“Usted me está enojando...Usted no quiere verme enojado...”,
repentino y vertiginoso zoom hacia arriba acompañado de
un descomunal gruñido y...CONTINUARÁ. Quienes hayan
visto la versión cinematográfica del Increíble
Hulk a cargo del director taiwanés Ang Lee, se habrán
fijado en que las últimas líneas de uno de los más
destacados estrenos veraniegos de Hollywood se pronuncian en rotundísimo
español (con subtítulos en inglés en la versión
original). Si bien es cierto que la lengua española en
Estados Unidos a menudo se ve sometida a mutaciones que poco tienen
que envidiar a las que padece la criatura verde (como es el caso
del controvertido spanglish), no lo es menos que su nivel
de aceptación por parte de la sociedad estadounidense está
cambiando a marchas forzadas. En las dos últimas décadas,
he tenido ocasión de presenciar cómo el idioma español
ha pasado de constituir un evidente motivo de recelo y ostracismo,
a perfilarse como un recurso codiciado por los principales sectores
de influencia en este país. La actual explosión
de “latinidad” es fiel reflejo del mayor interés
que las culturas de América Latina y España despiertan
entre la mayoría monolingüe. Sin embargo, por comodidad
o desinformación, todavía existe la lamentable tendencia
a recurrir a la etiqueta de “latino” o “hispano”,
sin diferenciar entre la extensa variedad de culturas hispanohablantes:
así, por estos pagos, el boricua Ricky Martin es latino,
y el malagueño Antonio Banderas también. Y hablando
de latin lovers, me viene a la mente la cómica
escena de un grupo de latinoamericanos, actores de profesión,
parodiando los estereotipos con los que tenían que lidiar
a diario como representantes de “lo latino” en Estados
Unidos: hot!!! passionate!!! intense!!!
exotic!!!
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Aspirante a Hulk al
que, seguramente,
nadie quiere ver enojado. |
En todo caso, a mí hace mucho que nadie me
pregunta dónde queda Barcelona, ni si está al borde
del mar. Desde las Olimpiadas del 92, el comentario casi unánime
acerca de mi ciudad natal ha pasado a ser “Oh, Barcelona,
¡la ciudad que siempre quise visitar!”. Entre el oscarizado
Almodóvar y la madrileña que le robó el corazón
al superídolo Tom Cruise, de un tiempo a esta parte los
españoles disfrutamos de un caché nada despreciable.
Sin ir más lejos, hace poco tuve que explicar a una amiga
de quién es hija Rosario Flores, la “exótica”
protagonista de Hable con ella (¡tremendo desafío
donde los haya, intentar transmitir el alcance cultural de “La
Faraona”!). Por la esquina latinoamericana arrasan Shakira,
Salma Hayek, Benicio Del Toro y el realizador mexicano Alfonso
Cuarón, quien tras el éxito internacional de Y
tu mamá también se encuentra dirigiendo la
próxima entrega de la serie de Harry Potter. Hasta el genial
Robert Duvall se desmarca con Assassination Tango, película
de culto que se me antoja poco más que una excusa para
plasmar el amor del veterano actor por el arte del tango argentino.
No es que la presencia de hispanos en el mundo del espectáculo
estadounidense sea nada nuevo, pero a la última hornada
parece que se le permite conservar su nombre y su temperamento,
sin las exigencias “asimiladoras” de antaño.
Todo ello pese a que, para asegurar un éxito de taquilla,
una película como “Frida” todavía tenga
que rodarse en inglés. Aun así, me atrevo a elucubrar
que si Rita Hayworth hubiese nacido unas décadas más
tarde, en el firmamento de Hollywood brillaría una estrella
llamada Margarita Cansino. Y si no, que se lo pregunten a la López.
A pesar de evoluciones tan destacadas, no hace mucho
me quedé atónita al entrar a una tienda de la cadena
Home Depot (la meca de los aficionados al bricolaje en EE.UU.)
y constatar que la mayoría de los letreros llevaban las
indicaciones en inglés y en correctísimo español.
Tamaño nivel de bilingüismo no me hubiera sorprendido
en según qué ciudad europea, o incluso en la cada
vez más españolizada Nueva York, pero desde luego
en Chicago y alrededores no es la norma. De hecho, en el corazón
de Estados Unidos resulta más habitual toparse con mensajes
como el que da la bienvenida a los feligreses de habla hispana
frente a una iglesia de mi barrio: “No sude sus oraciones,
tenemos aire acondicionado” (fenomenal ejemplo de traducción
literal que pone de manifiesto un rasgo ineludible de la cultura
estadounidense, a saber, su mentalidad fundamentalmente práctica).
Tal y como lo han empezado a reflejar los medios de comunicación,
se considera que el “factor latino” jugará
un papel crucial en la próxima campaña presidencial
en este país. Que nadie se sorprenda si el contingente
hispano de la familia Bush (los sobrinos del actual presidente,
hijos de madre mexicana, a quienes George Bush padre se refirió
en una ocasión como the little brown ones, algo
así como “los morenitos”) pasa a ocupar un
lugar privilegiado en los actos públicos. Toquemos madera
para que se les dé mejor lo de arrancarse por el último
baile de moda que al ex vicepresidente Al Gore, cuya intentona
de Macarena durante la convención del Partido
Demócrata de 1996 hizo derramar mordaces ríos de
tinta en los medios de comunicación del mundo entero. Con
tanto asesor de imagen a su disposición, alguien debería
haberle avisado que lo del livin’ la vida loca
requiere un montón de práctica.
Susana Galilea Nin (sgalilea@ispwest.com
/ www.accentonspanish.com)
se dedica a la traducción desde 1983. Tras diplomarse
por la Escuela Universitaria de Traductores e Intérpretes
(EUTI) de Barcelona, se traslada a la ciudad de Nueva York,
donde trabaja como correctora de estilo y tipográfica
para destacadas agencias de traducción. Ha publicado
artículos en las revistas Dansa-79, Movement Research
Performance Journal, Less Hot Air On Dance y Chicago Learning
Guide. En la actualidad es traductora independiente (inglés,
catalán y gallego al español) y reside en Chicago.