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     REVISTA DE TRADUCCIÓN
Número 8 - Marzo del 2004 - ISSN 1579-5314     
   
Introducción a la localización, su presencia en el mercado y su formación específica.
Presencia de la localización en el mercado y su formación específica
                                                  >> Juan José Arevalillo


Presencia de la localización en el mercado y su formación específica

Según cálculos de la American Translators Association (ATA), el 10 % de la producción de traducción mundial se centra en la traducción literaria. Si esos datos se ajustan a la realidad actual, dentro de ese 90 % restante la localización puede disfrutar de una buena porción de la tarta. LISA (2003: 21) en su Guía de introducción al sector de la localización habla de las cifras siguientes:

LISA considera que el tamaño total del sector de la localización mundial asciende a un mínimo de 3.700 millones de dólares anuales, con una cifra probable en torno a los 5.000 millones (algunos cálculos apuntan más alto a los 15.000 millones de dólares). El segmento de la tecnología de la información dentro del sector de la localización por sí sola mueve cerca de los 10.000 millones de dólares (con la inclusión de todos los mercados verticales, este número es sustancialmente superior). Por poner una comparación, las cifras recientes del tamaño del sector de la traducción se encuentran entre los 11.000 y los 18.000 millones de dólares (según la Asociación de Traductores Americanos, ATA) y los 30.000 millones de dólares (según la Comisión Europea).

De estas cifras se desprende la inmensa importancia que la localización tiene potencialmente en el mercado de la traducción mundial, si bien es cierto que la recopilación de datos tanto del sector de la traducción como de la localización es muy problemática, ya que no se suelen tener en cuenta los datos de los departamentos internos de traducción de muchas empresas y los mercados verticales.

Su extrapolación al mercado español también es complicada. Según datos facilitados por Enrique Díaz de Liaño a partir de los registros mercantiles españoles, en el año 2001 en el epígrafe Servicios de traducción figuraban 775 empresas (incluidos los traductores autónomos que aparecían como sociedades de diverso tipo) que declararon unos ingresos de 71.055.133,58 euros. De ellos, un poco más de 24 millones —un 34,20 %— los acaparaba una multinacional de la localización con oficinas en España. El resto de esa cantidad se repartía entre 154 empresas. Es significativo resaltar que en el año 2001 había 1.394 sociedades que se encontraban activas, si bien 619 de ellas no presentaron cuentas en los registros durante ese año.

Si se considera sólo ese 34,20 %, es fácil calibrar la importancia potencial del mercado en España, al menos en términos absolutos oficiales. De ahí que no sería descabellado suponer que la cuota de la localización se acercara al 50 % de la traducción no literaria.

De todo esto se desprende que debería existir una equiparación entre la realidad del mercado y la enseñanza académica, de modo que la localización tuviera la cobertura precisa que facilitara la incorporación al mercado de los futuros traductores. Desgraciadamente, no es así. Pero no es un caso exclusivo de España, ya que al menos en Europa se constata una situación similar. En su magnífico artículo Educating Translators for Success? Inger Larsen (2001), describe con detalle la conexión entre el mundo real y el académico aplicable a la traducción en general y a la localización en general desde la perspectiva de estudiantes, traductores, empresas y universidades. Ambos mundos están condenados a entenderse, y se atisban ciertos indicadores de avance en este sentido... Echemos un vistazo a los inicios de la localización y su incursión en el mundo universitario.

La localización surgió como una necesidad interna de las multinacionales informáticas. Paulatinamente, esa interiorización cedió ante una demanda en crecimiento y pasó al mercado externo. En esos momentos la formación se adquiría sobre la marcha a medida que se traducía o se trabajaba en los departamentos de traducción de las grandes empresas multinacionales; después, con el modelo de subcontratación externa, los conocimientos se transmitieron a los contratistas y colaboradores, y así sucesivamente hasta llegar a todos los ámbitos de la traducción.

Pero esa formación no tenía ningún carácter formal: consistía en una preparación práctica y en una lucha contracorriente en muchos casos. Con la aparición de LISA y otras organizaciones similares, empieza a tomar forma la necesidad de una formación más estructurada, incluso en el ámbito universitario, una formación estructurada desde dentro del propio mundo de la localización, y no impuesta desde fuera.

