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TRADUCCIÓN EN ESPAÑA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

     REVISTA DE TRADUCCIÓN
Número 5 - Marzo del 2003 - ISSN 1579-5314     
   
Entrevista a José Martínez de Sousa: ocho opiniones
                                                                        >> M. Barbero

 

Varios colegas han tenido la amabilidad de contestar a la siguiente encuesta sobre el uso de la obra de Martínez de Sousa entre traductores y revisores. Aquí tenemos sus respuestas (publicadas por riguroso orden de recepción). Unos han accedido a aparecer aquí con nombres y otros han preferido que su opinión se mantenga anónima. Doy las gracias a todos por su buena disposición.

Preguntas a traductores y correctores sobre la obra de José Martínez de Sousa

1) Si un colega novato te pregunta quién es Martínez de Sousa, ¿qué le dices? ¿Recomendarías sus libros? ¿Para qué le sirven a un traductor/corrector los libros de Martínez de Sousa?

2) ¿Qué libros de Sousa conoces tú? ¿Hay alguno que uses con especial
frecuencia?

3) ¿Qué te gusta de los libros de Martínez de Sousa que más utilizas? ¿Qué es lo que no te gusta nada de nada?

4) ¿Usas los libros de Sousa —mucho/poco/nada— para aclarar
a. cuestiones ortotipográfias
b. léxicas
c. toponímicas
d. de uso gramatical
e. otras

5) ¿Qué otros manuales empleas para resolver tus dudas sobre cuestiones
léxicas, ortográficas y tipográficas en español?

6) Si al hacer una consulta léxica encuentras cuatro opiniones diferentes en

a) El libro de estilo de «El País» y el Manual de español urgente de la
Agencia EFE,
b) en la ortografía de la Real Academia,
c) en una obra de Martínez de Sousa,
d) en otro de tus consejeros favoritos (di cuál),

¿con qué opinión te quedas, y por qué?

7) ¿Qué haces cuando Sousa es el único que recoge una duda que tú tienes, pero no le da la solución que a ti te gustaría?

8) La pregunta del millón para el traductor de la era de Internet: ¿De quién te fías más, de Google, o de Sousa?

9) Y la última: ¿Qué libro que a ti te hace falta tiene que escribir todavía Sousa?

Primera opinión

Montserrat Alberte. Montse es filóloga, desde hace once años trabaja como lexicógrafa y correctora para diferentes editoriales españoles, y codirige una empresa de servicios lingüísticos y editoriales.

1) Le digo que es un sabio de la lengua y de los libros; un hombre con muchísima experiencia en la edición y un gran conocedor del sector editorial. Recomiendo sus libros porque son, sin duda, un lúcido referente al que acudir cuando se desea obtener información real sobre la lengua española. Sus obras sobre edición sirven al traductor/corrector para aprender terminología y cuestiones técnicas que, que yo sepa, no enseñan en ninguna facultad. Sus libros sobre lengua española sirven para solucionar dudas ortográficas, sintácticas y de estilo que, creo, nadie más se plantea y si lo hacen -léase RAE- en lugar de ayudar, complican la cuestión.

2) Conozco más los libros con los que suelo trabajar: Diccionario de tipografía y del libro, Diccionario de usos y dudas del español actual, y Manual de estilo de la lengua española. Éstos son para mí libros de cabecera, viven en mi mesa de trabajo y, si en un ataque de orden, los coloco en la estantería, no tardo nada en volver a tenerlos a mi vera. También considero un buen manual, aunque por definición no lo sea, el Diccionario de lexicografía práctica; cuando te inicias en la lexicografía -en mi caso bastante autodidacta porque en la facultad no me enseñaron nada práctico-, te sirve para saber qué es lo que se debe hacer y por qué.

3) Lo que más me gusta es, como apuntaba antes, que las respuestas que ofrece a las cuestiones no son normativas sino razonadas, y si se puede estar de acuerdo con sus razonamientos o no, pero ahí están, son el resultado de un planteamiento lingüístico, no de una decisión adoptada que se debe cumplir por «real decreto».Lo siento, pero no sé qué es lo que no me gusta nada de nada.

