Estimada NN:
Creo que ya llego tarde para tu presentación,
pero de todos modos algo quiero decirte.
Coincido con tu apreciación “intuitiva”
de que la teoría no brinda, salvo raras excepciones,
herramientas muy útiles para resolver casos concretos.
La traducción escrita tiene en
Occidente más de veinte siglos; la traductología
apenas tiene dos o tres décadas. Primera conclusión:
casi todas las traducciones, desde la de la Biblia en adelante,
que enriquecieron la cultura occidental se hicieron sin el auxilio
de una teoría sistemática que pudiera llamarse
tal. Es obvio, entonces, que nadie –salvo algún
profesor de traductología que no sea traductor profesional,
y que quiera conservar su puesto–, puede sostener que
la teoría es necesaria para traducir.
Dicho esto, me gustaría reafirmar
ahora, aunque parezca paradójico, el punto de vista contrario:
la buena teoría es útil y necesaria para: 1) Hacerle
reflexionar al traductor sobre sus propias prácticas
y procedimientos, a la luz de lo que opinan los demás.
2) Construir gradualmente un conjunto de ideas (una ciencia)
que, cuando estén bien depuradas y discutidas, puedan
brindar estrategias, técnicas, instrumentos, hipótesis
de trabajo, etc. Entre otras cosas, esto permitiría acelerar
el proceso de formación y perfeccionamiento, evitándole
a cada traductor individual tener que aprender por el costoso
y dilatado proceso del ensayo y el error. 3) La teoría
me parece necesaria para cualquiera que decida,
no ya traducir, sino enseñar a traducir.
Un marco teórico, una metodología, algunas referencias
bibliográficas de quienes le han precedido, son indispensables
en esa situación.
De hecho, yo he utilizado mucho la teoría
en los tres aspectos, sobre todo en el 3 desde que empecé,
hace ya más de quince años, a tratar de transmitir
mi experiencia a otros.
A veces, ciertas ideas generales (tú
mencionas a los teóricos de la “skopos”
y a Nida, no elegiste mal) no tienen una aplicación inmediata
concreta, pero con el tiempo van moldeando y mejorando nuestro
acercamiento a la tarea.
Coincido también contigo en que
hay herramientas traductológicas más útiles
que la teoría propiamente dicha, como las que tú
nombras (manuales de estilo, etc.) y algunas otras. Por ejemplo,
los libros sobre anglicismos, sobre falsos amigos, sobre estructuras
comparadas, etc. En particular, a mí me han enseñado
mucho los comentarios o críticas sobre traducciones.
A veces esos comentarios pertenecen al propio traductor. El
análisis concreto del proceso por el
cual un traductor profesional llega a sus decisiones me parece
un campo fecundo no muy desarrollado. Mi artículo es
un ejemplo, pero habría muchos más, como los prólogos,
introducciones o notas que diversos traductores importantes
de obras importantes han hecho a lo largo de los últimos
cincuenta años.
Espero haberlos ayudado un poco a ti
y a tus compañeros. Si tienen alguna otra consulta, continuemos
este diálogo a través del océano.