En lo que se refiere a la localización, cuatro son los componentes
que nos interesan desde el punto de vista del traductor: interfaz
de usuario, ayuda en línea, documentación impresa
y material complementario. Quedan excluidos de este artículo
los procesos complementarios no relativos a la traducción.
A continuación se explican las características principales
de cada uno de ellos.
Interfaz de usuario
Se trata de la carta de presentación visual del programa.
Con toda probabilidad, el usuario, nada más abrir el precinto
del paquete, instalará la aplicación y empezará
a dar los primeros pasos con ella. A lo sumo, seguirá las
indicaciones del manual de instalación para poner el programa
en marcha. Este componente es –o debería ser–
el primero en traducirse, ya que la terminología empleada
en él marcará de modo significativo el resto de los
componentes, dadas las continuas referencias que se hacen en la
ayuda y la documentación a los menús, cuadros de diálogos
y mensajes que se presentan en pantalla.
En cuanto a la traducción es la parte más especializada,
ya que puede requerir ciertos conocimientos de programación,
aunque existen aplicaciones especializadas que permiten una traducción
visual. Antes de abordar las distintas formas de realizar
la traducción, es conveniente disponer de una visión
general del proceso que recorre un programa desde su escritura en
el denominado código fuente hasta que se llega al
el archivo ejecutable. Esto es de suma importancia, porque según
el método de traducción se utilizarán unos
programas u otros, y el proceso cambiará radicalmente, con
sus ventajas e inconvenientes.
En la imagen siguiente se pueden ver dichos pasos:

Figura 1: Diagrama de flujo de generación
de un archivo ejecutable.
Dentro de la interfaz gráfica de usuario, tres
son los componentes principales: menús, cuadros de diálogo
y mensajes. En la imagen siguiente se incluye un ejemplo de cada
uno de ellos tal y como aparecen en un programa común:
Figura 2: Ejemplos de menú, cuadro de diálogo
y cuadro de mensaje.
Método 1: Traducción de archivos de código
fuente
Se trata del método de traducción más tradicional,
en el que se trabaja con los archivos originales escritos en el
código correspondiente (por lo general, el lenguaje de programación
C o alguna de sus variantes). Para ello, el traductor debe saber
muy bien las características principales del código
y, sobre todo, las del texto traducible. Normalmente, ese texto
traducible va entre comillas, pero no todo lo entrecomillado es
objeto de traducción, ya que se puede encerrar código
en ellas.
El problema con este método de traducción reside
en el código que circunda al texto. Ese código no
debe tocarse bajo ningún concepto, ya que puede dar problemas
en la compilación e incluso evitar que ésta se produzca.
Un borrado accidental de un solo carácter puede dar lugar
a un problema con una función del programa. De ahí
que se recomiende el uso de un programa de traducción asistida
que proteja el código y que sólo presente para su
traducción el texto debido. En la actualidad la mayoría
de estos programas dispone de filtros específicos para abordar
estas traducciones, siempre con la garantía añadida
de respetar la integridad del código próximo. Dentro
del texto entrecomillado que sí debe traducirse pueden encontrarse
determinados elementos que precisan de un tratamiento especial,
como son los aceleradores, los caracteres de control, las variables,
los códigos de control, etc. Estos componentes precisan un
tratamiento especial cada uno de ellos, por lo que no son objeto
de este artículo introductorio a la localización.
Como una imagen vale más que mil palabras, a continuación
se muestra un fragmento de código fuente correspondiente
a un cuadro de diálogo con su representación visual
una vez compilado el programa:

