En una nota al pie del libro de Jorge Luis Borges, Discusión
(Emecé, 1961), no por azar leo estos versos de Flecker:
O friend unseen, unborn, unknown,
Student of our sweet English tongue,
Read out my words at night, alone:
I was a poet, I was young. |
La breve estrofa me toca íntimamente. Averiguo que James
Elroy Flecker nació en Londres en l884, murió de tuberculosis
en Davos, Suiza, en 1915. Escribió un par de libros de poesía,
dos obras teatrales y una novela. Una de las enciclopedias que consulto
me cuenta que "persiguió como objetivo la belleza a
través del epíteto exacto", y destaca la perfección
formal de su lírica. Otra lo llama "poeta personalísimo",
"inclasificable", próximo a los parnasianos.
Ya he resuelto, entusiasta, aceptar el reto de la traducción.
Por lo demás, en este caso parece cosa sencilla.
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La métrica y la rima, esto es, la música del poema,
penetraron en mi entendimiento junto con el significado de sus palabras;
me resulta imposible, entonces, discernir si he captado primero
la regularidad métrica, la consonancia de las rimas –sonoras
como graves campanadas–, o el rotundo impacto de la línea
final, que me hermana con el poeta a través del tiempo y
de la muerte. En todo caso, en esa primera compenetración
ya supe en mi interior (aunque sólo luego se me explicitase)
que la belleza de estos versos estaba estrechamente ligada a la
cadencia sonora y a ese abrupto desenlace de la idea, tan simple
y a la vez tan estremecedor. Y tuve la certidumbre de que ninguna
traducción me complacería jamás que no contuviere
esencialmente estos dos elementos.
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Ahora sí, al releer la estrofa, me detengo en la pauta acentual
y silábica. Como se sabe, los versos ingleses se miden menos
por sílabas que por "pies"; el pie es una unidad
que puede abarcar dos, tres o más sílabas, algunas
acentuadas o "tónicas" y otras inacentuadas o "átonas"
(o "largas" y "breves", respectivamente). Aquí,
el primero y el tercer verso son tetrámetros yámbicos
que riman entre sí:
O friend / unseen, / unborn, / unknown
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Read out / my words / at night / alone |
donde las barras separan los cuatro pies y el subrayado pretende
señalar burdamente las sílabas acentuadas. La regularidad
rítmica de estos versos es total.
El segundo y el cuarto también riman entre sí pero
su división rítmica es diferente: son una combinación
de dos pies trocaicos (acentuados en la primera sílaba del
par) y dos yámbicos (acentuados en la segunda):
Student / of our / sweet En /glish tongue
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . I was /
a po / et I / was young. |
A grandes rasgos, tenemos entonces dos grupos de versos de ocho
sílabas cada uno, rimados entre sí en la forma "abab",
y con una fuerte carga rítmica, producida sobre todo por
la idéntica acentuación del primero y tercer versos,
por un lado, y del segundo y el cuarto, por el otro.
Trato de imaginar alguna pauta similar en castellano para las rimas;
por ejemplo, cuatro versos terminados así:
y me lanzo a buscar al azar palabras agudas como tesón,
corazón, cartón, algodón... dan, van, verán,
mirarán... pregón, telón, varón, razón...
Estas listas pronto se me aparecen decepcionantes, ridículas:
no hay una sola palabra del poema a la que pueda aplicársele
este esquema formal. Renuncio, pues, al tintineo de los significantes
y paso al plano de los contenidos.
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Punto de partida fundamental: ya sé, por experiencia, que
al traducir del inglés al castellano el idioma "se estira".
El inglés es consonántico y conciso; el castellano
es mucho más vocálico y dilatado. Apretura o laconismo
por un lado, holgura o facundia por el otro, vuelven impracticable
cualquier equivalencia cuantitativa. Nunca un octosílabo
nuestro podría traducir un octosílabo. Y amén
de estirar el verso, lo más probable es que haya que compendiar
el contenido y aun estar dispuesto a renunciar a matices no esenciales.
