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TRADUCCIÓN EN ESPAÑA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

     REVISTA DE TRADUCCIÓN
Número 8 - Marzo del 2004 - ISSN 1579-5314     
   
Introducción a la localización, su presencia en el mercado y su formación específica.
Componentes principales de un programa informático I
                                                  >> Juan José Arevalillo


En lo que se refiere a la localización, cuatro son los componentes que nos interesan desde el punto de vista del traductor: interfaz de usuario, ayuda en línea, documentación impresa y material complementario. Quedan excluidos de este artículo los procesos complementarios no relativos a la traducción. A continuación se explican las características principales de cada uno de ellos.

Interfaz de usuario

Se trata de la carta de presentación visual del programa. Con toda probabilidad, el usuario, nada más abrir el precinto del paquete, instalará la aplicación y empezará a dar los primeros pasos con ella. A lo sumo, seguirá las indicaciones del manual de instalación para poner el programa en marcha. Este componente es –o debería ser– el primero en traducirse, ya que la terminología empleada en él marcará de modo significativo el resto de los componentes, dadas las continuas referencias que se hacen en la ayuda y la documentación a los menús, cuadros de diálogos y mensajes que se presentan en pantalla.

En cuanto a la traducción es la parte más especializada, ya que puede requerir ciertos conocimientos de programación, aunque existen aplicaciones especializadas que permiten una traducción visual. Antes de abordar las distintas formas de realizar la traducción, es conveniente disponer de una visión general del proceso que recorre un programa desde su escritura en el denominado código fuente hasta que se llega al el archivo ejecutable. Esto es de suma importancia, porque según el método de traducción se utilizarán unos programas u otros, y el proceso cambiará radicalmente, con sus ventajas e inconvenientes.

En la imagen siguiente se pueden ver dichos pasos:

Figura 1: Diagrama de flujo de generación de un archivo ejecutable.

Dentro de la interfaz gráfica de usuario, tres son los componentes principales: menús, cuadros de diálogo y mensajes. En la imagen siguiente se incluye un ejemplo de cada uno de ellos tal y como aparecen en un programa común:

Figura 2: Ejemplos de menú, cuadro de diálogo y cuadro de mensaje.

Método 1: Traducción de archivos de código fuente

Se trata del método de traducción más tradicional, en el que se trabaja con los archivos originales escritos en el código correspondiente (por lo general, el lenguaje de programación C o alguna de sus variantes). Para ello, el traductor debe saber muy bien las características principales del código y, sobre todo, las del texto traducible. Normalmente, ese texto traducible va entre comillas, pero no todo lo entrecomillado es objeto de traducción, ya que se puede encerrar código en ellas.

El problema con este método de traducción reside en el código que circunda al texto. Ese código no debe tocarse bajo ningún concepto, ya que puede dar problemas en la compilación e incluso evitar que ésta se produzca. Un borrado accidental de un solo carácter puede dar lugar a un problema con una función del programa. De ahí que se recomiende el uso de un programa de traducción asistida que proteja el código y que sólo presente para su traducción el texto debido. En la actualidad la mayoría de estos programas dispone de filtros específicos para abordar estas traducciones, siempre con la garantía añadida de respetar la integridad del código próximo. Dentro del texto entrecomillado que sí debe traducirse pueden encontrarse determinados elementos que precisan de un tratamiento especial, como son los aceleradores, los caracteres de control, las variables, los códigos de control, etc. Estos componentes precisan un tratamiento especial cada uno de ellos, por lo que no son objeto de este artículo introductorio a la localización.

Como una imagen vale más que mil palabras, a continuación se muestra un fragmento de código fuente correspondiente a un cuadro de diálogo con su representación visual una vez compilado el programa:

Figura 3: Cuadro de diálogo compilado y con código fuente previo a la compilación.

En la imagen anterior puede apreciarse el código que rodea el texto (por ejemplo, las coordenadas para el trazado de líneas y cuadros, y el tipo de objeto). No es difícil imaginar con qué facilidad puede borrarse o modificarse ese código de modo accidental. La traducción de los archivos de código fuente —también conocidos como archivos de recursos, de su nombre en inglés resource files— supone su compilación posterior para generar un archivo ejecutable o binario (los archivos .EXE) que permiten el funcionamiento del programa. Como se ilustraba en la figura 1, en caso de que se produzcan errores en la compilación, esos errores conocidos en el argot informático como bugs deben corregirse antes de una nueva compilación. De ahí la extrema atención que debe prestar el traductor con este tipo de archivos.

