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     REVISTA DE TRADUCCIÓN
Número 7 - Octubre del 2003 - ISSN 1579-5314     
   
Diez etapas en la traducción de unos versos
                                          >> Leandro Wolfson

 

En una nota al pie del libro de Jorge Luis Borges, Discusión (Emecé, 1961), no por azar leo estos versos de Flecker:

O friend unseen, unborn, unknown,
Student of our sweet English tongue,
Read out my words at night, alone:
I was a poet, I was young.

La breve estrofa me toca íntimamente. Averiguo que James Elroy Flecker nació en Londres en l884, murió de tuberculosis en Davos, Suiza, en 1915. Escribió un par de libros de poesía, dos obras teatrales y una novela. Una de las enciclopedias que consulto me cuenta que "persiguió como objetivo la belleza a través del epíteto exacto", y destaca la perfección formal de su lírica. Otra lo llama "poeta personalísimo", "inclasificable", próximo a los parnasianos.
Ya he resuelto, entusiasta, aceptar el reto de la traducción. Por lo demás, en este caso parece cosa sencilla.

 

La métrica y la rima, esto es, la música del poema, penetraron en mi entendimiento junto con el significado de sus palabras; me resulta imposible, entonces, discernir si he captado primero la regularidad métrica, la consonancia de las rimas –sonoras como graves campanadas–, o el rotundo impacto de la línea final, que me hermana con el poeta a través del tiempo y de la muerte. En todo caso, en esa primera compenetración ya supe en mi interior (aunque sólo luego se me explicitase) que la belleza de estos versos estaba estrechamente ligada a la cadencia sonora y a ese abrupto desenlace de la idea, tan simple y a la vez tan estremecedor. Y tuve la certidumbre de que ninguna traducción me complacería jamás que no contuviere esencialmente estos dos elementos.

 

Ahora sí, al releer la estrofa, me detengo en la pauta acentual y silábica. Como se sabe, los versos ingleses se miden menos por sílabas que por "pies"; el pie es una unidad que puede abarcar dos, tres o más sílabas, algunas acentuadas o "tónicas" y otras inacentuadas o "átonas" (o "largas" y "breves", respectivamente). Aquí, el primero y el tercer verso son tetrámetros yámbicos que riman entre sí:

O friend / unseen, / unborn, / unknown
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Read out / my words / at night / alone

donde las barras separan los cuatro pies y el subrayado pretende señalar burdamente las sílabas acentuadas. La regularidad rítmica de estos versos es total.
El segundo y el cuarto también riman entre sí pero su división rítmica es diferente: son una combinación de dos pies trocaicos (acentuados en la primera sílaba del par) y dos yámbicos (acentuados en la segunda):

Student / of our / sweet En /glish tongue
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
I was / a po / et I / was young.

 

A grandes rasgos, tenemos entonces dos grupos de versos de ocho sílabas cada uno, rimados entre sí en la forma "abab", y con una fuerte carga rítmica, producida sobre todo por la idéntica acentuación del primero y tercer versos, por un lado, y del segundo y el cuarto, por el otro.
Trato de imaginar alguna pauta similar en castellano para las rimas; por ejemplo, cuatro versos terminados así:

...ón
...án
...ón
...án

y me lanzo a buscar al azar palabras agudas como tesón, corazón, cartón, algodón... dan, van, verán, mirarán... pregón, telón, varón, razón... Estas listas pronto se me aparecen decepcionantes, ridículas: no hay una sola palabra del poema a la que pueda aplicársele este esquema formal. Renuncio, pues, al tintineo de los significantes y paso al plano de los contenidos.

 

Punto de partida fundamental: ya sé, por experiencia, que al traducir del inglés al castellano el idioma "se estira". El inglés es consonántico y conciso; el castellano es mucho más vocálico y dilatado. Apretura o laconismo por un lado, holgura o facundia por el otro, vuelven impracticable cualquier equivalencia cuantitativa. Nunca un octosílabo nuestro podría traducir un octosílabo. Y amén de estirar el verso, lo más probable es que haya que compendiar el contenido y aun estar dispuesto a renunciar a matices no esenciales.
Con esta salvedad, salgo a la caza de adjetivos, de los que hay muchos en el poema. Decido apuntar especialmente a participios terminados en "-ado" o "-ido", que bien acomodados en los finales de verso, pueden zanjar sin grandes tropiezos el problema de la rima.

