El diario de Elisabeth Jones
>> Isabel Hoyos
El mapa de Texas tiene forma de T
>> Olga Lucía Mutis de Serna
Primeros pasos: algunos consejos
>> Fernando Vidal
Usted sabrá cómo se dice. Al fin y al cabo es el traductor, ¿no?
>> María Barbero
Avivando giles. Tarifas en la Argentina
>> Aurora Humarán
Acreditarse o no acreditarse, esa es la cuestión
>> Ester Cabral
La AGPTI. Traductores e intérpretes de Galicia se unen
>> Mariana Guiadanes
Editorial
Cartas al director
Historia de la traducción
>> Alberto Ballestero
De buen rollo
>> Álex Kramer 
Herramientas para traductores
>> Sergi Álvarez y Ramón Ordax
Cuaderno de bitácora.
De todo para traductores
Reseñas
>> Fer Vidal y Patricia Nóvoa
Sección bibliográfica
>> Fer Vidal
Escríbenos
Suscripciones
Colaboradores
Revista en PDF
Números anteriores

 

Página albergada gratuítamente por


RED ESPAÑOLA DE I+D

 


TRADUCCIÓN EN ESPAÑA

     REVISTA DE TRADUCCIÓN
Número 6 - Junio del 2003 - ISSN 1579-5314     
   
De buen rollo
      >> Alex Kramer


Traductores practicarios

En el mercado de la traducción no existe límite para la capacidad de sorpresa, pero de las instituciones públicas siempre se espera un poco de seriedad, tanto en la contratación como en los procesos de aprendizaje de los llamados becarios, precarios o practicarios.

Pues no. Vemos los requisitos para ser traductor becario en las instituciones europeas y encontramos los siguientes: a) tener un título universitario superior, b) ser menor de 30 años c) poder traducir a su lengua materna a partir de dos lenguas oficiales de la Comunidad y d) no haber realizado un periodo de prácticas en otra institución u organismo de la Unión Europea. Salario: 735 euros.

Todavía se está oyendo el eco de las
carcajadas en el Himalaya.

Obviando que no se exige título de licenciado en traducción e interpretación de ninguna universidad europea, que ya es mucho obviar, podemos pensar rápidamente en personas que reúnan esos requisitos. Me viene un caso a la mente: ingeniero de telecomunicación, 28 años, dominio de inglés y alemán. Voy y se lo propongo. Todavía se está oyendo el eco de las carcajadas en el Himalaya. Lo que cobraría como traductor practicario en las instituciones europeas es algo menos de lo que supone su beca en la universidad mientras hace los cursos de doctorado. Es decir que cobra por estudiar, no por trabajar.

Visto el éxito, empiezo a leer ofertas de practicarios fuera de las instituciones, en el mercado real, y me topo con una que dice: “Si estás interesado en hacer prácticas con nosotros, y estás estudiando la Licenciatura de Traducción e Interpretación, envíanos tu curriculum. Para el puesto se requiere, además de estar estudiando la carrera, nivel Proficiency de Inglés y conocimientos de un segundo idioma. La duración aproximada es de tres meses. Incorporación inmediata. Horario según disponibilidad.” Del salario no se habla. Miro el número de candidatos y leo 46 para una plaza.

Con este panorama no hay espacio para la sorpresa. No sorprende que los recién licenciados trabajen en el mercado negro, ni que los estudiantes hagan durante las prácticas los trabajos que deberían hacer los profesionales. No sorprende que los titulados superiores con conocimientos lingüísticos se dediquen a la traducción, ni que los licenciados en traducción trabajen de cajeros en el súper. No sorprende, pero asusta.