Presencia de la localización
en el mercado y su formación específica
Según cálculos de la American Translators Association
(ATA), el 10 % de la producción de traducción mundial
se centra en la traducción literaria. Si esos datos se ajustan
a la realidad actual, dentro de ese 90 % restante la localización
puede disfrutar de una buena porción de la tarta. LISA (2003:
21) en su Guía de introducción al sector de la
localización habla de las cifras siguientes:
LISA considera que el tamaño total del sector de la
localización mundial asciende a un mínimo de 3.700
millones de dólares anuales, con una cifra probable en
torno a los 5.000 millones (algunos cálculos apuntan
más alto a los 15.000 millones de dólares). El
segmento de la tecnología de la información dentro
del sector de la localización por sí sola mueve
cerca de los 10.000 millones de dólares (con la inclusión
de todos los mercados verticales, este número es sustancialmente
superior). Por poner una comparación, las cifras recientes
del tamaño del sector de la traducción se encuentran
entre los 11.000 y los 18.000 millones de dólares (según
la Asociación de Traductores Americanos, ATA) y los 30.000
millones de dólares (según la Comisión
Europea).
De estas cifras se desprende la inmensa importancia que la localización
tiene potencialmente en el mercado de la traducción mundial,
si bien es cierto que la recopilación de datos tanto del
sector de la traducción como de la localización es
muy problemática, ya que no se suelen tener en cuenta los
datos de los departamentos internos de traducción de muchas
empresas y los mercados verticales.
Su extrapolación al mercado español también
es complicada. Según datos facilitados por Enrique Díaz
de Liaño a partir de los registros mercantiles españoles,
en el año 2001 en el epígrafe Servicios de traducción
figuraban 775 empresas (incluidos los traductores autónomos
que aparecían como sociedades de diverso tipo) que declararon
unos ingresos de 71.055.133,58 euros. De ellos, un poco más
de 24 millones —un 34,20 %— los acaparaba una multinacional
de la localización con oficinas en España. El resto
de esa cantidad se repartía entre 154 empresas. Es significativo
resaltar que en el año 2001 había 1.394 sociedades
que se encontraban activas, si bien 619 de ellas no presentaron
cuentas en los registros durante ese año.
Si se considera sólo ese 34,20 %, es fácil calibrar
la importancia potencial del mercado en España, al menos
en términos absolutos oficiales. De ahí que no sería
descabellado suponer que la cuota de la localización se acercara
al 50 % de la traducción no literaria.
De todo esto se desprende que debería existir una equiparación
entre la realidad del mercado y la enseñanza académica,
de modo que la localización tuviera la cobertura precisa
que facilitara la incorporación al mercado de los futuros
traductores. Desgraciadamente, no es así. Pero no es un caso
exclusivo de España, ya que al menos en Europa se constata
una situación similar. En su magnífico artículo
Educating Translators for Success? Inger Larsen (2001),
describe con detalle la conexión entre el mundo real y el
académico aplicable a la traducción en general y a
la localización en general desde la perspectiva de estudiantes,
traductores, empresas y universidades. Ambos mundos están
condenados a entenderse, y se atisban ciertos indicadores de avance
en este sentido... Echemos un vistazo a los inicios de la localización
y su incursión en el mundo universitario.
La localización surgió como una necesidad interna
de las multinacionales informáticas. Paulatinamente, esa
interiorización cedió ante una demanda en crecimiento
y pasó al mercado externo. En esos momentos la formación
se adquiría sobre la marcha a medida que se traducía
o se trabajaba en los departamentos de traducción de las
grandes empresas multinacionales; después, con el modelo
de subcontratación externa, los conocimientos se transmitieron
a los contratistas y colaboradores, y así sucesivamente hasta
llegar a todos los ámbitos de la traducción.
Pero esa formación no tenía ningún carácter
formal: consistía en una preparación práctica
y en una lucha contracorriente en muchos casos. Con la aparición
de LISA y otras organizaciones similares, empieza a tomar forma
la necesidad de una formación más estructurada, incluso
en el ámbito universitario, una formación estructurada
desde dentro del propio mundo de la localización, y no impuesta
desde fuera.