Método 2: Traducción de archivos binarios

En el planteamiento de localización de archivos binarios, todas las actividades se centran en los módulos compilados de la aplicación, en lugar de los archivos de código fuente. Esto es posible gracias a que las herramientas empleadas para este planteamiento reconocen la sintaxis interna de las aplicaciones desarrolladas en lenguaje C/C++, por lo que son capaces de separar para el traductor las cadenas de texto traducibles del código de la aplicación que queda protegido en su totalidad. Esto también supone una reducción importante en el número de archivos y de los trabajos iniciales de preparación. Después de la traducción, tampoco se precisa ninguna compilación, ya que la traducción y la modificación visual del formato se producen directamente en el archivo binario ya traducido, por lo que pueden pasar de inmediato al proceso de control de calidad.

Este planteamiento se vio favorecido por el desarrollo informático en general. De hecho, la manera en que se programa en la actualidad ha cambiado diametralmente en comparación con el método más antiguo, en el que el programador escribía el código, texto, coordenadas, funciones, etc. sin ningún tipo de ayuda que no fuera su propio ingenio y capacidad, y algunas plantillas predefinidas del lenguaje en cuestión. Las exigencias del mercado dieron lugar a la programación orientada a objetos (Object-Oriented Programming, OOP), que indirectamente facilitó la labor del traductor hasta límites insospechados, ya que éste disponía de una ayuda visual para la creación de los archivos de código y de recursos: basta con la selección de los objetos y las características y funciones deseadas (por ejemplo, los botones de un cuadro de diálogo) que se incluyen en un archivo de apariencia gráfica. Al guardar ese archivo, toda esa representación gráfica se convierte internamente en código, que el programador se evita escribir, compatible con la sintaxis del lenguaje de programación en sí; es decir, el programador puede crear un archivo de recursos prácticamente sin saber programación: es suficiente con su intuición para elegir los objetos o elementos visuales correspondientes, puesto que el programa en uso se encarga de la codificación interna, con lo que el programador puede centrarse realmente en el trabajo de diseño y olvidarse de la tediosa labor de picar el código. Este tipo de programación es la que dio origen a los programas de traducción para interfaces de usuario, como Passolo o Alchemy Catalyst, que permiten ver el objeto y el contexto que lo rodea con una representación visual, y no su código. A esta representación se la denomina WYSIWYG (del inglés What You See Is What You Get), y permite traducir las cadenas de texto directamente sobre el menú o cuadro de diálogo y ver el resultado al instante, sin necesidad de otros procedimientos de programación.

No obstante, aunque estos programas facilitan en gran medida la vida del traductor, éste debe conocer el comportamiento de los elementos de la interfaz mencionados con anterioridad (aceleradores, códigos de control, etc.).

Estos programas, específicos para la traducción de interfaces de usuario, presentan, además, otras funciones como la compatibilidad con memorias de traducción y formatos de intercambio, o la generación automática de glosarios de extrema utilidad para la traducción del resto de los componentes, etc. En la imagen siguiente se ofrecen dos ejemplos de pantallas del programa Alchemy Catalyst con un archivo binario abierto que presentan un menú en formato WYSIWYG y en formato lineal respectivamente.

Figura 4: Menú abierto con Alchemy Catalyst en sus dos formatos.

 


Juan José Arevalillo (juanjo.arevalillo@hermestrans.com) es Licenciado en Filología Inglesa por la Universidad Complutense de Madrid y Traductor Superior Especializado por el IULMyT. Lleva 21 años en el campo de la traducción y es el director gerente de Hermes Traducciones y Servicios Lingüísticos, empresa de traducción fundada en 1991 (www.hermestrans.com). Participa en numerosos seminarios universitarios y es miembro de pleno derecho de la LISA, la ATA, la ACT y miembro benefactor de la Fundación Pro Real Academia.


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