Con esta salvedad, salgo a la caza de adjetivos, de los que hay
muchos en el poema. Decido apuntar especialmente a participios terminados
en "-ado" o "-ido", que bien acomodados en los
finales de verso, pueden zanjar sin grandes tropiezos el problema
de la rima.
"unseen" = no visto, (por extensión) invisible
"unborn" = no nacido, (por lo tanto) inexistente, futuro,
venidero
"unknown" = desconocido, ignorado, ignoto, (e incluso)
anónimo
"sweet" = dulce, suave, melodioso, grato
"alone" = solo, solitario, retirado, recoleto
"English" no admite muchas variantes fuera de "inglés/inglesa",
y para "young" no veo otra posibilidad que "joven",
aunque anoto, por si acaso, "juventud".
Tomo el primer verso y practico:
| "Amigo no visto, no nacido, desconocido" |
es lo más contiguo pero no tiene música ninguna y
de entrada me fastidia el sonsonete "...ido ...ido" dentro
del verso.
| "Amigo invisible, inexistente, ignoto" |
me suena mejor, pero "ignoto" es un cultismo pedante
y no condice con el liviano discurrir del texto original. Si reemplazo
"ignoto" por "desconocido" vuelvo a caer en
un engorro insoportable.
Postergo el primer verso y acometo el tercero:
| "lee mis palabras en la noche, solo", |
o bien
| "lee mis palabras en la noche, a solas" |
no están del todo mal (aunque, debo confesarlo, me molesta
la posibilidad de una cierta insinuación onanista; pero no
–me digo–, no hay motivos). Emprendo entonces la persecución
de voces que terminen en "-olo" o en "-olas".
Es inútil: ¡nada, nada de nada!
A esta altura empiezo a ponerme nervioso. El resultado de mi peregrinación
por el léxico me ha dejado casi tan inerme como en la etapa
anterior. No hay dos terminaciones adecuables a los finales de verso
que rimen entre sí.
Hace un rato la tarea me parecía sencilla, accesible, inmediata;
ahora me estoy impacientando y me pregunto si no será utópica.
En una última tentativa antes de abandonar la empresa, repaso
verso a verso y de pronto se me impone, nítida, esta grácil
traducción para el segundo:
| "que estudias nuestra dulce lengua inglesa", |
fiel al original. De los cuatro versos, es sin duda el que más
literalmente se rinde, y la armonía del endecasílabo
colabora para que el resultado me plazca. Esta cuarta etapa es decisiva:
he optado por una medida, y a partir de aquí ella encuadrará
mis búsquedas siguientes. Elegido el endecasílabo,
ya no cejaré hasta forjar con él las demás
soluciones.
No se me escapa la gran dificultad de reproducir los tres adjetivos
aliterantes del primer verso:
| "...unseen, unborn, unknown" |
pero ya dije que estoy preparado para el sacrificio que, bien lo
sé, toda traducción inflige. En lo tocante al contenido,
hay una redundancia que tal vez obre en mi favor; en efecto, si
el amigo es desconocido para el poeta porque no ha nacido aún,
es obvio que no puede verlo. Me parece perdonable esta síntesis:
| "desconocido amigo inexistente", |
pero al punto advierto que
| "amigo venidero, no nacido" |
es preferible, ya que me será más fácil encontrar
una rima consonante para "nacido" que para "inexistente".
De hecho, se me presenta ahí mismo, por esa consonancia,
una eventual variante para el tercer verso: es mi sexta etapa.
| "lee mis versos a solas, recluido", |
donde falta la noche, resueltamente me desagrada "recluido"
por su connotación de encierro y "lee" no transmite
la imagen de lectura en voz alta que "read out" propone
(y que, ahora lo advierto, es la que despoja al texto original de
toda sugerencia de placer privado). Además, "lee"
tiene otro problema: debe ser pronunciada en una sola sílaba
("le"), con sinéresis, si se quiere conservar el
endecasílabo. Cambiando estos tres factores sucesivamente,
llego a:
| "di mis versos de noche, recogido" |
Resumiendo hasta aquí: a partir de un endecasílabo
que favoreció una buena solución para el segundo verso,
he sonsacado de la letra inglesa dos decorosos traslados para el
primero y el tercero, rimados entre sí. Ahora rescato en
el comienzo el "Oh" que la sinalefa vocálica permite,
y tengo:
"Oh amigo venidero, no nacido,
que estudias nuestra dulce lengua inglesa,
di mis versos de noche, recogido" |
Esperanzado, enfrento el último desafío, el contundente
verso postrero: la prueba de fuego.
