En primer lugar, hemos de reconocer que el texto traducido es
a la vez producto y parte de la cultura en la que se inscribe,
como lo está toda producción lingüística,
escrita u oral, en el contexto en el que es producida. Todo texto
depende de su entorno de producción; se enraíza
en la situación comunicativa, depende de ella y la modifica
al mismo tiempo con su propia existencia, del mismo modo que los
seres vivos necesitamos y modificamos nuestro entorno ecológico.
Como decía André Lefevre, “mi concepto de
traducción es muy amplio y se aproxima al concepto de traducción
como reescritura”.
El traductor debe reconocer que su posición entre culturas
le ofrece una atalaya única. Pero es imprescindible, sin
embargo, que su conocimiento del contexto de origen recibido a
través de experiencias sea lo bastante amplio para que
su visión del mundo sea lo más similar posible a
la del autor del texto que traduce. Si debatiéramos el
término fundamentalismo, veríamos que no
tiene el mismo significado en culturas y religiones comunes, dado
que en la mayoría de los países del Islam aplican
dos lógicas: una, la de los derechos humanos (caso de Túnez
e India), y la otra, la de los valores tradicionales (Arabia Saudí,
Irán, Kuwait...). De ahí que el término comentado
sea objeto de debate. Para Occidente, este término se ha
simplificado excesivamente, dado que va asociado a extremismo,
cuando no a terrorismo.
El lenguaje se halla esencialmente enraizado en la realidad de
la cultura, la vida tribal y las costumbres de un pueblo, y por
tanto no puede ser explicado sin constantes referencias a esos
contextos. Eso ocurre con infinidad de vocablos en nuestra querida
lengua castellana, o española, como otros prefieren.
El inglés, idioma universal
Por mucho que nos pueda molestar, el carácter universal
de la lengua inglesa es uno de los aspectos relacionados con la
variedad lingüística que considero imprescindible
para la enseñanza de la traducción. El mundo actual
toma el inglés como vehículo de comunicación
en la mayor parte del comercio internacional, en las nuevas tecnologías,
en las publicaciones científicas y técnicas... Hoy,
en la red de redes que es Internet, son millones las páginas
que se consultan cada día. Y esto no es más que
el futuro lingüístico.
Por tanto, tan importante como repasar las diferencias entre
el inglés británico y el norteamericano, es estudiar
las otras variedades del inglés de las antiguas colonias
británicas. Es la misma consecuencia del español
con nuestras antiguas colonias.
La influencia de términos anglosajones ha proliferado
en demasía en España, manteniendo una virginidad
lingüística envidiable en la mayoría de los
países hispanoparlantes. A pesar del mayor auge de nuestra
lengua en la mayoría de los continentes, las modas han
proliferado en la sociedad española, sin apenas poner medios
lingüísticos correctores, con el disgusto subsiguiente
de la mayoría de los miembros de la Real Academia de la
Lengua Española, pese a que, a excepción de su protesta
verbal, no parecen llevar a cabo ninguna otra acción movilizadora.
Quizá el más activo y rebelde ante este statu
quo asumido por la lengua es el filólogo y académico
Fernando Lázaro Carreter, que no solamente pone en entredicho
los nuevos términos tecnológicos, sino que pone
en la picota a los medios de comunicación, haciéndoles
responsables del empobrecimiento del idioma. Pareja calificación
se llevan los políticos, a quienes recuerda que debieran
ser los primeros en respetar y no violentar la lengua. En El nuevo
dardo en la palabra, publicado hace unos días por la editorial
Aguilar, hace un repaso del lenguaje desde la enseñanza
primaria a la universitaria, recordando anécdotas de su
ingreso en el bachillerato, donde tres faltas de ortografía
eran motivo suficiente para suspender el examen de acceso.
Hace un año aproximadamente el diario El Mundo mandó
un pequeño dictado a un Instituto madrileño para
conocer fehacientemente la situación de la lengua en nuestro
país a tenor de la reforma de la enseñanza que pretendía
el Ministerio de Educación, y la respuesta a éste
test no pudo ser más escandalosa, por sus carencias, por
supuesto.
Un vocablo como PC ilustra claramente los nuevos léxicos
tan discutibles como contradictorios que se debaten hoy en las
reuniones de nuestros pacientes académicos; lo ajeno del
término es ya un síntoma de dificultad de conceptualización,
pero no sólo en nuestro país, sino incluso en los
Estados Unidos ha suscitado más de una reacción
contradictoria. En Noam Chomsky, hispanista relevante y azote
de la sociedad americana, encontramos un fiel aliado.
En realidad, quien domina más de una lengua pronto se
da cuenta de que cada una de ellas trata de atraerle hacia un
terreno distinto, un punto de vista diferente que acaso está
determinado por la cultura de la que proviene y a la que está
siempre atado cada lenguaje, o acaso dependa de un universo de
modelos de enunciados y expectativas retóricas, cuyos límites
están ahí, aunque difusos, aunque luego las posibilidades
sean infinitas dentro del propio lenguaje.