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     REVISTA DE TRADUCCIÓN
Número 8 - Marzo del 2004 - ISSN 1579-5314     
   
Introducción a la localización, su presencia en el mercado y su formación específica.
Significado de localización
                                                  >> Juan José Arevalillo


Significado de localización

El propio término localización en español ya entraña problemas, porque su significado original se refiere a la determinación de un lugar en que se halla alguien o algo. Un traductor sabrá más o menos de qué se habla cuando escuche esta palabra; pero no el resto de la gente común. Como botón de muestra, diversas empresas de traducción madrileñas recibieron hace unos cinco años una carta en la que se les solicitaba que «localizaran» un programa informático para una agencia matrimonial. Lo que en realidad pretendía la autora de la carta era que se encontrara un programa —en particular, una base de datos relacional— y por ello recurrió a las empresas que anunciaban la localización de software en las páginas amarillas... Si la palabra presenta estas barreras, el concepto no se queda atrás, ya que es un gran desconocido para los no iniciados.

Si buscamos definiciones oficiales, la Localization Industry Standards Association, más conocida por sus siglas LISA (2003: 3) en su Guía de introducción al sector de la localización1 afirma lo siguiente:

Pero, ¿qué es la localización? Para demasiadas personas todavía sigue siendo «simplemente otro proceso lingüístico». ¡Nada más lejos de la realidad! La localización es el proceso de adaptación y fabricación de un producto para que presente el aspecto y el funcionamiento de un artículo fabricado en un país en concreto. Así pues, la localización es la pieza de un rompecabezas comercial mundial que permite que las empresas mantengan negocios en mercados ajenos al suyo original.

En esta definición se pueden atisbar referencias a otros dos procesos que se integran en ese proceso: la internacionalización y la globalización. La primera hace referencia a un paso previo a la localización y busca un diseño de producto lo más neutro posible para que su adaptación técnica y lingüística a un idioma dado no presente problemas. Por otro lado, la globalización, despojada de connotaciones económicas, pretende rodear ese producto adaptado de cuantas funciones y apoyos sean necesarios para que se encuentre presente en el mayor número posible de países o idiomas de los usuarios.

Si recurrimos de nuevo a la Guía de introducción al sector de la localización (LISA, 2003, 15), vemos la confirmación de este particular:

Si la globalización puede definirse como la toma de todas las decisiones técnicas, financieras, administrativas, mercadotécnicas, de personal y de otra índole que sean necesarias para facilitar la localización, la internacionalización permite específicamente que un producto pueda someterse a su localización en sus aspectos técnicos. En otras palabras, un producto internacionalizado no requiere ingeniería ni rediseño traumáticos, en oposición a la adaptación a un idioma o plataforma locales.

Obviamente, la traducción desempeña un papel crucial en todo el proceso de localización, ya que va a ser el escaparate del producto: la primera impresión que proyecta ese programa cuando el usuario informático lo utiliza por primera vez en su lengua propia, quien en ningún momento deberá pensar que se trata de una traducción o adaptación, en la medida en que también lo hayan permitido las vicisitudes técnicas de su diseño.

En un principio, la localización se confundía como un tipo de traducción especializada y se asociaba a la traducción informática. Si bien en sus albores esta creencia podía tener su fundamento, con el desarrollo de la informática esa suposición no tiene razón de ser. Aunque la localización remita en la mayoría de las ocasiones a un contexto informático, los productos sometidos a este proceso son variopintos: desde el programa que controla una sofisticada maquinaria médica hasta el más simple de los juegos de ordenador o los mensajes de un teléfono móvil, la informática no es más que el soporte en el que se asientan dichos productos. De ahí que en este artículo cuando se mencione el proceso de localización, se hará referencia principalmente a programas informáticos.

