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TRADUCCIÓN EN ESPAÑA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

     REVISTA DE TRADUCCIÓN
Número 9 - Agosto del 2004 - ISSN 1579-5314     
   
Solo ante el subtítulo. Experiencias de un subtitulador.
>> Xosé Castro Roig                 


Introducción

Nunca falta en los congresos sobre traducción de películas la trillada polémica sobre qué es mejor y qué es peor, si el doblaje o la subtitulación. El mero hecho de analizarlo en términos de positivo y negativo quita relevancia a la cuestión, que difícilmente podrá ser reducida a dos opciones. Es indudable que el doblaje «tapa» los matices de las voces originales y nos aproxima, quizá demasiado, a un contexto social lejano (un granjero de Kansas o un pastor mongol hablando en nuestro idioma) que en opinión de algunos debería seguir siendo lejano para el espectador. La subtitulación no es mucho mejor en otros aspectos. Hablando de las ventajas e inconvenientes del doblaje y la subtitulación, mi amigo y colega argentino Miguel Wald decía que «una película es, indiscutiblemente, imagen. ¿Y a alguno de ustedes se le ha ocurrido pensar cómo se verían los títulos de los cuadros en una exposición si estuvieran colocados… dentro del cuadro mismo? Porque eso son los subtítulos, en primera instancia: tachaduras en la imagen».

El aspecto más característico de los subtítulos es su carácter sintético. Es frecuente oír a espectadores —y aun a críticos cinematográficos que ignoran los entresijos y técnicas de la subtitulación— decir que «tal o cual película estaba mal subtitulada porque no aparecían escritas muchas de las frases dichas». Eso es quizá lo más llamativo de la subtitulación. En función de la película y la abundancia del texto, la merma puede llegar a ser de hasta un 75 % de las palabras, que no del mensaje. Precisamente esa es la labor principal del subtitulador: lograr transmitir el mensaje reduciendo notablemente las palabras necesarias para expresarlo.

¿Cómo se verían los títulos de los cuadros si
estuvieran dentro del cuadro mismo

Muchos de los cálculos que se manejan en España no fueron hechos ad hoc sino tomados de otras lenguas, y eso produce ciertas discrepancias entre los criterios de algunas cadenas de televisión y laboratorios de subtítulos sobre la supuesta velocidad de lectura del espectador hispanohablante medio. Actualmente, se estima que la velocidad de lectura es de unas tres palabras por segundo. Un subtítulo completo con dos renglones alberga unas doce palabras y, por tanto, se requieren cuatro segundos para que el espectador lo lea. La velocidad a la que hablamos es ligeramente mayor: entre 3,5 y 4 palabras por segundo, es decir, entre catorce y dieciséis palabras por minuto.

A la vista de esto, uno podría pensar que dada la mínima diferencia entre la velocidad de lectura y la velocidad del habla, las dificultades son escasas. Y esta es la reflexión que suelen hacer muchas personas que se aproximan a la subtitulación sin ahondar mucho. Bien, la velocidad de habla que he indicado antes es la velocidad del habla española, pero cuando se trata de hablantes de otros idiomas, como el inglés, puede aumentar hasta un treinta o un cincuenta por ciento. Ahí tenemos una dificultad añadida; y ahora, agreguemos otra más: las películas no son series de monólogos. En su mayoría suelen ser diálogos o coloquios, lo que aumenta ese porcentaje varias veces. Por poner un ejemplo significativo de la dificultad que supone para el traductor la sintetización de las frases con la menor merma del mensaje, imaginemos una cena donde hay cinco comensales: todos hablan y opinan al mismo tiempo, se interrumpen y dicen algo relevante para el argumento. Cinco personas pueden generar un volumen de unas veinte o treinta palabras por segundo, pero el subtitulador sólo cuenta con dos renglones para dos personajes (no es posible introducir más de dos personajes en un subtítulo). La pérdida de información es enorme. El traductor debe dar prioridad al suministro de información al espectador sobre cualquier otra cosa. Y eso significa sintetizar, adaptar extremadamente o suprimir muchos elementos retóricos connaturales al habla: marcadores de discurso, onomatopeyas, titubeo, tartamudeo, acentos de tipo regional o social, localismos y dialectalismos, ironía, parresia, dislalias, disfasias o ecolalias propias de un personaje, circunlocuciones intencionadas, elipsis, omisiones, etcétera.

 

El traductor ante el subtítulo

Es casi inherente al hecho de ser traductor el crecerse ante la adversidad así que una labor que en principio resulta tan árida y limitadora del contenido como la subtitulación se convierte en un reto lingüístico realmente interesante.

