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TRADUCCIÓN EN ESPAÑA

 

 

 

     REVISTA DE TRADUCCIÓN
Número 7 - Octubre del 2003 - ISSN 1579-5314     
   
Hulkeando, que es gerundio.
Vitalidad y desmesuras del idioma español en Estados Unidos
                                                    >> Susana Galilea Nin                


“Usted me está enojando...Usted no quiere verme enojado...”, repentino y vertiginoso zoom hacia arriba acompañado de un descomunal gruñido y...CONTINUARÁ. Quienes hayan visto la versión cinematográfica del Increíble Hulk a cargo del director taiwanés Ang Lee, se habrán fijado en que las últimas líneas de uno de los más destacados estrenos veraniegos de Hollywood se pronuncian en rotundísimo español (con subtítulos en inglés en la versión original). Si bien es cierto que la lengua española en Estados Unidos a menudo se ve sometida a mutaciones que poco tienen que envidiar a las que padece la criatura verde (como es el caso del controvertido spanglish), no lo es menos que su nivel de aceptación por parte de la sociedad estadounidense está cambiando a marchas forzadas. En las dos últimas décadas, he tenido ocasión de presenciar cómo el idioma español ha pasado de constituir un evidente motivo de recelo y ostracismo, a perfilarse como un recurso codiciado por los principales sectores de influencia en este país. La actual explosión de “latinidad” es fiel reflejo del mayor interés que las culturas de América Latina y España despiertan entre la mayoría monolingüe. Sin embargo, por comodidad o desinformación, todavía existe la lamentable tendencia a recurrir a la etiqueta de “latino” o “hispano”, sin diferenciar entre la extensa variedad de culturas hispanohablantes: así, por estos pagos, el boricua Ricky Martin es latino, y el malagueño Antonio Banderas también. Y hablando de latin lovers, me viene a la mente la cómica escena de un grupo de latinoamericanos, actores de profesión, parodiando los estereotipos con los que tenían que lidiar a diario como representantes de “lo latino” en Estados Unidos: hot!!! passionate!!! intense!!! exotic!!!

Aspirante a Hulk al que, seguramente,
nadie quiere ver enojado.

En todo caso, a mí hace mucho que nadie me pregunta dónde queda Barcelona, ni si está al borde del mar. Desde las Olimpiadas del 92, el comentario casi unánime acerca de mi ciudad natal ha pasado a ser “Oh, Barcelona, ¡la ciudad que siempre quise visitar!”. Entre el oscarizado Almodóvar y la madrileña que le robó el corazón al superídolo Tom Cruise, de un tiempo a esta parte los españoles disfrutamos de un caché nada despreciable. Sin ir más lejos, hace poco tuve que explicar a una amiga de quién es hija Rosario Flores, la “exótica” protagonista de Hable con ella (¡tremendo desafío donde los haya, intentar transmitir el alcance cultural de “La Faraona”!). Por la esquina latinoamericana arrasan Shakira, Salma Hayek, Benicio Del Toro y el realizador mexicano Alfonso Cuarón, quien tras el éxito internacional de Y tu mamá también se encuentra dirigiendo la próxima entrega de la serie de Harry Potter. Hasta el genial Robert Duvall se desmarca con Assassination Tango, película de culto que se me antoja poco más que una excusa para plasmar el amor del veterano actor por el arte del tango argentino. No es que la presencia de hispanos en el mundo del espectáculo estadounidense sea nada nuevo, pero a la última hornada parece que se le permite conservar su nombre y su temperamento, sin las exigencias “asimiladoras” de antaño. Todo ello pese a que, para asegurar un éxito de taquilla, una película como “Frida” todavía tenga que rodarse en inglés. Aun así, me atrevo a elucubrar que si Rita Hayworth hubiese nacido unas décadas más tarde, en el firmamento de Hollywood brillaría una estrella llamada Margarita Cansino. Y si no, que se lo pregunten a la López.

A pesar de evoluciones tan destacadas, no hace mucho me quedé atónita al entrar a una tienda de la cadena Home Depot (la meca de los aficionados al bricolaje en EE.UU.) y constatar que la mayoría de los letreros llevaban las indicaciones en inglés y en correctísimo español. Tamaño nivel de bilingüismo no me hubiera sorprendido en según qué ciudad europea, o incluso en la cada vez más españolizada Nueva York, pero desde luego en Chicago y alrededores no es la norma. De hecho, en el corazón de Estados Unidos resulta más habitual toparse con mensajes como el que da la bienvenida a los feligreses de habla hispana frente a una iglesia de mi barrio: “No sude sus oraciones, tenemos aire acondicionado” (fenomenal ejemplo de traducción literal que pone de manifiesto un rasgo ineludible de la cultura estadounidense, a saber, su mentalidad fundamentalmente práctica). Tal y como lo han empezado a reflejar los medios de comunicación, se considera que el “factor latino” jugará un papel crucial en la próxima campaña presidencial en este país. Que nadie se sorprenda si el contingente hispano de la familia Bush (los sobrinos del actual presidente, hijos de madre mexicana, a quienes George Bush padre se refirió en una ocasión como the little brown ones, algo así como “los morenitos”) pasa a ocupar un lugar privilegiado en los actos públicos. Toquemos madera para que se les dé mejor lo de arrancarse por el último baile de moda que al ex vicepresidente Al Gore, cuya intentona de Macarena durante la convención del Partido Demócrata de 1996 hizo derramar mordaces ríos de tinta en los medios de comunicación del mundo entero. Con tanto asesor de imagen a su disposición, alguien debería haberle avisado que lo del livin’ la vida loca requiere un montón de práctica.


Susana Galilea Nin (sgalilea@ispwest.com / www.accentonspanish.com) se dedica a la traducción desde 1983. Tras diplomarse por la Escuela Universitaria de Traductores e Intérpretes (EUTI) de Barcelona, se traslada a la ciudad de Nueva York, donde trabaja como correctora de estilo y tipográfica para destacadas agencias de traducción. Ha publicado artículos en las revistas Dansa-79, Movement Research Performance Journal, Less Hot Air On Dance y Chicago Learning Guide. En la actualidad es traductora independiente (inglés, catalán y gallego al español) y reside en Chicago.