4) Para cuestiones ortotipográficas los uso poco, recurro a él para reconsultar aspectos que se me olvidan y sobre los que siempre dudo (p. ej.: puntos y paréntesis). Para cuestiones léxicas es para lo que más los uso, supongo que porque es el nivel lingüístico más productivo y más «abandonado»: plurales irregulares, extranjerismos, etc. Para cuestiones toponímicas no lo uso, recurro a bases de datos de la UE. Para cuestiones gramaticales lo uso poco y, de hecho, me cuesta encontrar ejemplos; quizás ante algún caso de estructura gramatical que me suena a calco del inglés o del francés (p. ej.: a nivel de, en base a, etc.).

5) También uso, pero menos, el libro Palabras mayores, de Ramón Sol, el Manual de EFE, y el Diccionario de dudas, de Manuel Seco. Y, desde que la Academia ha inaugurado en su web la sección de dudas, también la consulto, aunque no siempre comparto sus decisiones. Para cuestiones ortográficas y tipográficas me quedo con Pepe; la verdad es que para mí es el mejor. Lo intenté con la Ortografía de la RAE, pero no hay color.

6) Suelo quedarme con la de Martínez de Sousa. ¿Por qué? Supongo que porque se basa en el uso real de la lengua y porque, ante las innovaciones, respeta la norma propia de la lengua española sin caer en formas ridículas y artificiales para los hablantes. Si la realidad cambia, la lengua también, y si aparecen nuevos conceptos, el español ha de tener una forma para designarlos, y si la forma que el hablante usa está basada en una forma extranjera, pues es ésta la que es práctica y real. Es absurdo y ridículo negar términos como «párking», o insistir en que whisky sea «güisqui».

7) En mi trabajo como lexicógrafa, pero especialmente como correctora, debo tener una fuente sobre la que basarme, así que, en el caso que planteas, me quedo con la solución de Sousa. Ahora bien, si el cliente para el que me trabajo me da libertad absoluta, intento justificar mi decisión consultando corpus de lengua española.

8) Depende de la cuestión que se me plantee. Me fío de Sousa si es una duda de lengua general; en cambio, si se trata de un término técnico -nuevas áreas o disciplinas-, me suelo fiar más de Google porque creo que está más al día. Es imposible que una persona esté recopilando y reuniendo en algún soporte cada día la actividad de la lengua. La creatividad de todos los hablantes supera la dedicación horaria de cualquier ser humano al respecto.

9) Más que un libro en concreto, me iría muy bien la versión electrónica de su diccionario de dudas y de su manual de estilo; agilizaría muchísimo las consultas.

Sólo me queda añadir que espero que, por su bien, no le nominen para la Academia; me imagino que sufriría mucho al encontrarse solo ante el peligro.

Segunda opinión

Silvia Senz. Silvia Senz lleva trece años trabajando en el mundo editorial como editora, redactora, correctora y traductora, dedicación que compagina con la docencia en posgrados y asociaciones de traductores. Es también autora de la obra para autores y traductores Normas de presentación de originales para la edición (Gijón: Trea, 2001, obra reseñada en el primer número de La linterna del traductor.

1) Le diría que Martínez de Sousa es un reconocido ortógrafo, ortotipógrafo, lexicólogo, lexicógrafo y bibliólogo, al que se considera una autoridad nacional e internacional en todas esas áreas, y sobre cuya labor se apoyan, de forma manifiesta o solapada, obras de estilo y textos académicos tan capitales y de uso tan común como el Manual de español urgente de la Agencia Efe y la reciente Ortografía de la RAE.

Sus libros no son sólo recomendables para traductores y correctores, sino referencia absolutamente obligada, porque en ellos pueden encontrar respuesta razonada a múltiples dudas lingüísticas y tipográficas y porque les permiten conocer los entresijos de todas las materias que tratan, capacitándolos para enfrentarse a cualquier problema que se les plantee, es decir, convirtiéndolos en profesionales de juicio y criterio autónomo y fundamentado.

