Traductores practicarios
En el mercado de la traducción
no existe límite para la capacidad de sorpresa, pero de
las instituciones públicas siempre se espera un poco de
seriedad, tanto en la contratación como en los procesos
de aprendizaje de los llamados becarios, precarios o practicarios.
Pues no. Vemos los requisitos
para ser traductor becario en las instituciones europeas y encontramos
los siguientes: a) tener un título universitario superior,
b) ser menor de 30 años c) poder traducir a su lengua materna
a partir de dos lenguas oficiales de la Comunidad y d) no haber
realizado un periodo de prácticas en otra institución
u organismo de la Unión Europea. Salario: 735 euros.
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Todavía se está oyendo
el eco de las
carcajadas en el Himalaya. |
Obviando que no se exige
título de licenciado en traducción e interpretación
de ninguna universidad europea, que ya es mucho obviar, podemos
pensar rápidamente en personas que reúnan esos requisitos.
Me viene un caso a la mente: ingeniero de telecomunicación,
28 años, dominio de inglés y alemán. Voy
y se lo propongo. Todavía se está oyendo el eco
de las carcajadas en el Himalaya. Lo que cobraría como
traductor practicario en las instituciones europeas es algo menos
de lo que supone su beca en la universidad mientras hace los cursos
de doctorado. Es decir que cobra por estudiar, no por trabajar.
Visto el éxito,
empiezo a leer ofertas de practicarios fuera de las instituciones,
en el mercado real, y me topo con una que dice: “Si estás
interesado en hacer prácticas con nosotros, y estás
estudiando la Licenciatura de Traducción e Interpretación,
envíanos tu curriculum. Para el puesto se requiere, además
de estar estudiando la carrera, nivel Proficiency de Inglés
y conocimientos de un segundo idioma. La duración aproximada
es de tres meses. Incorporación inmediata. Horario según
disponibilidad.” Del salario no se habla. Miro el número
de candidatos y leo 46 para una plaza.
Con este panorama no hay
espacio para la sorpresa. No sorprende que los recién licenciados
trabajen en el mercado negro, ni que los estudiantes hagan durante
las prácticas los trabajos que deberían hacer los
profesionales. No sorprende que los titulados superiores con conocimientos
lingüísticos se dediquen a la traducción, ni
que los licenciados en traducción trabajen de cajeros en
el súper. No sorprende, pero asusta.