Hay dos ideas: "fui poeta, fui joven", y por más
que hurgo y revoluciono en mi memoria no hallo el modo de amasarlas
mediante mi limitado vocabulario para obtener la tan ansiada rima
con "inglesa". Hasta que, cambiando de estrategia, se
me ocurre
| "un hombre joven, un poeta he sido" |
¡El definitorio verso final ha sido hallado! Su no violencia,
su acomodamiento casi mágico (con sólo la inversión
de los términos) a la tersura de esa doble idea, me emociona.
Claro que así la contienda verbal no ha terminado, únicamente
ha cambiado el frente de batalla. Rimados el primero y el cuarto,
inconmovible el segundo, la escaramuza definitiva se librará
en el terreno del verso tercero –de todos, el que menos me
conforma en mi versión–.
| "di mis palabras en la noche, a solas", |
o bien
| "pronuncia mis palabras en la noche", |
o bien
| "pronuncia recogido mis palabras" |
son simples tanteos, avances destinados de antemano al fracaso
por la falta de rima con "inglesa", pero a los que me
entrego, a sabiendas de su inoperancia, en actitud exploratoria,
como recapitulando el cuadro de situación, las armas y efectivos
con que cuento, los resquicios por donde podría intentarse
un ataque a fondo para conquistar el último bastión.
Descarto asimismo
| "solo, en la noche, mi palabra expresa" |
que por un momento me hizo ilusionarme. Es que no se trata de expresar;
el poeta pide ser leído en voz alta, recitado, y parte del
encanto de su invitación reside justamente en la comunión
íntima que el acto de la lectura ofrece.
De repente surge la imagen: un hombre a solas, de noche, leyendo
en voz alta. Un hombre ante la noche inmensa:
| "dile mis versos a la noche inmensa" |
La traducción ya está prácticamente concluida.
"Inmensa" no es rima perfecta de "inglesa",
pero es al menos asonante. Satisface en un ochenta por ciento, digamos,
mis apetencias de gracia formal. Es obvio que transgrede la literalidad,
ya que en el original no se adjetiva a la noche; es una interpretación,
pero concuerda con la idea y con el tono del poema. El resto parece
aceptable.
Sin embargo...
Al disponerme a volcar otra vez el primer verso en el papel, me
solicitan esos reiterados, insistentes prefijos:
| "...unseen, unborn, unknown" |
de los que hasta ahora mi versión sólo ha recuperado
uno: "no nacido". Pruebo con "no visto, no nacido";
repaso mi argumento previo de la redundancia, me convenzo de que
alguien no visto ni todavía nacido es por fuerza desconocido
y venidero. Y la métrica me lleva de "no visto"
a "no visible":
"Oh amigo no visible, no nacido,
que estudias nuestra dulce lengua inglesa,
dile mis versos a la noche inmensa:
un hombre joven, un poeta he sido." |
No es por cierto una traducción perfecta; ninguna traducción
poética lo es. ¿Es por ello imposible la traducción
poética? No, sólo es utópica, como decía
Ortega, y por ende humana. Es un ideal inalcanzable, pero lo que
importa no es el arribo sino el trayecto; no el blanco, sino la
flecha hacia él tendida. Esta vez ha cumplido para mí
la curativa, edificante función de volverme casi posible
lo que en un momento me pareció pura utopía.
Nota: Publicado originalmente
en "Idiomanía", en octubre de 1992.
Leandro Wolfson leandrow@arnet.com.ar
es un traductor científico y literario argentino. Tradujo
más de 180 libros y gran cantidad de artículos para
revistas especializadas. Desde 1995 lleva a cabo cursos de revisión
a distancia para traductores al castellano radicados en Estados
Unidos y otros países. Es autor de numerosos artículos
sobre traducción.
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