2) Los conozco todos y los tengo casi todos. Uso muy especialmente el DOLE (Dicc. de ortografía...), el MELE (Manual de estilo...), el DUDEA (Diccionario de usos...), el DOT (Dicc. de ortografía técnica), el DRE (Dicc. de redacción...) y el MEA (Manual de edición...). Consulto a menudo también, pese a no estar actualizado, el Diccionario internacional de siglas y acrónimos. No he consultado nunca por mi profesión el Diccionario general de periodismo.

3) Me gusta su capacidad para abarcar todos los aspectos y todos los ángulos desde los que pueden contemplarse las materias que trata, cómo las analiza y sistematiza, y ese peculiar afán crítico que le lleva a desprenderse de consideraciones vanas o caducas a la hora de establecer criterios. No me gusta nada que el MELE esté en un solo volumen, lo hace menos manejable. Preferiría que se dividiera en dos volúmenes independientes, para facilitar su consulta, y que el primero de ellos —el ordenado por materias— ampliara su contenido ortotipográfico. Pero eso es cosa también del editor (puya para Álvaro).También creo que es un error que su ortografía haya aparecido siempre en forma de diccionario, no sólo porque confunde al lector profano –que suele presuponer que se trata de un diccionario terminológico especializado y no de una obra donde se desarrolla el conocimiento ortográfico—, sino porque la fragmentación y reordenación de la materia que trata complica su lectura y dificulta una visión global de la ortografía española.

4) Constantemente y para todo.

5) Para cuestiones léxicas, consulto además a Seco (Diccionario de dudas y dificultades...) y el DRAE, con reparos. En materia ortográfica, si el cliente me obliga, consulto también a la RAE, pero siempre con espíritu crítico. En materia ortotipográfica y tipográfica existe una muy interesante obra, no publicada en español, de Joan Solà y Josep Pujol (Ortotipografia), que, con matices, merece también frecuente consulta por mi parte. Asimismo, suelo echar mano de diversas gramáticas descriptivas y pasarme periódicamente por la biblioteca para hojear estudios recientes sobre el español, especialmente sobre gramática textual. Y a medida que he avanzado en el conocimiento de mi profesión, a lo cual ha contribuido mucho mi dedicación a la docencia, he dejado completamente de lado las obras de Gómez Torrego y Ramón Sol, porque me han demostrado en la práctica su falta de entidad.

6) Habría que ver y analizar el caso. No siempre sigo a Sousa, especialmente cuando se trata de asumir sus propuestas de reforma ortográfica, muchas de las cuales están aún lejos de aceptarse. Pero sí suelo inclinarme por él más a menudo que por el resto.

7) No soy tan arrogante para anteponer mi criterio al suyo. ¡Muy claro tengo que tenerlo! Lo cierto es que, salvo en alguna cuestión de estética tipográfica, en la que los diseñadores con los que he trabajado han ganado más de una vez la batalla a Sousa, para casi todo lo demás Pepe suele salir victorioso.

8) Jajaja... Para cuestiones de grafía, de Sousa. Fiarse del Google no tiene ningún fundamento.

9) Tiene que poner al día y ampliar varias de sus obras, más que escribir otras nuevas. Hace falta que revise y actualice con urgencia el DUDEA y el DOT, para empezar. Y que no deje nunca de hacer lo propio con el MELE, que es la joya de su bibliografía.

Tercera opinión

Juan José Arevalillo. Juanjo es en la actualidad el director gerente de Hermes Traducciones y Servicios Lingüísticos, S.L., empresa de traducción fundada en 1991. Además, lleva en el sector de la traducción más de 20 años, en los que ha trabajado como autónomo, como comprador de servicios de traducción y, ahora, como proveedor de esos servicios. Junto con su actividad laboral diaria, mantiene estrechas relaciones con el mundo universitario español mediante patrocinios, programas de becarios, seminarios, cursos de posgrado y participación en diversos programas. A finales de 2002, fue nombrado el coordinador del Comité Técnico español que está elaborando la norma de calidad europea para servicios de traducción bajo los auspicios del Comité Europeo de Normalización (CEN), AENOR y la EUATC.

