Significado de localización
El propio término localización en español
ya entraña problemas, porque su significado original se refiere
a la determinación de un lugar en que se halla alguien o
algo. Un traductor sabrá más o menos de qué
se habla cuando escuche esta palabra; pero no el resto de la gente
común. Como botón de muestra, diversas empresas de
traducción madrileñas recibieron hace unos cinco años
una carta en la que se les solicitaba que «localizaran»
un programa informático para una agencia matrimonial. Lo
que en realidad pretendía la autora de la carta era que se
encontrara un programa —en particular, una base de
datos relacional— y por ello recurrió a las empresas
que anunciaban la localización de software en las
páginas amarillas... Si la palabra presenta estas barreras,
el concepto no se queda atrás, ya que es un gran desconocido
para los no iniciados.
Si buscamos definiciones oficiales, la Localization Industry
Standards Association, más conocida por sus siglas LISA
(2003: 3) en su Guía de introducción al sector
de la localización1
afirma lo siguiente:
Pero, ¿qué es la localización?
Para demasiadas personas todavía sigue siendo «simplemente
otro proceso lingüístico». ¡Nada más
lejos de la realidad! La localización es el proceso de
adaptación y fabricación de un producto para que
presente el aspecto y el funcionamiento de un artículo
fabricado en un país en concreto. Así pues, la
localización es la pieza de un rompecabezas comercial
mundial que permite que las empresas mantengan negocios en mercados
ajenos al suyo original.
En esta definición se pueden atisbar referencias a otros
dos procesos que se integran en ese proceso: la internacionalización
y la globalización. La primera hace referencia a
un paso previo a la localización y busca un diseño
de producto lo más neutro posible para que su adaptación
técnica y lingüística a un idioma dado no presente
problemas. Por otro lado, la globalización, despojada de
connotaciones económicas, pretende rodear ese producto adaptado
de cuantas funciones y apoyos sean necesarios para que se encuentre
presente en el mayor número posible de países o idiomas
de los usuarios.
Si recurrimos de nuevo a la Guía de introducción
al sector de la localización (LISA, 2003, 15), vemos
la confirmación de este particular:
Si la globalización puede definirse como la toma
de todas las decisiones técnicas, financieras, administrativas,
mercadotécnicas, de personal y de otra índole
que sean necesarias para facilitar la localización,
la internacionalización permite específicamente
que un producto pueda someterse a su localización en
sus aspectos técnicos. En otras palabras, un producto
internacionalizado no requiere ingeniería ni rediseño
traumáticos, en oposición a la adaptación
a un idioma o plataforma locales.
Obviamente, la traducción desempeña un papel crucial
en todo el proceso de localización, ya que va a ser el escaparate
del producto: la primera impresión que proyecta ese programa
cuando el usuario informático lo utiliza por primera vez
en su lengua propia, quien en ningún momento deberá
pensar que se trata de una traducción o adaptación,
en la medida en que también lo hayan permitido las vicisitudes
técnicas de su diseño.
En un principio, la localización se confundía como
un tipo de traducción especializada y se asociaba a la traducción
informática. Si bien en sus albores esta creencia podía
tener su fundamento, con el desarrollo de la informática
esa suposición no tiene razón de ser. Aunque la localización
remita en la mayoría de las ocasiones a un contexto informático,
los productos sometidos a este proceso son variopintos: desde el
programa que controla una sofisticada maquinaria médica hasta
el más simple de los juegos de ordenador o los mensajes de
un teléfono móvil, la informática no es más
que el soporte en el que se asientan dichos productos. De ahí
que en este artículo cuando se mencione el proceso de localización,
se hará referencia principalmente a programas informáticos.
A nadie se le escapa que estos programas presentan distintos formatos,
aunque sus principios de funcionamiento y la base de su apariencia
son comunes. Tanto es así, que la localización de
sus distintos componentes sigue unas pautas y unas fases más
o menos lineales. Como los componentes traducibles de un programa
informático se tratarán con mayor detalle más
adelante, es importante mencionar las fases de que suele constar
un proyecto de localización. Para ello, conviene remitirse
a uno de los gurús de la localización, Bert Esselink
(2000: 3), que en A Practical Guide to Localization establece
los pasos siguientes:
Localization projects usually include the following activities:
- Project Management
- Translation and engineering of software
- Translation, engineering and testing of online help or web
content
- Translation and desktop publishing (DTP) of documentation
- Translation and assembling of multimedia or computer-based
training components
- Functionality testing of localized software or web applications.