En España, los conocimientos se habían acomodado en el seno de las empresas de traducción e inicialmente no tenían intención de salir de su escondrijo. Pero la proliferación de los programas de traducción asistida contribuyó sobremanera al conocimiento de otros programas y metodologías. Gracias a unos contactos incipientes entre universidad y empresa, y a la concienciación por parte del mundo académico, se comenzó a fraguar una formación en localización en el ámbito universitario, aunque de manera elemental. Ahora se ha pasado de un panorama en el que la localización se desconocía en absoluto, a otro en el que ya hace acto de presencia más o menos tímida en algunos programas universitarios de las licenciaturas de Traducción e Interpretación, aunque un poco de puntillas, con pocos créditos y, en la mayoría de los casos, con escasez de medios técnicos, económicos y de personal cualificado; incluso en algunos casos con la oposición de los departamentos universitarios de Informática, que consideran que la localización es una materia de su área de influencia... De hecho, se empieza a ver con frecuencia el término tradumática, que recoge la enseñanza de los programas informáticos que ayudan a la traducción y en el que la localización tiene una función preponderante.

Afortunadamente, esa necesidad del mercado ha encontrado una sólida respuesta en los cursos de posgraduación. Tanto es así, que varias universidades españolas imparten cursos de posgrado sobre localización, en los que los alumnos pueden entrar en contacto con el mundo real que se encontrarán en este sector. Asimismo, empresas y organizaciones relacionadas directa o indirectamente con el sector ofrecen formación especializada.

Los que han sufrido los avatares de la localización desde sus inicios han tardado mucho en ver estos prometedores resultados, pero supone un reto para todos —universidad, empresas y traductores— consolidar lo ya conseguido y darle a este campo de especialización la importancia que realmente tiene para que nadie pueda usurpar la posibilidad de realizar un trabajo bien hecho en el entorno apropiado, con los programas adecuados y con los profesionales debidamente formados.

Conclusión

De todo lo mencionado anteriormente se infiere la gran importancia que la localización tiene en el mercado actual de la traducción. Ni el mundo profesional ni el académico pueden hacer caso omiso de esta realidad. La colaboración entre ambos puede facilitar la incorporación de los futuros licenciados al mercado laboral. Además, la localización encierra muchos aspectos que pueden resultar muy útiles incluso fuera de sus propias fronteras, ya que muchos de sus programas y metodologías que permitan mejorar la productividad y el modo de abordar un trabajo pueden aplicarse a traducciones tradicionales. A este respecto, quiero recordar las acertadas palabras de Joan Fontcuberta (2000, 88-89), que asegura lo siguiente al referirse a la traducción de guiones cinematográficos:

De la misma manera que la "traducción a la vista" no suele darse muy a menudo en la vida profesional del traductor y, sin embargo, tiene una gran utilidad en la clase, justamente como ejercicio, así también la traducción de guiones es recomendable, a nuestro juicio, ya desde los primeros cursos. A las ventajas apuntadas cabría añadir alguna más. Por ejemplo, esta modalidad de traducción enfrenta al alumno con una gran variedad de registros de lengua que difícilmente verá en otro tipo de textos. Esto le obliga a utilizar todos los recursos de la lengua de llegada y, por lo tanto, a pensar y escoger, a documentarse e investigar y, en definitiva, a enriquecer su acervo lingüístico y cultural.

Suscribo todas estas afirmaciones y, además, las traslado a la localización, ya que su práctica supondría una gimnasia traductológica muy recomendable, no sólo por la variedad de sus contenidos, sino por el conocimiento técnico que conlleva y el uso de programas informáticos presentes en la actividad cotidiana de las empresas de traducción. Aunque el futuro traductor no se decante por la localización en su carrera profesional, no cabe ninguna duda de lo beneficiosa que puede resultarle esta práctica en cuanto a la adquisición de técnicas y conocimientos que podrá emplear para otras situaciones con las que, sin duda, se encontrará en el mundo profesional un día sí y otro también.


Juan José Arevalillo (juanjo.arevalillo@hermestrans.com) es Licenciado en Filología Inglesa por la Universidad Complutense de Madrid y Traductor Superior Especializado por el IULMyT. Lleva 21 años en el campo de la traducción y es el director gerente de Hermes Traducciones y Servicios Lingüísticos, empresa de traducción fundada en 1991 (www.hermestrans.com). Participa en numerosos seminarios universitarios y es miembro de pleno derecho de la LISA, la ATA, la ACT y miembro benefactor de la Fundación Pro Real Academia.


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