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TRADUCCIÓN EN ESPAÑA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

     REVISTA DE TRADUCCIÓN
Número 5 - Marzo del 2003 - ISSN 1579-5314     
   
              Traducción, cultura y modas                
                                                          >> Fernándo Pérez Montero

 

En primer lugar, hemos de reconocer que el texto traducido es a la vez producto y parte de la cultura en la que se inscribe, como lo está toda producción lingüística, escrita u oral, en el contexto en el que es producida. Todo texto depende de su entorno de producción; se enraíza en la situación comunicativa, depende de ella y la modifica al mismo tiempo con su propia existencia, del mismo modo que los seres vivos necesitamos y modificamos nuestro entorno ecológico. Como decía André Lefevre, “mi concepto de traducción es muy amplio y se aproxima al concepto de traducción como reescritura”.

El traductor debe reconocer que su posición entre culturas le ofrece una atalaya única. Pero es imprescindible, sin embargo, que su conocimiento del contexto de origen recibido a través de experiencias sea lo bastante amplio para que su visión del mundo sea lo más similar posible a la del autor del texto que traduce. Si debatiéramos el término fundamentalismo, veríamos que no tiene el mismo significado en culturas y religiones comunes, dado que en la mayoría de los países del Islam aplican dos lógicas: una, la de los derechos humanos (caso de Túnez e India), y la otra, la de los valores tradicionales (Arabia Saudí, Irán, Kuwait...). De ahí que el término comentado sea objeto de debate. Para Occidente, este término se ha simplificado excesivamente, dado que va asociado a extremismo, cuando no a terrorismo.

El lenguaje se halla esencialmente enraizado en la realidad de la cultura, la vida tribal y las costumbres de un pueblo, y por tanto no puede ser explicado sin constantes referencias a esos contextos. Eso ocurre con infinidad de vocablos en nuestra querida lengua castellana, o española, como otros prefieren.


El inglés, idioma universal

Por mucho que nos pueda molestar, el carácter universal de la lengua inglesa es uno de los aspectos relacionados con la variedad lingüística que considero imprescindible para la enseñanza de la traducción. El mundo actual toma el inglés como vehículo de comunicación en la mayor parte del comercio internacional, en las nuevas tecnologías, en las publicaciones científicas y técnicas... Hoy, en la red de redes que es Internet, son millones las páginas que se consultan cada día. Y esto no es más que el futuro lingüístico.

    Fernando Lázaro Carreter

Por tanto, tan importante como repasar las diferencias entre el inglés británico y el norteamericano, es estudiar las otras variedades del inglés de las antiguas colonias británicas. Es la misma consecuencia del español con nuestras antiguas colonias.

La influencia de términos anglosajones ha proliferado en demasía en España, manteniendo una virginidad lingüística envidiable en la mayoría de los países hispanoparlantes. A pesar del mayor auge de nuestra lengua en la mayoría de los continentes, las modas han proliferado en la sociedad española, sin apenas poner medios lingüísticos correctores, con el disgusto subsiguiente de la mayoría de los miembros de la Real Academia de la Lengua Española, pese a que, a excepción de su protesta verbal, no parecen llevar a cabo ninguna otra acción movilizadora.

Quizá el más activo y rebelde ante este statu quo asumido por la lengua es el filólogo y académico Fernando Lázaro Carreter, que no solamente pone en entredicho los nuevos términos tecnológicos, sino que pone en la picota a los medios de comunicación, haciéndoles responsables del empobrecimiento del idioma. Pareja calificación se llevan los políticos, a quienes recuerda que debieran ser los primeros en respetar y no violentar la lengua. En El nuevo dardo en la palabra, publicado hace unos días por la editorial Aguilar, hace un repaso del lenguaje desde la enseñanza primaria a la universitaria, recordando anécdotas de su ingreso en el bachillerato, donde tres faltas de ortografía eran motivo suficiente para suspender el examen de acceso.

Noam Chomsky    

Hace un año aproximadamente el diario El Mundo mandó un pequeño dictado a un Instituto madrileño para conocer fehacientemente la situación de la lengua en nuestro país a tenor de la reforma de la enseñanza que pretendía el Ministerio de Educación, y la respuesta a éste test no pudo ser más escandalosa, por sus carencias, por supuesto.

Un vocablo como PC ilustra claramente los nuevos léxicos tan discutibles como contradictorios que se debaten hoy en las reuniones de nuestros pacientes académicos; lo ajeno del término es ya un síntoma de dificultad de conceptualización, pero no sólo en nuestro país, sino incluso en los Estados Unidos ha suscitado más de una reacción contradictoria. En Noam Chomsky, hispanista relevante y azote de la sociedad americana, encontramos un fiel aliado.

En realidad, quien domina más de una lengua pronto se da cuenta de que cada una de ellas trata de atraerle hacia un terreno distinto, un punto de vista diferente que acaso está determinado por la cultura de la que proviene y a la que está siempre atado cada lenguaje, o acaso dependa de un universo de modelos de enunciados y expectativas retóricas, cuyos límites están ahí, aunque difusos, aunque luego las posibilidades sean infinitas dentro del propio lenguaje.