1) Le diría que es la estrella de la ortotipografía española y portador de una opinión razonada, que no se doblega ante la corriente académica porque sí. Sí, recomendaría la mayoría de sus libros porque no se limita a decir su opinión, sino que la argumenta con razones históricas y gramaticales. Sus libros son tremendamente útiles como fuente de consulta autorizada, y además cubren muchos puntos que los manuales académicos pasan por alto o tratan de modo insuficiente. De hecho, una de las primeras cosas que pregunto a los traductores noveles que llegan a Hermes Traducciones, es si conocen a José Martínez de Sousa; si no lo conocen, ya me encargo de que sepan quién es y que lean su Manual de estilo.

2) Conozco casi todos. Usamos el Manual de estilo de la lengua española y el Diccionario de ortografía de la lengua española, por ejemplo.

3) Las explicaciones en lo general y los ejemplos en particular. Quizás a veces sean un poquillo farragosos, pero no por ello carecen de una claridad meridiana. Uno de los aspectos que más me gustan de él es que es capaz de ponerse a la altura de todos los mortales que leen sus obras, sin endiosamientos y con una enorme complicidad; de ahí que resulte mucho más próximo que otros especialistas.

4) Sí, sí. La combinación óptima son los manuales académicos y los manuales de don Pepe, y ahí está el espíritu crítico del traductor para saber discernir. Pues un ejemplo muy típico de esto son los «anglicismos ortotipográficos», que tanto aquejan a los traductores desmañados.

5) También empleamos el DRAE, el Esbozo de la RAE, los manuales de Manuel Seco, los de Leonardo Gómez Torrego, el Manual de Español Urgente de la Agencia EFE y alguno más. Los de ortografía, principalmente, se remiten al Esbozo al ser normativo, aunque con ciertas reservas en algunos casos. Tanto es así, que en algunas ocasiones ambas referencias entran en controversia, y nos decantamos por la opinión de Martínez de Sousa. Para ortotipografía, las «biblias» de don Pepe.

6) Depende de cuál. No tenemos una norma fija: todo depende del nivel de explicación y detalle, y de las necesidades: si es una cuestión puramente normativa, la RAE e, incluso, la Agencia Efe, sin descartar a Martínez de Sousa si es más convincente su postura; si es de uso, Manuel Seco. Hay otros muchos, pero éstas son las referencias primarias.

7) De nuevo depende de cuál es el destinatario. Si el cliente final exige una referencia de autoridad, obviamente a Martínez de Sousa. De lo contrario, puedo defender mi postura con ciertos argumentos. De hecho, en el manual de estilo de nuestra empresa, combinamos un poco de todo, sin olvidarnos del propio genio del idioma.

8) De Sousa. Google hay que cogerlo con alfileres en algunas ocasiones, y hoy en día Internet está abierto a cualquier «autor», independientemente de sus conocimientos, por lo que no todo lo que figura ahí es aprovechable. Como siempre, el sentido común del traductor decide.

9) Yo creo que los ha escrito ya todos; pero no estaría mal uno específico de anglicismos de todo tipo (a lo mejor ya lo tiene) aplicable directamente a la traducción. No sé hasta qué punto llega su conocimiento del inglés, pero sería un maná lingüístico muy sabroso.

Cuarta opinión

1) Le diría, básicamente, que es un bibliógrafo, corrector y lingüista, con mucha experiencia y sentido crítico; y le recomendaría sus obras sobre todo por lo último, por su sentido crítico. Sirven para resolver las dudas y, a largo plazo, para profundizar en los entresijos de la lengua, en su lógica última. Sus libros no se acaban en la duda, a diferencia del de EFE.

