En las entrevistas con gente de moda que salen en los semanarios,
el entrevistador suele introducir sus preguntitas indicando que
se encuentra en la suite tal del hotel cual esperando a la estrella
de turno. Cuando aparece la estrella, el entrevistador la encuentra
mucho más natural en persona que en sus pelis, y suele
añadir algún comentario bienintencionado sobre la
sencillez y elegancia del entrevistado, su buena disposición
a responder a todo y la cara de jet lag que lleva el pobrecillo.
Como no soy entrevistador avisado, lo único que puedo
contar para introducir el asunto es que el día que fui
a Barcelona a casa de José Martínez de Sousa para
entrevistarlo por cuenta de La Linterna del Traductor hacía
un tiempo de perros y casi me defunciono con el embotellamiento
que me tocó aguantar en la autopista. Pepe, como un ángel
de la guarda, me esperaba con paraguas a la puerta de su casa
y me gestionó, con su mano izquierda de gallego de El Rosal,
un aparcamiento en el mismo garaje donde él guarda su coche.
El Señor lo bendiga: si para aparcar llego a tener que
dar más vueltas de las que ya di en esa Barcelona de locos,
en hora punta y día de lluvia, creo que tiro la toalla
y me vuelvo a casa; ahora, en lugar de leer esto estaríais
leyendo lo que el equipo de redacción hubiera podido encontrar
para llenar el hueco de la entrevista.
Pero Pepe Martínez de Sousa, además de escoltarme
caballerosamente con su paraguas desde el aparcamiento a través
de multitud de charcos, me hizo pasar a su despacho, atiborrado
de libros hasta el techo, y se dispuso a contestar a todas mis
preguntas. Muchas gracias a él y a su esposa Pilar por
su acogida y por su amistad.
Gracias también a los ocho colegas que se ofrecieron voluntarios
para responder a una serie de preguntas con las que he querido
reflejar la importancia que tiene la labor de José Martínez
de Sousa para los profesionales de la traducción. Sus opiniones
se pueden leer en la segunda parte del artículo.
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Martínez de Sousa |
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