a la aparición de veinte lenguas distintas, con tronco común español. Se habrá alcanzado el estadio de la primera acepción actual.

La tercera acepción me recuerda aquello de que «una lengua es un dialecto con un ejército», y no me parece aplicable a la situación actual del español. He aquí un enlace de interés para estas cuestiones de lengua, dialectos y registros del lenguaje: www-fakkw.upb.de/kvv/kvvframe.php?fach=Romanistik. Es de la Universidad de de Paderborn, en Alemania. Una vez dentro del sitio, hay que buscar el apellido Bein. La información que contiene está casi íntegramente en español, pues se trata de unos cursos que el profesor Roberto Bein, de la Universidad de Buenos Aires, va a dictar para el seminario «Lenguas y política lingüística en la Argentina y en el Mercosur» este mes de noviembre de 2002.

Puestos a elegir una de las tres, mi impresión es que las variedades de la lengua española se encuentran en este momento más cerca de la segunda acepción de «dialecto», es decir, «con una concreta limitación geográfica, pero sin diferenciación suficiente frente a otros de origen común». Y que deben seguir sirviendo como vehículo de comunicación y de integración, no como mecanismo de exclusión.

En el pasado mes de junio surgió un debate en el foro internético MedTrad (Medicina y Traducción) a partir de una duda que no tenía nada que ver con los regionalismos, cuando una colega se manifestó así: «Eso sería fácil de dilucidar si en el texto hubiera una tabla acompañatriz donde uno pudiera verificar si esas reducciones son verdaderamente pequeñas o no. Quizás lo que quieren decir es que la media de todos los puntajes obtenidos después del tratamiento fue inferior a la del principio». Un comentario al respecto fue que «puntaje» es un regionalismo por «puntuación». Otro, que tal regionalismo es «interesante porque evita la confusión con los signos de puntuación». El tercero: «hace algunos meses celebré la incorporación al DRAE de “concientizar”, de distribución hispanoamericana, frente a “concienciar”, de distribución peninsular y anteriormente la única recogida en el lexicón». Y así, ad infinitum.

Mi postura es que, por más que «puntaje» sea un regionalismo por «puntuación», nadie había tenido dificultad en entenderlo, en comprender de dónde viene o a qué se refiere. En el mismo texto aparecía «tabla acompañatriz», expresión con la que ocurre lo mismo. No es la que yo hubiera empleado, pero se entiende al vuelo, aunque se vea por primera vez.

Como tantas otras cosas, también el concepto de regionalismo es relativo, pues depende del punto geográfico en que se sitúa el observador.

Algunos ejemplos vividos en carne propia y recientemente: se me atribuye el regionalismo de utilizar «coste» (muy habitual en España) en lugar de «costo» (muy habitual en América). Para mí eran perfectos sinónimos que describen lo que «cuesta» algo. Por curiosidad, voy al DRAE y veo estas definiciones: Coste. Gasto realizado para la obtención o adquisición de una cosa o de un servicio. Costo. Cantidad que se da o se paga por algo. No sólo parece confirmarse mi impresión de sinonimia, sino que, además, una y otra palabras son universalmente comprendidas por los hispanohablantes.

Hace unas semanas tuve una conversación telefónica con una amiga española, que no tiene nada que ver con las lenguas ni con la medicina, y saqué a colación la palabra «manejo», tan típica de nuestros documentos de la OPS. A ella se le escapó una expresión de sorpresa: «¡Ahí va! ¿Manejo del sarampión?» Está claro que en España no se usa así la palabra, pero a mí me parece igualmente claro que no cuesta entenderla, a pesar de que en el DRAE, en sentido estricto, no aparece ninguna acepción que la avale en el sentido en que aquí la usamos. De hecho, a mi amiga (de España, como digo, y no versada en lengua panhispánica) no le costó ni unos segundos aceptarla tal como yo la estaba usando.

En resumen: creo que a lo que más atención conviene prestar en este terreno es a si el presunto regionalismo tiene los suficientes «genes hispanos» (expresión de Álex Grijelmo) como para ser fácil e inequívocamente comprendido. Además, es un modo de enriquecer nuestro acervo.


Bibliografía
Delso, Pascual. «Diccionario cazurro-inglés». Zaragoza, 2000. (Rev. 30.9.2002).
Diccionario de la Real Academia Española. Vigésima segunda edición, 2001.
Grijelmo, Álex. «Defensa apasionada del idioma español». Taurus, 2.a ed., 2000.
Grosschmid, Pablo; Echegoyen, Cristina. «Diccionario de regionalismos de la lengua española». Ed


Miguel A. Turrión (turrionm@paho.org)es traductor al español de la Organización Panamericana de la Salud en Washington y sus lenguas de trabajo son FR, EN, DE, PT.