2) Conozco el MELE y el DUDEA, y uso los dos, aunque habitualmente son dudas tipo DUDEA. En cambio, el MELE lo abro más cuando no hay dudas, simplemente para aprender.

3) Me gusta que, aparte de la recomendación, incluyen en muchos casos la reflexión y un resumen de los datos; y que, cuando no parece haber una conclusión necesaria, no se la fuerza.

Lo peor, a mi juicio, es la primera edición del MELE, que está llena de erratas, incluso en lugares antipáticos como las propias tablas de consulta. Quizá se haya corregido en la segunda, pero es un libro caro, que no se puede comprar cada día.

4) Cuestiones ortotipográfias, poco. Me surgen pocas dudas (espero que sea en el buen sentido, y no por ignorancia), y las más extrañas las resuelve el libro de estilo de la editorial.

Léxicas, mucho. Incluyo aquí las dudas de sentido (saber si una acepción es correcta o no) y los barbarismos (sobre todo anglicismos), además de las locuciones, que plantean más de un problema (y el DUDEA trae muchas alternativas).

Para cuestiones toponímicas los uso «más que mucho».

Para cuestiones de uso gramatical lo uso poco. Nuevamente, me surgen pocas dudas por mi formación de filólogo, y en ese caso tiendo a consultar las gramáticas, aunque nada está de más..

5) Las gramáticas (el Esbozo y la más reciente) y la ortografía de la RAE, además del libro de estilo de EFE. Para la ortografía, en primer lugar, los diccionarios; para los aspectos tipográficos tengo que atenerme al libro de estilo de la editorial para la que trabajo casi siempre. Aparte, también uso El dardo de la palabra, no tanto para resolver una duda concreta como para ir comprendiendo las tendencias de la lengua actual, como el alargamiento de muchos verbos en -izar, por ejemplo, o también por su defensa de la propiedad del lenguaje.

6) En principio con la RAE, que para eso es la encargada de fijar las normas; el libro de estilo de la editorial, sin embargo, trae preferencias anticuadas que debo respetar por obligación, más que por convencimiento. Si el razonamiento de Sousa me convence, también puedo adoptarlo; me ha pasado sobre todo en el caso de los topónimos y gentilicios.

7) Bueno, consulto a otros compañeros, traductores o lingüistas, para saber hasta qué punto mi oreja es fiel o no. La edad suele traer diferencias en la percepción, y mi lengua no puede ser la misma que la de Sousa. Y en cualquier caso, entiendo que toda la traducción tiene que arrancar de mi sentido del idioma; otra cosa es que este sea flexible y atento o un muermo equivalente a «mi mami lo decía así». Aparte, soy filólogo, así que me corresponde llegar a formarme una opinión propia (que puede ser, tranquilamente, coincidente con Sousa, Seco, Lázaro o quien mejor lo formule). Igualmente, busco documentación, aprovechando el CORDE o el CREA, por ejemplo. También depende de si es una duda propia o suscitada por el corrector, que funciona un poco como detector de impropiedades, posibles ambigüedades, etc. En cualquier caso, los márgenes de todo este movimiento suelen ser cortos; sucede pocas veces, y las diferencias suelen ser escasas.

8) ¿El millón para quién es? Google trae 5700 veces «todabía» y 23200 «haber si».

9) Creo que ya están escritos, y solo hace falta mejorarlos en lo posible, dentro de que me parecen muy buenos. Un DUDEA de tres volúmenes tendría las páginas negras en poco tiempo.

Quinta opinión

1) Pues que es el mayor experto en lexicografía, ortografía, bibliografía y ortotipografía que yo conozco. Que, además, es una persona muy campechana y accesible que siempre tiene una respuesta a tus dudas. Recomendaría sus libros, en general, como herramienta básica para un traductor, casi como libro de cabecera, para solucionar las dudas de español que siempre nos surgen al traducir o simplemente al escribir.