Presento a continuación, de modo muy breve, cuatro pequeños ejemplos de subtítulos problemáticos o interesantes para el traductor por sus características. No son los mejores, pero sirven como referencia de otros similares con mayor o menor complejidad. Para simplificar la comprensión del ejemplo, incluyo el texto original, una primera traducción o pretraducción, el número de caracteres (esto es, 'toda letra, número, signo, símbolo o espacio') al que tiene que limitarse el subtitulador, y mi traducción final.

Aunque no todos los profesionales trabajamos de la misma forma, yo acostumbro a hacer una traducción natural del texto (pretraducción) y, tras una lectura analítica, comienzo a sintetizarlo, a «podarlo» suprimiendo aquellos elementos que me permitan constreñir la traducción hasta encajarla en el número de caracteres óptimo. El método —que no es otra cosa que un sistema interiorizado y mecánico de síntesis sintáctica— podría dividirse en estas partes: en primer lugar se eliminan pleonasmos, redundancias, titubeos, interjecciones, onomatopeyas y todo tipo de elementos superfluos que no modifiquen en absoluto el sentido del mensaje; en todo caso su eliminación puede mermar parcialmente el matiz del mensaje (su carácter enfático, irónico, soez, coloquial…). En segundo lugar, se suprimen y abrevian partes de las oraciones que puedan sobreentederse porque el espectador dispone de una información visual que suple dicha carencia. Por último, y en último extremo, se incide en el núcleo mismo de la oración: aquí puede ser necesario variar la conjugación verbal y ubicación del verbo, la sintaxis de la frase, incluir vocablos más breves con el mismo significado o similar, y omitir predicados o sujetos para ser sustituidos por escuetas referencias directas en tercera persona a conceptos o personas que aparecen en pantalla, entre otros.

La aplicación del método no tiene una duración determinada pues es un proceso mental; dependerá del traductor y de la dificultad del subtítulo. Puede ser algo instantáneo o durar varios minutos.

 

1.er ejemplo

Si tenemos un texto que debe permanecer en pantalla unos cuatro segundos y ocupar unos treinta y seis caracteres —el equivalente a un renglón— seguiremos un proceso mental de sintetización que podría visualizarse así (ejemplo real):

Oh-- shit, Jim! I told you to leave it there! Didn't I tell you, you moron!?

Texto original que debe traducirse en 36 caracteres

¡Ah… mierda, Jim! Te dije que lo dejaras ahí.

¡Te lo dije o no, gilipollas?

Pretraducción

Se trata de una traducción natural, sin limitaciones de espacio, con el texto distribuido en dos posibles renglones.

Caracteres utilizados: 76

¡Mierda, Jim! Te dije que lo dejaras ahí.

¿No te lo dije, imbécil?

Primera fase de síntesis

Supresión de onomatopeyas, pausas y simplificación de la sintaxis de la tercera frase.

Caracteres utilizados: 66

Te dije que lo dejaras.

¿No te lo dije, imbécil?

Segunda fase de síntesis

Supresión de la interjección inicial (que es enfática, pero no portadora de mensaje), el nombre del personaje (pues el espectador ya lo conoce) y la referencia al lugar pues también resulta obvio para el espectador en este caso.

Caracteres utilizados: 47

¡Te dije que lo dejaras, imbécil!

Tercera fase de síntesis

Supresión de la repetición para reducir el subtítulo al mensaje principal y dejar el adjetivo peyorativo, con el que un personaje califica al otro.

Caracteres utilizados: 33

 

2.° ejemplo

El subtitulador debe contrastar la ortografía del texto escrito original con el texto hablado, especialmente la puntuación, pues es muy frecuente encontrar que las elipsis, interrupciones y pausas en un diálogo se marquen con dos guiones en guiones estadounidenses (ejemplo: My Good-- Goodness!) y que lo que son puntos —aparte o seguido— indicados en el texto inglés equivalgan en realidad a una coma o punto y coma en español.

Original

Pretraducción

Traducción final

Número de caracteres disponible: 41

-Who the hell did this?

-Intel!

—¿Quién ha hecho esto?

—¡Ponme con el Servicio Secreto!

—¿Quién fue?

—Llama al Servicio Secreto.

En el ejemplo anterior —un diálogo entre un oficial y un agente de policía— nos encontramos con el problema más común en la subtitulación de inglés a español: las frases son generalmente más cortas y es común emplear abreviaturas, abreviaciones o apocopar términos conocidos para el público original que pueden no serlo para el público hispanohablante. En este ejemplo, tuve que optar por el pretérito indefinido para poder ahorrar unos caracteres. En el segundo renglón aparece la palabra Intel, que el oficial dice al operador telefónico de su comisaría mientras imita con la mano la forma de un teléfono. Intel es una abreviación de Intelligent Service/Office.

 

3.er ejemplo

Los estadounidenses memorizan y emplean con mucha frecuencia siglas y acrónimos no sólo para nominar instituciones y organismos, sino objetos y conceptos cotidianos.

