El traductor entre la realidad y la soledad
>> Leandro Wolfson
Entrevista a José Martínez de Sousa
>> M. Barbero
El timonel ilusorio
>> Margarita Montalvo
Pan para hoy
>> Blanca Rodríguez
La abogada del diablo: 60 minutos (sin Nicholas Cage)
>> Isabel Hoyos
La calamitosa preparación de intérpretes de conferencia en España
>> Sergio Viaggio
Traducción, cultura y modas
>> Fernando Pérez Montero
Editorial
Cartas al director
Historia de la traducción
>> Alberto Ballestero
De buen rollo
>> Álex Kramer 
Herramientas para traductores
>> Sergi Álvarez y Ramón Ordax
Reseñas
>> Fer Vidal y Pilar Saslow
Sección bibliográfica
>> Fer Vidal
Escríbenos
Suscripciones
Colaboradores

 

Página albergada gratuítamente por


RED ESPAÑOLA DE I+D

 


TRADUCCIÓN EN ESPAÑA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

     REVISTA DE TRADUCCIÓN
Número 5 - Marzo del 2003 - ISSN 1579-5314     
   
El timonel ilusorio                                 
>> Margarita Montalvo                  

 

Este es un comentario acerca de mi experiencia como autora, traductora e ilustradora de los poemas infantiles que incluí en mi primer libro, Zoológico de Poemas / Poetry Zoo. El proceso es intrigante. Es difícil establecer dónde comienza una tarea y empieza la otra. Nunca se sabe si el timonel es el autor, el traductor o el dibujante.

Escribir los poemas fue, sin duda, lo más fácil. Traducir escuetamente el contenido, o sea, el sentido de cada verso tampoco fue difícil. Lo que era harina de otro costal era lograr que la traducción rimara y tuviera gracia. Fue al llegar a ese punto que la versión en inglés comenzó a cobrar vida, a tener fuerza, a quererse inmiscuir sin permiso de la poetisa en el contenido y en la imagen del poema original.

A los audaces traductores de poesía no les queda más remedio que seguir luchando hasta que el sentido del poema cuadre con la rima, ya que su labor parte de un producto cementado. Yo, en cambio tenía flexibilidad mientras supuestamente capitaneaba el proceso de traducción porque las dos versiones del poema, la española y la inglesa, se iban cuajando al unísono. Si me atascaba podía cambiar el original, aunque a veces me resistía y rehusaba transformarlo. Pronto me percaté de que creerme el timonel era ilusorio. La traducción de un verso, la cual había salido bastante bien, comenzaba a forcejear con el original hasta que se proclamaba ganadora. A la poetisa, o al poema en español no le quedaba otro remedio que aceptar la fortaleza del contrincante desconocido.

Al igual que con cualquier tipo de traducción, había que tomar en cuenta no solamente cómo se dice cada palabra en el otro idioma, sino las implicaciones culturales de esa palabra. Como advierte Marina Orellana, “... una vez que se han captado las ideas, corresponderá expresarlas en la forma más adecuada, o en la que más convenga, sin dejarse contaminar por el idioma original ni forzarlo”. El verso con el cual comienza mi librito parecía fácil de traducir hasta que llegué a la última palabra: sal. El poema termina diciendo que los poemas que van volando tiran “granitos de sal”. En la cultura hispana la sal es símbolo de gracia. A una mujer sin gracia se le considera en Puerto Rico como una “jaba sin sal” aunque sea una beldad. Un poeta español (cuyo nombre se me escapa) llamó al Guadalquivir “el río de la gracia y el salero”. Salt no se entiende en esos términos y hasta puede tener connotaciones negativas o de falsedad. ¡Al infierno con la sal! Tuve que rebuscar hasta encontrar algo granoso que impartiera sabor y color. Después de muchos intentos y horas de trabajo, di con golden spice.