2) Sé que ha escrito muchos libros, pero los que más conozco y he utilizado son el Diccionario de usos y dudas del español actual, el Diccionario de ortografía y, en especial, el Manual de estilo de la lengua española.

3) El que más utilizo es el Manual de estilo de la lengua española y me resulta muy útil porque tiene un poco de todo, estilo, ortografía, bibliología, etc., aunque el propio Sousa recomienda complementarlo con otras obras suyas. Lo que echo en falta en este manual es un índice alfabético; he tenido que llenarlo de post-its para poder buscar rápidamente lo que necesito.

4) Para responder a esta pregunta, creo que será suficientemente significativo enumerar los post-its que, con el tiempo, a raíz de distintas consultas, he ido pegando en el Manual de estilo de la lengua española: problemas de redacción, citas, notas, bibliografía, títulos (obras), anglicismos, locuciones/latinismos, monedas/fracciones, siglas/acrónimos, unidades y topónimos.

5) Tengo el Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española de Manuel Seco, aunque reconozco que no lo utilizo mucho, y el Manual de estilo de El País (por cierto, ¡qué lástima que ya no pueda consultarse en línea!).

6) Depende, cada caso es distinto. Lo que más me gusta de Sousa es que argumenta las decisiones que toma siguiendo casi siempre una misma línea de razonamiento y no se queda en un «es así porque sí». Esto es muy útil cuando el cliente pide justificaciones aunque, en este sentido, hay que tener en cuenta que los clientes sienten una inclinación especial por Real Academia… ¡Yo no lo entiendo!

7) Supongo que tiendo a utilizar mi propia lógica. Me fío mucho de Sousa pero, si no me gustara en absoluto la solución de Sousa y creyera que mi opción es «defendible», no lo dudaría.

8) San Gúguel me encanta, tengo que reconocerlo, pero si Sousa tiene una respuesta, me fío primero de Sousa y luego busco ejemplos en Google.

9) Así a bote pronto no se me ocurre ninguno.

Sexta opinión

César Espinel es traductor especializado en audio, iluminación y fitosanidad.

1) Según el oyente: que ha sido presidente de la Asociación Internacional de Bibliología, que es uno de los ortotipógrafos y lexicógrafos españoles más importantes, que es autor de libros sumamente valiosos para todo aquél que se dedica a escribir... En resumen, que Sousa es una referencia imprescindible... y un buen tipo.

2) Conozco el MELE (Manual de estilo de la lengua española), el DUDEA (Diccionario de usos y dudas del español actual), el DETAG (Diccionario de edición, tipografía y artes gráficas), el Diccionario de lexicografía práctica, el Diccionario de ortografía técnica, y su Reforma de la ortografía española.

Utilizo bastante el MELE, El DUDEA y el DETAG. De los que he citado no utilizo su Reforma de la Ortografía; no estoy de acuerdo con algunos de sus planteamientos y me quedaría inmediatamente sin trabajo si aplicara su propuesta.

3) Aprecio su redacción concisa y clara y su criterio coherente; poder disponer en un solo libro de una gran cantidad de información fiable; la inclusión en el MELE (2ª ed.) del índice alfabético y las correspondencias francés-inglés del DETAG.

Y que no me guste: me pregunto si hay ejemplares del MELE en pasta dura.

4) Los uso continuamente para todas las cuestiones citadas.

5) El Diccionario de dudas de Seco y el manual del DEU (Departamento de español urgente). A veces utilizo los libros de estilo de los distintos periódicos nacionales españoles, unos más que otros. Espero poder disponer, dentro de poco, del libro de estilo que Sousa ha estado preparando para el grupo Correo. Para aspectos tipográficos utilizo también el MADE (Manual de diseño editorial), de Jorge de Buen.

6) Me quedo con la que mejor se adapte a mi propio criterio.

7) Si no me convence la respuesta de Sousa y dispongo de tiempo, procuro cotejar su respuesta con otros especialistas cuya opinión me merezca un respeto. Si no dispongo de tiempo, suelo adoptar lo que Sousa proponga, a menos que esté totalmente en desacuerdo.