"unseen" = no visto, (por extensión) invisible
"unborn" = no nacido, (por lo tanto) inexistente, futuro, venidero
"unknown" = desconocido, ignorado, ignoto, (e incluso) anónimo
"sweet" = dulce, suave, melodioso, grato
"alone" = solo, solitario, retirado, recoleto

"English" no admite muchas variantes fuera de "inglés/inglesa", y para "young" no veo otra posibilidad que "joven", aunque anoto, por si acaso, "juventud".
Tomo el primer verso y practico:

"Amigo no visto, no nacido, desconocido"

es lo más contiguo pero no tiene música ninguna y de entrada me fastidia el sonsonete "...ido ...ido" dentro del verso.

"Amigo invisible, inexistente, ignoto"

me suena mejor, pero "ignoto" es un cultismo pedante y no condice con el liviano discurrir del texto original. Si reemplazo "ignoto" por "desconocido" vuelvo a caer en un engorro insoportable.
Postergo el primer verso y acometo el tercero:

"lee mis palabras en la noche, solo",

o bien

"lee mis palabras en la noche, a solas"

no están del todo mal (aunque, debo confesarlo, me molesta la posibilidad de una cierta insinuación onanista; pero no –me digo–, no hay motivos). Emprendo entonces la persecución de voces que terminen en "-olo" o en "-olas". Es inútil: ¡nada, nada de nada!
A esta altura empiezo a ponerme nervioso. El resultado de mi peregrinación por el léxico me ha dejado casi tan inerme como en la etapa anterior. No hay dos terminaciones adecuables a los finales de verso que rimen entre sí.
Hace un rato la tarea me parecía sencilla, accesible, inmediata; ahora me estoy impacientando y me pregunto si no será utópica.

 

En una última tentativa antes de abandonar la empresa, repaso verso a verso y de pronto se me impone, nítida, esta grácil traducción para el segundo:

"que estudias nuestra dulce lengua inglesa",

fiel al original. De los cuatro versos, es sin duda el que más literalmente se rinde, y la armonía del endecasílabo colabora para que el resultado me plazca. Esta cuarta etapa es decisiva: he optado por una medida, y a partir de aquí ella encuadrará mis búsquedas siguientes. Elegido el endecasílabo, ya no cejaré hasta forjar con él las demás soluciones.

 

No se me escapa la gran dificultad de reproducir los tres adjetivos aliterantes del primer verso:

"...unseen, unborn, unknown"

pero ya dije que estoy preparado para el sacrificio que, bien lo sé, toda traducción inflige. En lo tocante al contenido, hay una redundancia que tal vez obre en mi favor; en efecto, si el amigo es desconocido para el poeta porque no ha nacido aún, es obvio que no puede verlo. Me parece perdonable esta síntesis:

"desconocido amigo inexistente",

pero al punto advierto que

"amigo venidero, no nacido"

es preferible, ya que me será más fácil encontrar una rima consonante para "nacido" que para "inexistente". De hecho, se me presenta ahí mismo, por esa consonancia, una eventual variante para el tercer verso: es mi sexta etapa.

 

"lee mis versos a solas, recluido",

donde falta la noche, resueltamente me desagrada "recluido" por su connotación de encierro y "lee" no transmite la imagen de lectura en voz alta que "read out" propone (y que, ahora lo advierto, es la que despoja al texto original de toda sugerencia de placer privado). Además, "lee" tiene otro problema: debe ser pronunciada en una sola sílaba ("le"), con sinéresis, si se quiere conservar el endecasílabo. Cambiando estos tres factores sucesivamente, llego a:

"di mis versos de noche, recogido"

 


Resumiendo hasta aquí: a partir de un endecasílabo que favoreció una buena solución para el segundo verso, he sonsacado de la letra inglesa dos decorosos traslados para el primero y el tercero, rimados entre sí. Ahora rescato en el comienzo el "Oh" que la sinalefa vocálica permite, y tengo:

"Oh amigo venidero, no nacido,
que estudias nuestra dulce lengua inglesa,
di mis versos de noche, recogido"

Esperanzado, enfrento el último desafío, el contundente verso postrero: la prueba de fuego.

