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TRADUCCIÓN EN ESPAÑA

 

     REVISTA DE TRADUCCIÓN
Número 8 - Marzo del 2004 - ISSN 1579-5314     
   
De buen rollo
      >> Alex Kramer


Traductores de tiquetes

Cuando uno es ciudadano del mundo, no suele preocuparse mucho de los papeles, salvo del pasaporte, y eso a veces ocasiona algunos problemas. En mi caso, el problema era que estaba de nuevo en España. La primera vez aterricé en Canarias, hace dos años, y ahora que pretendía quedarme más tiempo lo primero que me dice mi anfitrión es que debo poner en regla mi permiso de conducir.

Nada como acudir a la Jefatura de Tráfico más cercana y hacer los trámites oportunos, así que nada más entrar hago lo que veo que hacen los demás, acercarse al dispensador de números, uno de esos que hay en las carnicerías, para coger mi turno. Levanto la vista y el cartel es claro: “Coja su tique y espere su turno, Gracias”.

De entrada pensé que debía seguir perfeccionando mi español, porque en una frase tan simple ya había una palabra que no reconocía: "tique". Pregunté a mi acompañante español, nativo como una paella, y dudó antes de decir que se refería al número de papel que acaba de coger, el 383 con el primer tres en negrita.

Asombrado aún por el injerto lingüístico, pregunté a mi colega porqué no habían escrito "Coja su número y espero su turno. Gracias.", que era más lógico. Sobre todo viendo que al lado había un contador electrónico que indicaba el número de orden y la ventanilla a la que había que acudir en cada caso. Y además, evitaban poner una coma antes de mayúscula, que tampoco me enseñaron nunca que fuera correcto en español.

Obviamente, no conseguí una explicación lógica, pero me prometí deshacer el entuerto en la biblioteca más próxima. Raudo y veloz acudí a la biblioteca pública del barrio y abrí el DRAE por la palabra "Tique". Y allí estaba ella toda ufana: "Del inglés ticket, en segunda acepción vale, bono, cédula, recibo, billete, boleto, pero nada de número. Retrocedí y busqué "Ticket", pero no estaba. Quizás no fuera la última edición del Diccionario, así que esperé pacientemente en la cola de los ordenadores y por fin pude consultar el DRAE en la página de la RAE, pero la respuesta no dejaba dudas: “La palabra consultada no está en el Diccionario.”

Miré a mi alrededor buscando alguien a quien preguntar por el origen de aquel invento y di con un colombiano que había tenido la misma sensación de ignorancia que yo. Él me explicó que en su país se utiliza "tiquete", no "tique", igual que en otros países de América Central, pero que tuviera cuidado al usarlo, porque en España te pueden "picar el tique" en un tren, pero en Costa Rica “picar el tiquete” es morirse.

Le agradecí la lección y me fui caminando a casa de mi amigo, el indígena paellero, mientras pensaba en la hija de Zeus, que también se llamaba Tique, que significa Fortuna, y tenía el poder de decidir la suerte de cualquier mortal. Yo al menos había tenido la suerte de que me picara la curiosidad, no el tiquete.


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