Figura 3: Cuadro de diálogo compilado y con
código fuente previo a la compilación.
En la imagen anterior puede apreciarse el código que rodea
el texto (por ejemplo, las coordenadas para el trazado de líneas
y cuadros, y el tipo de objeto). No es difícil imaginar con
qué facilidad puede borrarse o modificarse ese código
de modo accidental. La traducción de los archivos de código
fuente —también conocidos como archivos de recursos,
de su nombre en inglés resource files— supone
su compilación posterior para generar un archivo ejecutable
o binario (los archivos .EXE) que permiten el funcionamiento del
programa. Como se ilustraba en la figura 1, en caso de que se produzcan
errores en la compilación, esos errores conocidos en el argot
informático como bugs deben corregirse antes de
una nueva compilación. De ahí la extrema atención
que debe prestar el traductor con este tipo de archivos.
Método 2: Traducción de archivos binarios
En el planteamiento de localización de archivos binarios,
todas las actividades se centran en los módulos compilados
de la aplicación, en lugar de los archivos de código
fuente. Esto es posible gracias a que las herramientas empleadas
para este planteamiento reconocen la sintaxis interna de las aplicaciones
desarrolladas en lenguaje C/C++, por lo que son capaces de separar
para el traductor las cadenas de texto traducibles del código
de la aplicación que queda protegido en su totalidad. Esto
también supone una reducción importante en el número
de archivos y de los trabajos iniciales de preparación. Después
de la traducción, tampoco se precisa ninguna compilación,
ya que la traducción y la modificación visual del
formato se producen directamente en el archivo binario ya traducido,
por lo que pueden pasar de inmediato al proceso de control de calidad.
Este planteamiento se vio favorecido por el desarrollo informático
en general. De hecho, la manera en que se programa en la actualidad
ha cambiado diametralmente en comparación con el método
más antiguo, en el que el programador escribía el
código, texto, coordenadas, funciones, etc. sin ningún
tipo de ayuda que no fuera su propio ingenio y capacidad, y algunas
plantillas predefinidas del lenguaje en cuestión. Las exigencias
del mercado dieron lugar a la programación orientada a objetos
(Object-Oriented Programming, OOP), que indirectamente
facilitó la labor del traductor hasta límites insospechados,
ya que éste disponía de una ayuda visual para la creación
de los archivos de código y de recursos: basta con la selección
de los objetos y las características y funciones deseadas
(por ejemplo, los botones de un cuadro de diálogo) que se
incluyen en un archivo de apariencia gráfica. Al guardar
ese archivo, toda esa representación gráfica se convierte
internamente en código, que el programador se evita escribir,
compatible con la sintaxis del lenguaje de programación en
sí; es decir, el programador puede crear un archivo de recursos
prácticamente sin saber programación: es suficiente
con su intuición para elegir los objetos o elementos visuales
correspondientes, puesto que el programa en uso se encarga de la
codificación interna, con lo que el programador puede centrarse
realmente en el trabajo de diseño y olvidarse de la tediosa
labor de picar el código. Este tipo de programación
es la que dio origen a los programas de traducción para interfaces
de usuario, como Passolo o Alchemy Catalyst, que permiten ver el
objeto y el contexto que lo rodea con una representación
visual, y no su código. A esta representación se la
denomina WYSIWYG (del inglés What
You See Is What
You Get), y permite traducir
las cadenas de texto directamente sobre el menú o cuadro
de diálogo y ver el resultado al instante, sin necesidad
de otros procedimientos de programación.
No obstante, aunque estos programas facilitan en gran medida la
vida del traductor, éste debe conocer el comportamiento de
los elementos de la interfaz mencionados con anterioridad (aceleradores,
códigos de control, etc.).
Estos programas, específicos para la traducción de
interfaces de usuario, presentan, además, otras funciones
como la compatibilidad con memorias de traducción y formatos
de intercambio, o la generación automática de glosarios
de extrema utilidad para la traducción del resto de los componentes,
etc. En la imagen siguiente se ofrecen dos ejemplos de pantallas
del programa Alchemy Catalyst con un archivo binario abierto que
presentan un menú en formato WYSIWYG y en formato lineal
respectivamente.

Figura 4: Menú abierto
con Alchemy Catalyst en sus dos formatos.
Juan José Arevalillo (juanjo.arevalillo@hermestrans.com)
es Licenciado en Filología Inglesa por la Universidad Complutense
de Madrid y Traductor Superior Especializado por el IULMyT. Lleva
21 años en el campo de la traducción y es el director
gerente de Hermes Traducciones y Servicios Lingüísticos,
empresa de traducción fundada en 1991 (www.hermestrans.com).
Participa en numerosos seminarios universitarios y es miembro de
pleno derecho de la LISA, la ATA, la ACT y miembro benefactor de
la Fundación Pro Real Academia.
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