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Empresas
de traducción madrileñas recibieron hace unos
cinco
años
una carta en la que se les solicitaba que «localizaran»
un
programa
informático para una agencia matrimonial. |
Si se piensa en las posibles tareas adicionales que se subordinan
a las que menciona Esselink, nos podremos hacer una idea del tremendo
esfuerzo en tiempo y recursos humanos que pueden ser necesarios
para cubrir un proyecto de cierta envergadura. Todas esas actividades
están interrelacionadas, por lo que un fallo significativo
en la cadena puede dar al traste con el resultado final. De ahí
que la gestión –y la figura del jefe de proyecto –
sea uno de los aspectos decisivos para llevar el proyecto a buen
puerto.
Del mismo modo, en esa serie de actividades puede observarse cómo
la traducción no es más que uno de los pasos del proyecto,
probablemente el más importante en cuanto a costes y recursos,
y no sinónimo de localización. Es de todo punto cierto
que la localización conlleva la típica tarea de traducción
(por ejemplo, la traducción de la documentación y
de la ayuda, de la interfaz gráfica de usuario y de los mensajes
de error); sin embargo, debe quedar claro que la traducción
supone una sola etapa del proceso de localización, ya que
entran en juego la ingeniería del programa, las pruebas,
la maquetación y otros procesos como la propia gestión
del proyecto y el control de calidad. Por otro lado, el proceso
también requiere cierto tipo de conocimientos y técnicas
que no son puramente lingüísticas.
Asimismo, otra diferencia clave entre traducción y localización
estriba en el hecho de que la traducción tradicional suele
ser una actividad que se afronta después de que se ha finalizado
un documento en cuestión. En cambio, los proyectos de localización
a menudo se ejecutan en paralelo con el desarrollo del producto
en sí para permitir la salida simultánea al mercado
de varias versiones idiomáticas del producto. Incluso el
proceso de traducción de la interfaz puede producirse durante
las pruebas beta del producto.
En cualquier caso, la definición de la localización
por parte de algunas instituciones anima a pensar sólo en
esa adaptación local, pero existe un componente indudablemente
comercial, ya que el texto forma parte del propio producto y no
es sólo un accesorio. Si bien la traducción de un
manual técnico puede ajustarse a la definición de
LISA, no quiere eso decir que se trate de localización, una
metodología que más bien se suele aplicar a la traducción
adaptada de programas informáticos y páginas de Internet.
Este campo de especialización presenta significativas diferencias
técnicas si se compara con la traducción de un manual
de ingeniería, finanzas o mercadotecnia: los textos de la
localización describen el producto internamente tal y como
es y, además, son el producto en sí y forman parte
de su funcionamiento. De ahí que la responsabilidad de la
localización deba asegurar el funcionamiento correcto del
producto.
1.-
Recomendamos la lectura de esta Guía que es un documento
informativo en el que se cubre la mayoría de los aspectos
que rodean la localización y que puede servir de introducción
a sus procesos generales. La Guía puede conseguirse
de modo gratuito, en cuatro idiomas, en la página en Internet
de LISA, que figura en la bibliografía.
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Juan José Arevalillo (juanjo.arevalillo@hermestrans.com)
es Licenciado en Filología Inglesa por la Universidad Complutense
de Madrid y Traductor Superior Especializado por el IULMyT. Lleva
21 años en el campo de la traducción y es el director
gerente de Hermes Traducciones y Servicios Lingüísticos,
empresa de traducción fundada en 1991 (www.hermestrans.com).
Participa en numerosos seminarios universitarios y es miembro de
pleno derecho de la LISA, la ATA, la ACT y miembro benefactor de
la Fundación Pro Real Academia.
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