8) De Google, claro... pero sólo si me da 2 billones de documentos.

9) Uno que proponga una reforma viable de la ortografía. Una reforma mínima que no haga irreconocible el Quijote.

Séptima opinión

Xosé Castro Roig. Traductor e intérprete de inglés desde 1989, especializado en traducción informática y audiovisual. Ha impartido cursos en casi todas las facultades de traducción públicas y privadas de España sobre traducción especializada, ejercicio profesional, ortotipografía básica para traductores, etcétera. Colaborador de la sección Trujamán del Centro Virtual Cervantes y creador-moderador de TRAG, la mayor lista de traductores audiovisuales.

1) Sí, principal y casi exclusivamente por representar una fuente con entidad con la que contrastar toda la información publicada —académica o pro académica— más o menos documentada.

A un traductor no sólo le sirve sino que le es necesario tener los libros de Sousa porque los traductores hemos usurpado (ora inopinadamente ora voluntariamente) la función que hasta ahora venía ejerciendo el cajista, el tipógrafo, el compaginador o el maquetador, dado que ofrecemos unos textos listos para pasar a fotolito o imprimir directamente. Igual que en la canción «Video killed the radio stars» ('el vídeo acabó con las estrellas de la radio'), «La impresora y el ordenador casi han acabado con los cajistas». Nos hemos sentado en la silla del tipógrafo, pero nadie nos ha dicho qué es la tipografía, que es un arte. Arte diabólica es, dijo torciendo el mostacho. Y así se ven las cagadas que se ven: libros maquetados à la anglese, guiones por rayas, desaparición de las versalitas, etcétera.

2) Conozco y tengo casi todos. Los que más uso son los de ortografía, el del estilo y el de tipografía y del libro. Hay varios suyos prescindibles porque se han quedado antiguos o han sido superados por obras posteriores creadas por él mismo. Pepe es un artista del refrito bien entendido (entiéndase reediciones, reinterpretaciones y reimpresiones).

3) Me gusta la manera de documentar y buscar soluciones en lugar de mirar para otro lado, y de fijarse en lo que se dice en la calle.Lamentablemente para los traductores, a Pepe le falta un gran conocimiento del inglés y del francés, que haría su obra mucho más precisa para nosotros porque, a veces, sin saberlo son la causa de algunos errores de los que habla. El refrito que él ha hecho con el contenido de algunas de sus obras hace que la presentación de las entradas o de la información parezca algo extraña o deslavazada. Tengo la sensación de encontrar algunas cosas y no encontrar otras, que a lo mejor sí se describen, pero no en donde yo esperaba.

4) Las que menos uso son las de toponimia y gramática. Las demás, mucho.

5) El de dudas de Seco, combinaciones de diccionarios académicos con diccionarios de uso e Internet, manuales de estilo y tipografía ingleses y estadounidenses. Tengo otros manuales de redacción y estilo empleados en la carrera de periodismo que incluyen cuestiones ortotipográficas. También el Manual de estilo de Ramón Sol.

6) Me quedo con la que considere más apropiada porque seguramente yo tenga una opinión al respecto o me la vaya formando a medida que me documento, pero reconozco que la opinión de Pepe pesa mucho más que las otras.

7) A veces la acepto a regañadientes. A veces, me la salto. No tengo una pauta uniforme. Depende del caso.

8) Joder, qué pregunta: de Sousa. Google es como la estadística: puede servirte para demostrar una cosa... o la contraria. A veces la gente confunde estadística con ciencia y aun con uso. El que una palabra, expresión o forma de decir algo aparezca mucho en Internet no significa que lo diga mucha gente si no, simplemente, que... sale mucho en Internet. En Internet hay millones de páginas redactadas por ágrafos tarugos, con menos cultura que sus paisanos no duchos en Internet. Mi abuela hablaba mejor español que el redactor de cualquier página web media. Yo mismo fui jefe de redacción de una macrocomunidad web (con siete periodistas tecleando sin parar) y producíamos miles de erratas y errores al día. Como siempre, incluso en el lenguaje, hay que pasar los textos por el cedazo para separar la opinión de la información.