A nadie se le escapa que estos programas presentan distintos formatos, aunque sus principios de funcionamiento y la base de su apariencia son comunes. Tanto es así, que la localización de sus distintos componentes sigue unas pautas y unas fases más o menos lineales. Como los componentes traducibles de un programa informático se tratarán con mayor detalle más adelante, es importante mencionar las fases de que suele constar un proyecto de localización. Para ello, conviene remitirse a uno de los gurús de la localización, Bert Esselink (2000: 3), que en A Practical Guide to Localization establece los pasos siguientes:

Localization projects usually include the following activities:

  • Project Management
  • Translation and engineering of software
  • Translation, engineering and testing of online help or web content
  • Translation and desktop publishing (DTP) of documentation
  • Translation and assembling of multimedia or computer-based training components
  • Functionality testing of localized software or web applications.

          Empresas de traducción madrileñas recibieron hace unos cinco
          años una carta en la que se les solicitaba que «localizaran» un
          programa informático para una agencia matrimonial.

Si se piensa en las posibles tareas adicionales que se subordinan a las que menciona Esselink, nos podremos hacer una idea del tremendo esfuerzo en tiempo y recursos humanos que pueden ser necesarios para cubrir un proyecto de cierta envergadura. Todas esas actividades están interrelacionadas, por lo que un fallo significativo en la cadena puede dar al traste con el resultado final. De ahí que la gestión –y la figura del jefe de proyecto – sea uno de los aspectos decisivos para llevar el proyecto a buen puerto.

Del mismo modo, en esa serie de actividades puede observarse cómo la traducción no es más que uno de los pasos del proyecto, probablemente el más importante en cuanto a costes y recursos, y no sinónimo de localización. Es de todo punto cierto que la localización conlleva la típica tarea de traducción (por ejemplo, la traducción de la documentación y de la ayuda, de la interfaz gráfica de usuario y de los mensajes de error); sin embargo, debe quedar claro que la traducción supone una sola etapa del proceso de localización, ya que entran en juego la ingeniería del programa, las pruebas, la maquetación y otros procesos como la propia gestión del proyecto y el control de calidad. Por otro lado, el proceso también requiere cierto tipo de conocimientos y técnicas que no son puramente lingüísticas.

Asimismo, otra diferencia clave entre traducción y localización estriba en el hecho de que la traducción tradicional suele ser una actividad que se afronta después de que se ha finalizado un documento en cuestión. En cambio, los proyectos de localización a menudo se ejecutan en paralelo con el desarrollo del producto en sí para permitir la salida simultánea al mercado de varias versiones idiomáticas del producto. Incluso el proceso de traducción de la interfaz puede producirse durante las pruebas beta del producto.

En cualquier caso, la definición de la localización por parte de algunas instituciones anima a pensar sólo en esa adaptación local, pero existe un componente indudablemente comercial, ya que el texto forma parte del propio producto y no es sólo un accesorio. Si bien la traducción de un manual técnico puede ajustarse a la definición de LISA, no quiere eso decir que se trate de localización, una metodología que más bien se suele aplicar a la traducción adaptada de programas informáticos y páginas de Internet. Este campo de especialización presenta significativas diferencias técnicas si se compara con la traducción de un manual de ingeniería, finanzas o mercadotecnia: los textos de la localización describen el producto internamente tal y como es y, además, son el producto en sí y forman parte de su funcionamiento. De ahí que la responsabilidad de la localización deba asegurar el funcionamiento correcto del producto.


1.- Recomendamos la lectura de esta Guía que es un documento informativo en el que se cubre la mayoría de los aspectos que rodean la localización y que puede servir de introducción a sus procesos generales. La Guía puede conseguirse de modo gratuito, en cuatro idiomas, en la página en Internet de LISA, que figura en la bibliografía.

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Juan José Arevalillo (juanjo.arevalillo@hermestrans.com) es Licenciado en Filología Inglesa por la Universidad Complutense de Madrid y Traductor Superior Especializado por el IULMyT. Lleva 21 años en el campo de la traducción y es el director gerente de Hermes Traducciones y Servicios Lingüísticos, empresa de traducción fundada en 1991 (www.hermestrans.com). Participa en numerosos seminarios universitarios y es miembro de pleno derecho de la LISA, la ATA, la ACT y miembro benefactor de la Fundación Pro Real Academia.


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