Originales

Pretraducción

Traducción final

1.I'll have a BLT, please.

2.NYPD, NYFD…

3.Profession? "SOB"

1. Póngame un bocadillo de panceta, lechuga y tomate.

2. Policía y bomberos de Nueva York.

3. ¿Profesión? Hacer el hijo de puta.

1.Póngame un bocadillo.

2.Policía y bomberos.

3.¿Profesión? Hijoputa.

En el ejemplo anterior tenemos tres casos reales cuya traducción final tuvo que ser muy sintetizada por cuestiones de espacio: 1) blt son las siglas de Bacon, Lettuceand Tomato. 2) nypd y nyfd son las siglas del New York Police Department y del New York Fire Department. En España los bomberos y la policía no forman parte de un departamento sino que suelen depender de la concejalía de seguridad ciudadana. El nypd viene a equivaler a nuestra policía municipal, aunque su estructura y cometidos varían. 3) sob son las siglas de Son Of a Bitch.

 

4.° ejemplo

En este último ejemplo se da otro de los problemas habituales en la traducción audiovisual (este problema también afecta al doblaje) por la mezcla de brevedad y referencias culturales no fácilmente reconocibles.

Originales

Pretraducción

Traducción final

1.Strippers ain't at work yet.

2. Sure, "Mr. Rasheed Wallace".

1. Aún no ha abierto el local de strip-tease.

2. Sí, claro, don Rasheed Wallace.

1.La discoteca está cerrada.

2.Claro, "Michael Jordan".

En el primer caso, dos chicos de barrio marginal están aburridos y hablan sobre qué cosas pueden hacer a las seis de la tarde. Uno de ellos dice esa frase, pero la velocidad a la que hablan ambos —interrumpiéndose, creando elipsis y dejando frases inconclusas— y el nivel tan coloquial de su diálogo hace difícil redactar subtítulos conexos. Dado que la siguiente escena se ambienta en la discoteca en la que bailan unas chicas que se desnudan, opté por omitir la referencia al extranjerismo strip-tease por tres motivos: 1) me permitía atenerme al número de caracteres; 2) la información visual posterior dejaba claro que en la discoteca a la que se referían había ese tipo de espectáculo, y 3), la inclusión de un extranjerismo cuya grafía pueda no ser inmediatamente reconocida por el espectador puede distraerlo en la lectura de los subtítulos, que debe ser fluida y constante. De ahí que los traductores, en ocasiones, debamos conculcar algunas normas ortográficas en aras de la máxima legibilidad del texto.

El segundo caso del ejemplo procede de una película similar. Dos jóvenes negros se mofan de un tercero porque dice que juega bien al baloncesto, pero es evidente que su estatura es inferior a la media así que lo moteja llamándolo «Rasheed Wallace», nombre de un conocido jugador de baloncesto… en los Estados Unidos. Es muy importante tener en cuenta que es un personaje conocido para casi todos los estadounidenses, independientemente de si son aficionados al baloncesto. Y hago hincapié en esto porque este jugador podrá ser conocido por una minoría de hispanohablantes seguidores del baloncesto, pero no para casi todos (sería como hablar de Cruyff o Maradona en España). El traductor tiene que tomar una decisión importante: traducir una broma y lograr que surta el mismo efecto en español. Es necesario trasladar, por tanto, el efecto cómico y la referencia cultural que produce este efecto; por eso opté por sustituir un jugador por otro muy conocido, pero sobre todo, muy conocido por los destinatarios de mi traducción.

No hay ninguna fórmula estricta ni ningún manual de estilo sobre cómo hacer esto. Es algo que depende enteramente del traductor y de su sensibilidad, conocimiento del entorno y capacidad para lograr ese efecto. En ocasiones, esas referencias culturales, políticas o humorísticas se pierden porque no podemos sustituirlas por otras estadounidenses conocidas. El uso de referencias locales (españolas) debe hacerse con sumo cuidado porque eso implica sacar al espectador inmediatamente del contexto y, quizá por eso es algo que está casi exclusivamente ligado a ciertos programas de humor.

Paradójicamente, el logro de un buen traductor de subtítulos es pasar inadvertido, ahora que se habla tanto de la «invisibilidad de los traductores». Nuestro cometido es redactar un texto que sea tan fluido y armonioso con la imagen que el espectador no note el esfuerzo de lectura que está haciendo.


Xosé Castro Roig. (www.xcastro.com) Traductor e intérprete de inglés desde 1989, especializado en traducción informática y audiovisual. Ha impartido cursos en casi todas las facultades de traducción públicas y privadas de España sobre traducción especializada, ejercicio profesional, ortotipografía básica para traductores, etcétera. Colaborador de la sección Trujamán del Centro Virtual Cervantes y creador-moderador de TRAG, la mayor lista de traductores audiovisuales.


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