 

Hay dos ideas: "fui poeta, fui joven", y por más que hurgo y revoluciono en mi memoria no hallo el modo de amasarlas mediante mi limitado vocabulario para obtener la tan ansiada rima con "inglesa". Hasta que, cambiando de estrategia, se me ocurre

"un hombre joven, un poeta he sido"

¡El definitorio verso final ha sido hallado! Su no violencia, su acomodamiento casi mágico (con sólo la inversión de los términos) a la tersura de esa doble idea, me emociona. Claro que así la contienda verbal no ha terminado, únicamente ha cambiado el frente de batalla. Rimados el primero y el cuarto, inconmovible el segundo, la escaramuza definitiva se librará en el terreno del verso tercero –de todos, el que menos me conforma en mi versión–.

 


"di mis palabras en la noche, a solas",

o bien

"pronuncia mis palabras en la noche",

o bien

"pronuncia recogido mis palabras"

son simples tanteos, avances destinados de antemano al fracaso por la falta de rima con "inglesa", pero a los que me entrego, a sabiendas de su inoperancia, en actitud exploratoria, como recapitulando el cuadro de situación, las armas y efectivos con que cuento, los resquicios por donde podría intentarse un ataque a fondo para conquistar el último bastión.
Descarto asimismo

"solo, en la noche, mi palabra expresa"

que por un momento me hizo ilusionarme. Es que no se trata de expresar; el poeta pide ser leído en voz alta, recitado, y parte del encanto de su invitación reside justamente en la comunión íntima que el acto de la lectura ofrece.
De repente surge la imagen: un hombre a solas, de noche, leyendo en voz alta. Un hombre ante la noche inmensa:

"dile mis versos a la noche inmensa"

 

La traducción ya está prácticamente concluida. "Inmensa" no es rima perfecta de "inglesa", pero es al menos asonante. Satisface en un ochenta por ciento, digamos, mis apetencias de gracia formal. Es obvio que transgrede la literalidad, ya que en el original no se adjetiva a la noche; es una interpretación, pero concuerda con la idea y con el tono del poema. El resto parece aceptable.
Sin embargo...
Al disponerme a volcar otra vez el primer verso en el papel, me solicitan esos reiterados, insistentes prefijos:

"...unseen, unborn, unknown"

de los que hasta ahora mi versión sólo ha recuperado uno: "no nacido". Pruebo con "no visto, no nacido"; repaso mi argumento previo de la redundancia, me convenzo de que alguien no visto ni todavía nacido es por fuerza desconocido y venidero. Y la métrica me lleva de "no visto" a "no visible":

"Oh amigo no visible, no nacido,
que estudias nuestra dulce lengua inglesa,
dile mis versos a la noche inmensa:
un hombre joven, un poeta he sido."

No es por cierto una traducción perfecta; ninguna traducción poética lo es. ¿Es por ello imposible la traducción poética? No, sólo es utópica, como decía Ortega, y por ende humana. Es un ideal inalcanzable, pero lo que importa no es el arribo sino el trayecto; no el blanco, sino la flecha hacia él tendida. Esta vez ha cumplido para mí la curativa, edificante función de volverme casi posible lo que en un momento me pareció pura utopía.


Nota: Publicado originalmente en "Idiomanía", en octubre de 1992.


Leandro Wolfson leandrow@arnet.com.ar es un traductor científico y literario argentino. Tradujo más de 180 libros y gran cantidad de artículos para revistas especializadas. Desde 1995 lleva a cabo cursos de revisión a distancia para traductores al castellano radicados en Estados Unidos y otros países. Es autor de numerosos artículos sobre traducción.