9) Un opúsculo dedicado exclusivamente a dudas ortotipográficas, ordenadas como él considerase, pero en el que hubiera apartados de anglicismos ortotipográficos (Atlanta '98...), galicismos (IVéme Conference), extranjerismos en general, descripción de los formatos tradicionales de página inglesa, francesa... el tradicional español, el párrafo, algo de historia de nuestra tipografía, incluso algo transgresor: igual que le da estopa a la Academia, que se la dé a ciertos medios de comunicación (El País, El Mundo...) cuyos manuales de estilo parecen haberse convertido en biblias de estilo, y a Adobe, Quark o Microsoft, la mayor «academia privada de la lengua» pues su programa Word es el más usado por los hispanohablantes de todo el mundo e induce a numerosos errores tipográficos (unidades de medida, grafías...), además de que utiliza una terminología sui géneris mal traducida del inglés: «espacio de no separación» (espacio duro; non-breaking space), «versales» (small caps; versalitas), comillas tipográficas, etcétera.

Octava opinión

1) A Martínez de Sousa lo considero la principal referencia en cuestiones bibliológicas y ortotipográficas del español actual. Aquí en Uruguay, sin embargo, su nombre es poco conocido, por lo cual a menudo debo «presentarlo» y recomendar su obra. Si bien soy principalmente correctora, también hago trabajos de diseño editorial, y en ambos campos hay libros de Sousa que ningún profesional serio puede desconocer.

2) Al alcance de mi mano tengo el Diccionario de tipografía y del libro, el Diccionario de bibliología, el Diccionario de redacción y estilo, el Manual de edición y autoedición (MEA), el Diccionario de usos y dudas del español actual (DUDEA), el Manual de estilo de la lengua española (MELE) y el Diccionario de ortografía técnica, que creo que es el que he abierto mayor número de veces.

3) En general, aprecio especialmente su precisión y exhaustividad: es raro quehaya casos o aspectos que no contemple en el tratamiento de determinadoasunto. Por otra parte, la estructura de diccionario que tiene la mayoría desus libros suele resultar muy práctica, aunque tengo algún problema con lasentradas del MELE, una obra completísima pero en la que me cuesta encontrarlo que busco. El DUDEA tiene la virtud —poco común entre los diccionariosde dudas— de que no se limita a registrar palabras, sino que incluye gran cantidad de locuciones. Y siento particular cariño por el MEA, un libro hermoso que enseña a hacer libros.

4) Los uso —unos más que otros— para todo eso y además para aclarar dudas de bibliología y diseño editorial. Pero hago una diferencia: mientras que encuestiones léxicas y gramaticales Martínez de Sousa es una valiosa fuente deconsulta, en ortotipografía y bibliología lo considero _la_ autoridad. No conozco otro autor que pueda comparársele.

5) Para resolver dudas léxicas y ortográficas en general recurro a Seco, Moliner, Gómez Torrego y Olsen y Zorrilla, y he ido formando una pequeña biblioteca de obras de consulta más específicas (topónimos, lunfardo, ciencias sociales...). Sobre tipografía consulto a menudo el Manual de diseño editorial de Jorge de Buen.

6) Depende de la clase de texto de que se trate, del editor, del lector queimaginemos y, desde luego, de la opinión que me parezca más razonable y defendible.

7) Casi siempre logra convencerme, pero Sousa es español y yo soy rioplatense,por lo cual ciertos usos que él considera extraños o aberrantes pueden sermúsica para mis oídos, y viceversa. La decisión es mía.

8) Según para qué. Google es un indicador de uso; Sousa seguramente tiene mejores argumentos..

9) O reescribir. Me encantaría una puesta al día del Diccionario de tipografía y del libro, de 1974, que la revolución tecnológica ha convertido casi en una curiosidad.