Tal y como hemos comentado
en el editorial, la mayoría de los correos que recibimos
en La linterna del traductor provienen de gente que nos
pide consejo sobre sus primeros pasos en la profesión.
Este tipo de preguntas es también muy habitual en la lista
de distribución Traducción en España, donde
muchos de sus miembros han dado ya muy buenos consejos.
Este artículo es el producto de las sugerencias
de muchos de los miembros del citado foro junto con alguna aportación
personal. Se ha estructurado en torno a cinco grandes puntos que
no pretenden ser la panacea del éxito, pero sí una
pequeña ayuda para todos aquellos que desean adentrarse
en el mundo de la traducción profesional.
1. Redactar un currículo en todas
las lenguas de trabajo
 |
A quien
reciba tu currículo puede interesarle más de
qué
ordenador y programas dispones que si tienes permiso de
conducir. |
Este es el primer paso obvio, pero habrá
que prestarle una especial atención. Estaremos ofreciendo
nuestros servicios como profesionales de la lengua, lo cual hace
que sea fundamental cuidar al máximo la presentación,
redacción y ortografía del mismo, ya que se trata
de nuestra primera carta de presentación antes incluso
de una hipotética prueba de traducción.
En mi opinión, es preferible un currículo
especializado donde se le dé una mayor importancia a los
detalles relacionados con la profesión de traductor frente
a otros detalles poco importantes en este caso. Por ejemplo, a
quien reciba tu currículo puede interesarle más
de qué ordenador y programas dispones que si tienes permiso
de conducir (al menos en caso de ofrecerte como traductor autónomo).
¿Se trata de hacerle propaganda gratuita a algunos fabricantes
de componentes informáticos? No, se trata de indicar qué
sistema operativo utilizas, si tienes un ordenador capaz de manejar
sin problemas una presentación en Power Point de 50 Mb,
si dispones de alguna herramienta de traducción asistida...
Deberemos redactar un currículo no sólo
en la lengua materna, sino también en las demás
lenguas de trabajo, ya que posiblemente contactemos con clientes
que desconocen o no conocen bien el idioma hacia el que traducimos.
Dado que son muy pocos los casos en los que un traductor tiene
un conocimiento de la lengua extranjera como si de su lengua materna
se tratase, lo aconsejable es que un hablante nativo de esta lengua
haga una revisión del currículo. No hay que olvidar
que un par de errores ortográficos, terminológicos
o una expresión confusa podrían dar al traste con
nuestras expectativas.
2. Registro de un dominio: la importancia
de la imagen
El contar con un dominio propio ofrece dos ventajas
fundamentales. Por un lado, nos permitirá tener una dirección
fácilmente recordable y que se asociará con nuestro
nombre, y creo que no hace falta destacar la importancia de que
alguien sepa tu nombre cuando está pensando en a quién
llamar para encargarle una traducción. Por otro lado, una
dirección con un dominio propio da una imagen de profesionalidad
que te puede hacer ganar unos puntos de entrada. Quizás
esto no parezca muy importante, pero hay que tener en cuenta que
muchas veces el cliente nunca llega a ver en persona al traductor,
por lo que hay que buscar otras maneras de causar una buena impresión.
3. Establecer unas tarifas en función
de nuestras expectativas y no de una necesidad puntual
Ya has enviado unas cuantas cartas de presentación
y empiezan a llegar las primeras respuestas. En ellas, lo habitual
es que te pidan tu currículo (si no lo has enviado ya),
tus tarifas y que te pregunten si estarías dispuesto a
hacer la prueba de traducción que adjuntan.
Por lo que he hablado con otros compañeros
que empezaban en la profesión, un error típico es
variar las tarifas en función de la necesidad de conseguir
trabajo en ese momento, es decir, pedir más dinero cuando
se está más o menos ocupado y menos cuando se lleva
un tiempo sin recibir ningún encargo. Una de las primeras
cosas que observaremos es que, en la mayoría de las ocasiones,
las agencias no contestan inmediatamente, sino que lo hacen cuando
por cualquier necesidad necesitan ampliar o renovar su grupo de
colaboradores externos y se ponen en contacto contigo cuando ya
ni te acuerdas de que les habías escrito. Por ello, es
aconsejable llevar algún tipo de registro de las empresas
con las que se ha contactado, la persona a la que se dirigió
la carta de presentación, qué tipo de traducción
suelen hacer si es que se especializan en algún ámbito
en concreto, la tarifa propuesta en su momento...