En España, los conocimientos se habían acomodado
en el seno de las empresas de traducción e inicialmente no
tenían intención de salir de su escondrijo. Pero la
proliferación de los programas de traducción asistida
contribuyó sobremanera al conocimiento de otros programas
y metodologías. Gracias a unos contactos incipientes entre
universidad y empresa, y a la concienciación por parte del
mundo académico, se comenzó a fraguar una formación
en localización en el ámbito universitario, aunque
de manera elemental. Ahora se ha pasado de un panorama en el que
la localización se desconocía en absoluto, a otro
en el que ya hace acto de presencia más o menos tímida
en algunos programas universitarios de las licenciaturas de Traducción
e Interpretación, aunque un poco de puntillas, con pocos
créditos y, en la mayoría de los casos, con escasez
de medios técnicos, económicos y de personal cualificado;
incluso en algunos casos con la oposición de los departamentos
universitarios de Informática, que consideran que la localización
es una materia de su área de influencia... De hecho, se empieza
a ver con frecuencia el término tradumática,
que recoge la enseñanza de los programas informáticos
que ayudan a la traducción y en el que la localización
tiene una función preponderante.
Afortunadamente, esa necesidad del mercado ha encontrado una sólida
respuesta en los cursos de posgraduación. Tanto es así,
que varias universidades españolas imparten cursos de posgrado
sobre localización, en los que los alumnos pueden entrar
en contacto con el mundo real que se encontrarán en este
sector. Asimismo, empresas y organizaciones relacionadas directa
o indirectamente con el sector ofrecen formación especializada.
Los que han sufrido los avatares de la localización desde
sus inicios han tardado mucho en ver estos prometedores resultados,
pero supone un reto para todos —universidad, empresas y traductores—
consolidar lo ya conseguido y darle a este campo de especialización
la importancia que realmente tiene para que nadie pueda usurpar
la posibilidad de realizar un trabajo bien hecho en el entorno apropiado,
con los programas adecuados y con los profesionales debidamente
formados.
Conclusión
De todo lo mencionado anteriormente se infiere la gran importancia
que la localización tiene en el mercado actual de la traducción.
Ni el mundo profesional ni el académico pueden hacer caso
omiso de esta realidad. La colaboración entre ambos puede
facilitar la incorporación de los futuros licenciados al
mercado laboral. Además, la localización encierra
muchos aspectos que pueden resultar muy útiles incluso fuera
de sus propias fronteras, ya que muchos de sus programas y metodologías
que permitan mejorar la productividad y el modo de abordar un trabajo
pueden aplicarse a traducciones tradicionales. A este respecto,
quiero recordar las acertadas palabras de Joan Fontcuberta (2000,
88-89), que asegura lo siguiente al referirse a la traducción
de guiones cinematográficos:
De la misma manera que la "traducción a la vista"
no suele darse muy a menudo en la vida profesional del traductor
y, sin embargo, tiene una gran utilidad en la clase, justamente
como ejercicio, así también la traducción
de guiones es recomendable, a nuestro juicio, ya desde los primeros
cursos. A las ventajas apuntadas cabría añadir
alguna más. Por ejemplo, esta modalidad de traducción
enfrenta al alumno con una gran variedad de registros de lengua
que difícilmente verá en otro tipo de textos.
Esto le obliga a utilizar todos los recursos de la lengua de
llegada y, por lo tanto, a pensar y escoger, a documentarse
e investigar y, en definitiva, a enriquecer su acervo lingüístico
y cultural.
Suscribo todas estas afirmaciones y, además, las traslado
a la localización, ya que su práctica supondría
una gimnasia traductológica muy recomendable, no sólo
por la variedad de sus contenidos, sino por el conocimiento técnico
que conlleva y el uso de programas informáticos presentes
en la actividad cotidiana de las empresas de traducción.
Aunque el futuro traductor no se decante por la localización
en su carrera profesional, no cabe ninguna duda de lo beneficiosa
que puede resultarle esta práctica en cuanto a la adquisición
de técnicas y conocimientos que podrá emplear para
otras situaciones con las que, sin duda, se encontrará en
el mundo profesional un día sí y otro también.
Juan José Arevalillo (juanjo.arevalillo@hermestrans.com)
es Licenciado en Filología Inglesa por la Universidad Complutense
de Madrid y Traductor Superior Especializado por el IULMyT. Lleva
21 años en el campo de la traducción y es el director
gerente de Hermes Traducciones y Servicios Lingüísticos,
empresa de traducción fundada en 1991 (www.hermestrans.com).
Participa en numerosos seminarios universitarios y es miembro de
pleno derecho de la LISA, la ATA, la ACT y miembro benefactor de
la Fundación Pro Real Academia.
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