Otro ejemplo de diferencias culturales fue el abanico. En El pavo real, hay una señora que cierra y abre un abanico. Traducirlo fue fácil. El “ruiqui, ruiqui, cierra y abre” del abanico lo traduje sin dificultad. Al terminar la traducción se la di a leer a una amiga anglosajona y me comentó: “no entiendo lo del open close it, close and open”. El único tipo de abanico que ella podía visualizar era el que aquí se ve corrientemente, el que en Puerto Rico llamamos “pandereta”. Era imprescindible que de algún modo resolviera ese problema. La ilustración vino al rescate. No fue necesario hacer ningún cambio en el texto. Le mostré el poema ilustrado con una dama antigua que llevaba un enorme abanico español e inmediatamente se le despejaron las dudas. La ilustración se encargó de cerrar la brecha cultural.

Hubo ocasiones en que el dibujo no vino únicamente a llenar huecos sino a salvarme. Como ya dije antes, traducir el significado era sencillo. Otra parte de ese mismo poema decía simplemente, “Cuando el calor del verano más y más lo hacía sudar...”, lo cual había traducido: “And while he sweated profusely under the hot summer sun”, lo cual estaba bastante cerca del original sin que la rima fuese un problema, pero estaba desabrido, le faltaba “sal”. Por suerte el editor para la versión en inglés -Seth Biderman-- (un muchacho joven y talentoso) tenía un ojo clínico. Fue él quien me señaló que la solución adecuada yo misma la había provisto en la ilustración: yo había pintado un pavo junto a un charco de sudor. Entendí inmediatamente a lo que se refería y cambié/cambiamos la versión inglesa a: “When the summer grew too hot his sweat made pools on the sand”. Sin embargo, no cambié el original, o tal vez éste prefirió continuar como Dios lo había echado al mundo.

En otro poema, El chivito marinero, fue también la ilustración la que nos sugirió que se cambiara el inglés y eventualmente el español. El chivito de la ilustración estaba sonriente, lo cual le impartía cierto encanto. La ilustración insistió silenciosa en que se cambiara el final en ambos idiomas para que terminaran con sonrisas. Primero cambié el inglés: “...with grins of joy on his lips”. A la versión española no le costó más remedio que darse por vencida y terminó diciendo: “sonriente y con mucho amor”. Después de estos cambios volví a mirar la ilustración y vi picardía en la sonrisa del chivito.

Al traducir otros poemas a veces me salía un concepto que se apartaba de la idea original pero que tenía más valor para enseñarles un concepto provechoso a los niños. Cuando eso sucedía, la traducción sacaba a patadas la idea original. Fue así como en El león del pelucón surgió el aspecto compasivo de las leonas, descartando su aspecto original que era un tanto vengativo. El inglés las convirtió en criaturas que unidas reclamaban sus derechos y que solamente se proponían darle una lección al león que se burlaba de ellas por ser tan pelonas. Esa idea sólo estaba implícita (muy implícita) en español. Fue con el inglés que la idea afloró en las dos versiones. El poema ahora dice:

“The lionesses decided
to show how kind they could be,
and in a whisk tightly knitted
a fabulous hairpiece.

They used his very own hair,
for they’d saved it all along,
waiting for that brighter moment
when his mocking would be gone.”


La lucha por mejorar la traducción de un poema cuando ya casi me había dado por vencida me obligó a veces a alejarme del original y a hacerle cambios. Hubo momentos en que el inglés venció al español, en que la traductora derrotaba a la autora, forzándola a hacer ciertos cambios para elevar el mensaje original o para embellecer la imagen. Esta es la ventaja que tiene el traducir la obra de uno mismo, especialmente cuando el original todavía no ha cuajado del todo. La desventaja es que cuando uno cree haber terminado con el original hay que forjarlo de nuevo.


Margarita Montalvo nació en San Juan, Puerto Rico, y reside en Albuquerque, Nuevo México. Es traductora autónoma y trabaja como intérprete judicial para el tribunal del Segundo Distrito Judicial de Nuevo México. En el 2002 publicó Zoologico de Poemas / Poetry Zoo. Este libro infantil de fábulas poeticas en español e inglés fue ilustrado también por ella.