De todas formas, no creo que variar las tarifas
en función de la necesidad sea una buena idea. Tal y como
comentaba anteriormente, puede que no recibas una respuesta hasta
haber transcurrido unos meses y quizás en ese momento tu
situación sea totalmente distinta y no te parezcan aceptables
las tarifas “a la desesperada” que propusiste entonces.
Lo aconsejable es que cada uno recapacite sobre lo que aspira
a ganar teniendo muy en cuenta las palabras que puede traducir
cada día a un ritmo normal y todos los gastos asociados
a la profesión (Seguridad Social, luz, teléfono,
conexión a Internet, diccionarios, hardware, software...)
y que a partir de ello fije unas tarifas que considere adecuadas
para cumplir este objetivo.
4. La prueba de traducción, que no
de velocidad
Aquí nos encontramos con otro error típico:
pensar que si devolvemos la prueba de traducción en un
par de horas daremos la impresión de que somos muy rápidos.
A un cliente serio no le interesa un traductor extremadamente
rápido, sino una persona que sea capaz de entregar una
traducción de calidad dentro de un plazo razonable. La
gran ventaja que nos ofrecen las pruebas es que, en la mayoría
de las ocasiones, el plazo no será fijo, algo que deberemos
aprovechar para revisar perfectamente todo y buscar posibles trampas
en el texto. Hay que tener en cuenta que, de entrada, se nos va
a valorar por la traducción de unas 300-500 palabras, por
lo que un par de errores motivados por las prisas pueden hacer
que tu currículo pase al olvido como tantos otros.
Además, hay que tener en cuenta que en muchos
casos pasarán unos días antes de que corrijan la
citada prueba, lo que hace que tenga aún menos sentido
haber perdido la posibilidad de revisarlo todo detenidamente.
También son muy típicas las preguntas
en torno a la extensión de una prueba de traducción.
Las 300-500 palabras de las que hablaba anteriormente es lo que
me he encontrado con mayor frecuencia, pero es algo bastante variable
en función del cliente. Lo que sí que está
claro es que la traducción no remunerada de un capítulo
de un libro o de dos mil palabras no es una prueba de traducción
sino un abuso.
5. Una época de poco trabajo es una
oportunidad para hacer otras cosas
Antes comentábamos que muchas veces se cae
en el error de bajar las tarifas en épocas de escasez de
trabajo. Lo primero que habría que hacer en estos casos
es reflexionar sobre los motivos que nos han llevado a esta situación.
Muchas veces se deberá simplemente a que el trabajo de
autónomo suele tener una serie de altibajos, y la clave
está en aprovechar los momentos en los que se dispone de
más tiempo para hacer otras cosas. Durante este tiempo
siempre hay cosas que hacer: actualizar tu currículo, buscar
clientes nuevos, crear o actualizar tu página web, ampliar
tus conocimientos sobre los temas de los que sueles traducir,
ayudar a otros traductores en listas de distribución (cuya
ayuda podremos necesitar en cualquier otro momento) aprender a
manejar determinadas herramientas informáticas (memorias
de traducción, programas para la maquetación de
textos,etc.). Las opciones para estar cada vez más capacitado
(algo que nos llevará a poder optar a más encargos
de traducción) son inagotables y casi siempre mejores que
reducir las tarifas que se establecieron en su momento.
El mejor consejo: no bajar la guardia
Los consejos anteriores no le garantizarán
a nadie que vaya a formar una buena cartera de clientes en poco
tiempo, pero seguro que en algo sí que pueden ayudar. Lo
que debemos tener más presente es que una prueba de traducción
sólo nos abre las puertas hacia un encargo de traducción,
pero serán los sucesivos encargos los que harán
que sigamos trabajando o no para estos clientes. Por ello, nunca
deberemos bajar la guardia y pensar que tenemos ciertos clientes
fijos, ya que el ser traductor autónomo significa estar
bajo una evaluación continua, donde lo más importante
será el mantenimiento de la calidad de nuestras traducciones.